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Pareja de abuelitos se jubila viajando por el mundo

Descubre la historia de una pareja que, en lugar de asentarse en tierra firme, ha elegido vivir sus días de retiro navegando de puerto en puerto

Australia: Mientras muchos sueñan con pasar unas semanas en un crucero, hay quienes llevan ese deseo al siguiente nivel. Es el caso de la pareja conformada por el señor y la señora Ansen, quienes han hecho de la vida en alta mar su estilo de vida tras jubilarse.

“Damos la bienvenida a los diferentes capitanes”, dijo la señora Ansen con un toque de humor, haciendo alusión a la cantidad de cruceros que han tomado, mientras su esposo reía a su lado. Esta pareja ha encontrado en los cruceros no solo una forma de viajar, sino también una forma de vida.

“Vamos a cenar, luego a un show, a bailar y durante el día tienen muchas actividades”, relata la señora Ansen sobre su rutina diaria a bordo. Esta vida nómada les ha permitido disfrutar de diversas experiencias y conocer una amplia variedad de personas.

Para el señor Ansen, la decisión de vivir en cruceros “fue la solución perfecta para jubilarse”. No solo les permite ver el mundo desde una perspectiva única, sino que también tienen la oportunidad de hacer amigos en cada puerto que visitan, “amigos para toda la vida”, según señala.

Una de las actividades favoritas de la pareja es jugar ping-pong. Todos los días, sin falta, pasan una hora junto a la alberca disfrutando del juego. Y aunque tienen la oportunidad de visitar lugares exquisitos y vivir momentos inolvidables, curiosamente no toman muchas fotografías. “Preferimos guardar esas imágenes en nuestra memoria y disfrutar cada momento”, menciona la señora Ansen.

Pero no todo es color de rosa. El constante cambio de itinerarios y de compañeros de viaje implica que deben despedirse a menudo de sus nuevos amigos. Sin embargo, hay un lado positivo: siempre que el crucero pasa cerca del hogar de alguno de sus familiares, aprovechan para visitarlos y reconectar.

Esta historia es un recordatorio de que la jubilación puede ser tan aventurera como uno la quiera y de que, a veces, el hogar está donde uno decide anclar el corazón.