Domingo, Enero 21, 2018
Durante mucho tiempo, la expresión sexo –en su alcance biológico—permaneció oculto para el Derecho. Lo más próximo fue el reconocimiento de la convivencia sexual como elemento fundamental para la procreación de la especie y en este sentido el centro de atención era la familia y no el sexo. Al Derecho, le importaba eso sí, las relaciones de poder. Por ello construyó conceptos específicos (como el agnatio y cognatio) que consolidan con la institución del matrimonio.