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Circo alemán usa hologramas de animales reales en 3D para mantener viva la magia

Roncalli, el circo alemán, revoluciona el entretenimiento circense al reemplazar animales reales por hologramas en 3D

Alemania: En un mundo cada vez más consciente de los derechos de los animales, los circos están encontrando formas innovadoras de continuar con la tradición, sin comprometer el bienestar animal. Uno de los pioneros en este campo es el circo Roncalli de Alemania, que ha abandonado el uso de animales vivos en sus espectáculos y, en cambio, ha adoptado la tecnología de hologramas en 3D para mantener viva la magia.

Desde 1991, el circo Roncalli decidió dejar de utilizar leones y elefantes en sus espectáculos. Sin embargo, en 2018, el circo fue más allá y eliminó completamente los animales vivos. En su lugar, han implementado una tecnología de imágenes holográficas en 3D, ofreciendo una experiencia inmersiva que todavía es muy apreciada por la audiencia.

“Para Roncalli, ya no es apropiado mostrar animales reales en el escenario”, dijo Patrick Philadelphia, director del circo, a la AFP.

El incremento en la densificación urbana también ha tenido un impacto en los espacios disponibles para los circos. Philadelphia mencionó que en lugares como el centro de la ciudad, “no hay suficiente espacio para recintos al aire libre donde los animales puedan correr”. La solución para mantener la esencia de los espectáculos ha sido la implementación de la tecnología holográfica.

La inspiración para utilizar hologramas surgió a Philadelphia después de ver un “dúo” entre Justin Timberlake y un holograma del difunto Príncipe. “Si podemos proyectar la imagen de alguien que ya no está en este mundo, ¿por qué no hacerlo con un animal?”, reflexionó.

En la actualidad, los espectáculos en 3D presentan desde loros de colores brillantes hasta elefantes y su cría tocando la trompeta. Lograr esta ilusión visual ha sido un desafío técnico, solucionado mediante once cámaras de alta resolución que proyectan las imágenes sobre una fina red de malla.

La decisión de Roncalli ha sido bien recibida por los espectadores, jóvenes y mayores. “Las acrobacias fueron fabulosas”, comenta Mathias Martens, de 63 años, mientras que su esposa, Marina, añade: “Los animales no necesitan estar aquí. Para verlos basta el zoológico”.

En un mundo donde el bienestar animal está cada vez más en el foco de atención, Roncalli demuestra que la tradición y la innovación pueden coexistir, llevando la magia del circo al siglo XXI, sin comprometer la ética ni el entretenimiento.