Santa.Cruz

David Martínez orquestó el 1er encuentro de Matachines, en Santa Cruz Tlaxcala

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*Dato Histórico importante: El significado de matachín/matlachín dista mucho del cuadro coreográfico que los danzantes ejecutan durante la fiesta patrona. Debemos considerar entonces la posibilidad de que la danza sea el resultado del mestizaje entre tlaxcaltecas-guachichiles-zacatecos-coahuiltecas, etcétera, mediando muy probablemente entre ellos las deidades tutelares mesoamericanas: Camaxtli y Matlalcueye.

El alcalde, David Martínez del Razo, orquestó el primer encuentro de matachines, en el municipio de Santa Cruz Tlaxcala. Con ello convierte esta bonita tradición, en un evento oficial que será llevado año con año.

Ayer viernes 10 de diciembre en punto de las 19:30 horas, en la expanda municipal, se hizo oficial este primer encuentro de danza tradicional.

"Con alegría y júbilo se vivió esta bonita tradición que son los "Botes". Me siento muy orgulloso de que se sigan preservando tradiciones como estas. Gracias a las autoridades que fueron parte de esta noche y a cada uno de las personas que hicieron posible", comentó en su red social, el alcalde David Martínez del Razo.

Como se recordará, en pasado mes de julio y con la finalidad de preservar y proteger las tradiciones de Tlaxcala, integrantes de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado declararon a la Danza de los Matachines de la Ciudad de Huamantla como Patrimonio Cultural Inmaterial.

Orígenes.

En base a Sabino Cruz (Doctor en Política y Evaluación Educativa por la Secretaría de Educación del Estado de Veracruz. Profesor en la Universidad Veracruzana y en la Universidad Pedagógica Veracruzana), la Danza de matachines, de matlachines o simplemente danza: la forma de nombrarla no tiene mayor importancia para los danzantes. Tampoco tienen que saber cuándo llegó a la ciudad, el significado del nombre o de la indumentaria correcta ni el de los adornos que deben usarse en el evento. La experiencia es más sencilla: algunos se conforman con saber que se trata de un acto heredado y transmitido por sus antepasados, tener bien ensayados sus “sones”, marcar con rigor las pisadas y que resalten las figuras coreográficas (cascada, espiral, cruz, círculo) para que su “virgencita” quede muy a gusto y así les haga a los danzantes la merced de concederles un milagro: conservar el trabajo, recobrar la salud, mantener unida a la familia, cruzar la frontera sin contratiempos, etcétera.

Sin embargo, y no obstante la creciente demanda y el aumento del número de los participantes de esta danza tradicional, en general, pero muy en especial la que ofrecen al santo patrón los pueblos del centro y noreste del país y gran parte de las ciudades fronterizas de los estados vecinos de Texas y Nuevo México, no existe un consenso entre quienes se ocupan del estudio de este género dancístico de cuáles son su origen y nomenclatura más precisa.

Cuando mucho, encontramos que se nombra por igual una danza que se hace acompañar por violín y guitarra, que utiliza como atuendo una capa, varios listones de colores que les cubren la espalda a los danzantes, que llevan una corona adornada con flores de papel de china y, además, que entre las dos filas de participantes colocan una o dos jovencitas nombradas “Malinches”; al frente de las filas agregan dos personajes históricos (Moctezuma y Cortés); también agregan un personaje (ella o él) que manipula un objeto siempre propio de los antiguos nómadas y seminómadas del norte del país: el arco y la flecha.

Ubicar el origen de esta danza y la razón de su creación, bien por los aborígenes chichimecas o por los colonos tlaxcaltecas, quizás no explique por qué se llevó a cabo su amplia difusión en varios estados del país y en algunos de la Unión Americana, pero sí nos ayuda a entender su amplia difusión y aceptación entre los modernos aridoamericanos; y, por qué no, podemos entender por qué se despertó el interés por darle un nombre propio a esa danza y por qué se pugnó por preservar la denominación de origen.

