OPINIÓN

Al buen entendedor ../ Encuestas y estudios electorales

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Martes, Mayo 14, 2013

Al arrancar formalmente las campañas por parte de los diferentes candidatos a diversos puestos de elección popular en la mayoría de aquellas entidades donde están en curso los respectivos procesos electorales, se anticipa desde ahora la proliferación de distintos tipos de estudios electorales, entre ellos el de las encuestas sobre percepción y conocimiento de partidos y candidatos y, sobre todo, las encuestas sobre  intención de voto con aquello de “… en caso de que hoy fueran las elecciones …..”. Con ello, estos instrumentos se incorporan a la lógica del diseño y planeación de las campañas, integrándose como elementos instrumentales en el desarrollo de éstas.

Según los especialistas, en el contexto de las campañas electorales, las encuestas tienen al menos tres usos básicos: propagandístico, táctico y estratégico, dependiendo de la orientación que se dé a sus resultados por parte de quienes los construyen, los publican o los contratan. La función estratégica de las encuestas sobre intención de voto, y de los estudios electorales en general, muestra su mayor importancia en el momento de la definición y diseño del plan general o estratégico de campaña, quiere esto decir: desde antes de que la propia campaña electoral inicie, cuando se está en posición de definir las principales líneas discursivas, la jerarquización de los mensajes, llevar a cabo la evaluación del posicionamiento y la percepción que se tiene del candidato, etcétera. En otras palabras, cuando en general se tiene la necesidad de definir los principales ejes de acción proselitista, ubicar las características y perfilar los segmentos tanto de la opinión pública como del mercado electoral al que se dirigirán los mensajes.

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Por otra parte, el uso táctico de los estudios electorales, entre ellos las encuestas sobre intención de voto, ofrece la virtud de apuntalar, corregir o insistir en cierta lógica de conducción de la campaña durante el propio discurrir de ésta; haciendo ajustes y afinando la operación diaria según zonas focalizadas que se destacan de la cartografía electoral según se trate (calle, sección, colonia, municipio, distrito). Permiten un seguimiento cotidiano de la mayor o menor eficacia del equipo de campaña propio y del adversario, así como la recepción que tienen los mensajes, las propuestas y la imagen del respectivo candidato. Se trata de una herramienta que permite operar la campaña sobre bases sólidas de certeza, no a partir de la intuición o de experiencias previas; su utilización es discreta y confidencial, quizá por ello mismo suelen ser menos utilizados y escasamente valorados.

En lo que respecta al carácter propagandístico de las encuestas electorales, puede afirmarse que cuando la publicación de sus resultados es auspiciada por alguno de los partidos o candidatos contendientes, inequívocamente estamos ante un hecho en el que tal encuesta está siendo utilizada como elemento de propaganda electoral. En esta vertiente, los estudios sobre intención de voto que se publican se orientan invariablemente a impactar en la opinión pública procurando el apoyo a determinado candidato de quien se afirma que concentra el mayor porcentaje de preferencias. Gran parte del descrédito y vulgarización que padecen este tipo de estudios deriva precisamente de la utilización mediática y propagandística de sus resultados, al grado de llegar a afirmarse que según la empresa encuestadora que realice la medición, variará quien resulte favorecido con los resultados. Tal frivolidad y banalización de las encuestas electorales ha llevado a proponer que se reglamenten su realización y publicación. 

Al respecto, conviene decir que quizá ello no sea indispensable: un valor fundamental de la democracia es precisamente la preservación de la libertad de prensa, lo que implica privilegiar y garantizar la libre expresión de ideas y opiniones, por lo que siempre será deseable el menor número de restricciones a la publicación de todo tipo de informaciones (“La prensa se corrige con la prensa”, sostenía Lerdo de Tejada). Si algún medio considera que es de interés periodístico informar a su audiencia acerca de cómo se mueven las preferencias electorales y --por su propia iniciativa-- promueve la realización y difusión de estudios en ese sentido, no se cancelaría del todo la posibilidad de su utilización propagandística, pero ésta se atenúa en función del prestigio y credibilidad del medio.

Ello no obsta para advertir al electorado, a la opinión pública y a la ciudadanía en general que, ante la difusión de (supuestos) resultados de (supuestas) encuestas sobre intención de voto, debe prevalecer la cautela, pues si bien es importante estar al tanto de cómo se ubican las preferencias electorales, eventualmente podría tratarse de una estrategia propagandística, que mucho indicará sobre el perfil del candidato que promovió su publicación y del medio en que se publican. No sobra mencionar que los organismos electorales locales en cada entidad donde habrá elecciones el próximo julio, cuentan con los respectivos lineamientos orientados a asegurar específicamente la pertinencia metodológica de las encuestas electorales publicadas.

*/Atenderé sus amables comentarios en la siguiente dirección electrónica: joel.paredes @ceeop.org

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