Tlaxcala

Adriana Dávila y la “trata”, en el ojo del huracán

Espero que no llegue Adriana Dávila a ser gobernadora: Rosi Orozco

Reportaje especial

Tlaxcala, el núcleo de la trata con fines de prostitución

Impune y boyante, la industria de la explotación sexual de niñas y mujeres en Tlaxcala. Tenancingo es ejemplo de la negligencia y complicidad de autoridades de los tres niveles de gobierno con los tratantes de personas

Karla Jacinto toma un lápiz y un papel y dibuja. Se mantiene con la cabeza gacha cada vez que traza alguna de las múltiples líneas que, a lo largo de la entrevista, poco a poco, van tapizando el blanco de la hoja. De vez en vez, ese bosquejo que nunca adquiere forma específica le sirve de refugio.

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Hace ya casi 8 años que Karla abandonó el infierno. Calcula que durante los más de 1 mil 440 días en los que fue obligada a prostituirse en Puebla y Tlaxcala –el corredor de la esclavitud sexual– fue violada más de 43 mil veces. Treinta por día.

Como otras niñas, niños, mujeres, hombres y transexuales rescatados de la explotación sexual, Karla se asume como sobreviviente de la trata y no como víctima. “Fui víctima, pero ya no soy”, dice la joven. Lo contrario, explica, sería: “Quedarme estancada en un solo sitio, que es la depresión: en un hoyo tan grande del cual muchos no pueden salir”.

Ella recupera su nombre, su salud mental, su vida al denunciar –y con ello ayudar a otras personas– lo que le ocurrió entre los 12 y los 16 años de edad. Así que ahora, en lugar de contar clientes, enumera periodistas y personas que buscan conocer su historia.

“Ahí no tienes que decir no. La palabra no nunca se puede escuchar ahí, porque todo es accesible. Para todo hay un sí. Cada vez que me decían que tenía que hacer una posición o que me tenía que desnudar enfrente de una persona, cuando tan sólo tenía 12 años [de edad], era lo más difícil. No era que yo quisiera, sino que ellos querían que lo hiciera. Ellos veían mis lágrimas, cómo caían de mis ojos. Nunca me vieron como una hermana o una hija o una novia.”

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Karla vuelve al dibujo. Su historia es la de muchas niñas y niños de 10, 12 años de edad, a quienes se sustrae de forma violenta o con engaños de sus hogares y permanentemente se les amenaza para complacer a quienes ven en ellos una fuente de ingresos o placer. Los tratantes y los clientes.

“Las amenazas a tu familia. Tu familia depende de ti si es que quieren vivir. Cuando alguien te dice que van matar a tu mamá, a tus hermanos o a tus hijos, lógicamente empiezas a decir sí [lo hago]. Porque no quisieras saber, ni por curiosidad, si será cierto o será mentira [que los van a matar].”

En el mundo de la trata, las palabras no y sí adquieren nuevos significados. Para el cliente, el sí significa acceder a todo con el supuesto consentimiento de la niña, el niño, el (la) adolescente, la mujer, el hombre o el transexual comprada(o). Pero ese sí esconde el no que la víctima quisiera gritar, y oculta la violencia que le sucede.

“No puedes decir: ‘no quiero ir a trabajar’. ‘No me quiero ocupar con esta persona’. Tú siempre debes decir sí. Si un cliente te pregunta por qué estás aquí [contestas]: ‘porque quiero’; ‘porque está bien’, ‘sí me quiero ocupar contigo’. ‘Sí quiero ir aquí, allá’. Aunque no quieras. Por lo mismo, porque tu familia depende de ti.”

Quien cae en las redes de los tratantes de personas se convierte, por voluntad de su captor(a), en objeto. “El daño que ocasionas a un ser humano cuando lo cosificas, lo comercializas, lo vendes y lo violan 30 personas diario no podemos ni siquiera imaginarlo, porque no lo hemos vivido. Es demasiado grave lo que le hacen a un ser humano”, dice Rosi Orozco, presidenta de la organización civil Comisión Unidos vs Trata.

Desde que es tomada como objeto por el tratante, a la niña o al niño de 10, 12 años de edad –apenas en desarrollo físico y mental– no sólo se le repite constantemente la amenaza contra su familia, sino que se le grita y se le maltrata con violaciones sexuales y golpes.