Matachines o matlachines: revisión del constructo

La propuesta de revisar el constructo Danza de matachines-Danza de matlachines se presenta a raíz de un estudio que se realiza tanto en Nuevo León, Tamaulipas y Monterrey como en Texas, del lado norteamericano. El estudio tiene su antecedente en los municipios del Altiplano Potosino (Salinas de Hidalgo y Ahualulco del Sonido Trece); en un sencillo acercamiento se observa que lo ejecutado por los danzantes está muy alejado del concepto original.

Desde el punto de vista etimológico, la palabra matachín (del italiano mattaccino, despectivo de matto, loco, bufón) describe a un personaje ridículamente disfrazado con un traje de diversos colores, ajustado al cuerpo; cubre su rostro con una máscara; danzaba al son de un teñido alegre haciendo muecas. Estos danzantes acostumbraban golpearse con espadas de palos o vejigas de aire (Moliner, 1973).

Corominas (1980) afirma que el matachín es un danzante popular de principios del siglo XVI; su significado proviene del latín vulgar mattus: así se llamaba el tipo de danza o juego que ejecutaban extranjeros para obtener dinero de la gente. En algunas descripciones los matachines a veces llevaban máscaras; hacían reír al público con las "contorsiones del rostro", de ahí que “hacer matachín lo entendían como hacer movimiento anormal del rostro, sea por asombro o manifestación excesivo de contento”.

Según el Diccionario de autoridades el matachín es un hombre disfrazado de forma ridícula con carátula y vestido ajustado al cuerpo, de la cabeza a los pies. El traje es de colores, piezas alternadas. Estos disfrazados bailan una danza que llaman Matachín, con teñido alegre, haciendo muecas y dándose golpes con espadas de palo y vejigas de vaca llenas de aire (DHLE, 1734).

Zanolli anota que el término tal vez sea de origen sarraceno, que hace referencia a las luchas entre cristianos y moros y que quizás derive del latín vulgar matare, de mattus, blando, tonto, o mādidus, mojado, por lo que el mattaccino, “matado fingido”, es un bailarín grotesco con sonajas en el sombreo y en las piernas, “que se daba de golpes con espadas de palo y vejigas llenas de aire y la danza es una pantomima medieval de ritmo binario y muy difundida en los siglos XV, XVI y XVII” (pp. 102-103).

La presencia de una danza tipo matachines, a la manera europea, la encontramos descrita en el auto de fecha 28 de febrero de 1699, emitido por el conde de San Román, gobernador de la ciudad y provincia de Tlaxcala, en el que prohíbe los bailes de enmascarados, ya que en los tres días de carnestolendas algunas personas andan por las calles y casas enmascarados con distintos trajes para satirizar y poner en ridículo la honra y el crédito de otros. Así, para evitar todo acto de escarnio, mandó que: “todas las personas que así bailaren, de cualquier calidad y condición no usen de ninguna frase ni significación que mire a satirizar ni perjudicar a nadie en su crédito, estado u oficio, ni se entren en casas ajenas a bailar, sino en las calles, pena de que serán castigados a arbitrio de su señoría” (Martínez Baracs y Sempat Assadourian, 1991, p. 24).

Un dato más reciente se mencionan personajes disfrazados; lo registra Amparo Sevilla en Danzas y bailes tradicionales del estado de Tlaxcala (1983), y aclara que, más que una danza, se trata de camadas de hombres cuyos disfraces son muñecos o animales hechos de cartón, en ocasiones de gran altura, cubiertos con papel de china, que se encargan de hacer bromas y se desplazan sin ninguna forma coreográfica específica ni pasos determinados, al compás de música de banda o de mariachi. En Tlaxco, nos dice la autora, los matachines se disfrazan de diablitos, de animales o de mujeres; bailan en círculo alrededor de leños que ellos mismos encienden en la calle hasta que éstos se consumen.

Desde el punto de vista historiográfico, encontramos que la palabra matachín se encuentra en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo (1632). En un apartado, el cronista describe algunos de los placeres y cantares con los que se divierte el emperador Moctezuma, así como la gran cantidad que tenía de bailadores y danzantes, de otros que hacen dar vueltas a un palo con los pies, otros que vuelan cuando bailan por lo alto y de otros que parecen como matachines (Díaz del Castillo, 1930).