“Cuando te pegan no sólo te dan una cachetada. Te empiezan a pegar con cualquier cosa: cadenas, palos, cables. Incluso te llegan a quemar, que es lo que me pasó. Te ves tirada en el piso, sangrada de la cara, hinchada de los brazos, llena de moretones. Y nadie dice nada. Nadie te ayuda. Nadie te respalda. Piensas que tu mundo ahí se acaba, que vas a estar ahí para toda la vida. Que solamente va a haber abuso, drogas, prostitución, alcohol”, recuerda Karla.

La joven señala, por su propia experiencia, que esto no nada más es un tema que afecta a niñas y mujeres, sino también a niños y hombres. “También a los chavos los convierten en transexuales”.

El negocio

La trata de personas con fines de explotación sexual o prostitución ajena es, ante todo, una industria: cada niña, niño, adolescente, mujer, hombre y transexual explotada(o) aporta al tratante de 100 a 3 mil pesos por violación.

Sus padrotes y madrotas los venden entre cinco y 30 veces por día, sin descanso, durante todo el tiempo en el que se padece la condición de esclavitud sexual.

La cuota para muchas niñas y mujeres explotadas va de 2 mil a 5 mil pesos por jornada. Si el tratante explota a 10 víctimas, recibe de éstas entre 20 mil y 50 mil pesos diarios; esto es, entre 7 millones 300 mil y 18 millones 250 mil pesos anuales.

Para Rosi Orozco, quien ha sufrido de trata ya viene de una situación desfavorable. “Como país ya le habíamos fallado. Era gente a la que no le habíamos dado el techo digno, el plato en la mesa, la protección en su estado; vienen de violencia, de desintegración familiar, de pobreza, y todavía se aprovechan las bandas para captarlas, esclavizarlas, pisotear todavía más su dignidad. Humillarlas todavía más”.

La defensora de los derechos humanos de las víctimas de trata critica que después de que algunas víctimas son rescatadas no haya un fondo para atenderlas. “No hay unidades especializadas en trata. Muchos estados no tienen una fiscalía como lo manda la ley, no tienen policías y ministerios públicos capacitados. Es una injusticia absoluta hacia la gente que ya vive una situación desfavorable”.

En este negocio, las víctimas de la explotación sexual casi nunca ven un peso o centavo del dinero que se gana con su cuerpo. Todo va a parar a los bolsillos de los explotadores y de las autoridades corruptas que dan cobertura a este crimen.

Tlaxcala, foco rojo

Reportes emitidos por el Departamento de Estado de Estados Unidos ubican a Tlaxcala, y en especial al municipio de Tenancingo, como foco rojo de la trata de personas con fines de explotación sexual y de tráfico de mujeres hacia ese país con ese mismo objetivo, sin que a la fecha las autoridades mexicanas hayan desmantelado las redes de traficantes ni de protección.

La Organización Internacional para las Migraciones considera que hay evidencias de redes internacionales de trata, entre éstas las que involucran a México: Tlaxcala-Nueva York y Guerrero-California.

A pesar de la gravedad del problema en Tlaxcala, no todos lo observan igual. En el contexto del proceso electoral, la defensora Rosi Orozco critica una declaración pública hecha por la senadora panista Adriana Dávila, aspirante al gobierno de Tlaxcala. Al respecto, lee: “señaló que, para terminar con el problema de la trata de personas en Tlaxcala, su estado, se requiere de varios factores como dar empleos, crear un corredor industrial, mejorar los ingresos, porque el meter a todos los tratantes a la cárcel no es la solución”. Y opina, “ya desde ahí ves lo que viene. Y ésta, además, es la forma de pensar de quienes viven ahí”.

La presidenta de la Comisión Unidos vs Trata señala que, con este tipo de pensamiento, los hijos de quienes están leyendo este trabajo periodístico pueden, un día, ser víctimas de trata en Tlaxcala. “A esa hija de quien está leyendo este artículo la van a violar diario y va a tener que entregar 3 mil pesos de cuota. ¿Qué corredor industrial puede poner una gobernadora, espero que no llegue [dice en alusión a Adriana Dávila], para que esos tratantes dejen de explotar? ¿Qué clase de empleo les va a dar? ¿Hasta dónde va a subir el empleo para que dejen de ser tratantes?”.

Para la activista, en la saliente administración de Mariano González Zarur sí ha habido avances en materia de combate. “Tenemos ya casi 20 sentencias, lo cual es insólito; pero esto es nada comparado con el problema tan grande que hay”.

Las estadísticas más recientes de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas, dependiente de la Procuraduría General de la República (PGR), indican que, de 2008 a 2014, en Tlaxcala solamente se detectaron 53 casos de trata de personas. Las entidades con más reportes fueron el Distrito Federal (ahora Ciudad de México), con 112; Puebla, con 69; y Chiapas con 65.

De acuerdo con el documento Tenancingo bulletin #8: tlaxcalan industrial development forged a culture of trafficking –elaborado por el Human Smuggling and Trafficking Center, del Departamento de Estado estadunidense–, durante 30 años Tlaxcala ha producido un número elevado de traficantes de origen pobre y rural, que explotan principalmente a mujeres y niñas indígenas.

Según el documento, que data de 2011, hasta que se favorezca el empleo lícito con ganancias superiores a las del lucrativo comercio ilícito de niñas y mujeres, Tlaxcala seguirá siendo un terreno fértil para el reclutamiento de nuevos traficantes de personas.

Rosi Orozco indica que el problema en Tlaxcala no se reduce a Tenancingo. “Cada semana voy a la cárcel y voy conociendo a diferentes padrotes. Algunos de ellos, después de 3 años y medio. empiezan a abrirse y a platicar lo que realmente sucede: en Tlaxcala hay casi 20 mil tratantes, según ellos. Un día platiqué con cinco tratantes de diferentes municipios, de Papalotla, San Cosme Mazatecochco, Tenancingo, Apizaco. Entre los cinco empezaron a decirme cuántos tratantes había en sus pueblos. No sólo hombres, también mujeres”.

De acuerdo con la Fiscalía Especializada de la PGR, los tratantes enganchan a sus víctimas para explotarlas a través de engaños: ofertas de trabajo que pueden ser reales o simuladas, inclusive les firman contratos que después no cumplen; promesas de que van a ganar mucho dinero; promesas de matrimonio. O por la fuerza: ​ las secuestran; las sustraen de su familia, o incluso las compran.

Para retener a las víctimas, los criminales las chantajean o manipulan; las hacen adquirir deudas que no pueden pagar; les quitan documentos personales (como pasaportes, identificaciones) y dinero; las amenazan con hacerles daño a ellas o a sus familias; les retienen a sus hijas o hijos; las someten a violencia física o sicológica.

Violencia que queda marcada no sólo en la piel. En Karla está presente cuando arrastra su mirada en el papel y traza el dibujo sin forma como queriendo escapar de sus propias memorias; en sus manos, que van y vienen, nerviosas; en el gesto peculiar que hace tras finalizar casi todas sus respuestas, torciendo levemente la boca. En el murmullo del sí, cada que cierra un recuerdo difícil.

“La mayoría de las cosas que yo he aprendido en la vida son porque las he pasado. La vida te enseña muchas cosas como ésta [la explotación sexual]. Me podrás entrevistar ahorita, pero lo tienes que vivir para saber qué más hay en el trasfondo. Porque esto nada más es una nota [periodística], pero [la esclavitud sexual] me pasó 4 años”.

La banda de los Granados

A fines de octubre de 2015, el gobierno mexicano extraditó a Paulino Ramírez Granados a Estados Unidos, uno de los 10 traficantes de personas más buscados por el vecino país.

Ramírez Granados había estado en la lista de los más buscados por el Immigration and Customs Enforcement desde 2010, y fue detenido el 31 de marzo del año pasado en Tenancingo, Tlaxcala.

Paulino fue acusado en el Distrito Este de Nueva York, el 5 de agosto de 2011, por los delitos de tráfico sexual, tráfico de indocumentados, lavado de dinero y conspiración para importar extranjeros con fines inmorales (sic).

Según las autoridades de Estados Unidos, el acusado pertenecía a la organización de tráfico sexual Los Granados, “un grupo brutal que prometía a sus víctimas una vida mejor y en su lugar las obligaba a una vida de servidumbre sexual a través de actos atroces de violencia”, declaró el fiscal federal Robert L. Capers.