Congreso

Diputados se ponen la soga al cuello y avalan el Plan B ; habrá recorte presupuestal

El siguiente paso será la armonización de estas disposiciones en las legislaciones estatales.

En una sesión marcada por el debate sobre austeridad y control del gasto público, el Congreso local dio luz verde a la reforma constitucional en materia electoral impulsada desde el ámbito federal, que busca replantear la forma en que operan los gobiernos municipales y los poderes legislativos estatales.

La modificación —que impacta los artículos 115, 116 y 134 de la Constitución— introduce nuevos límites en la integración de los cabildos, estableciendo que los ayuntamientos no podrán exceder las quince regidurías, independientemente del tamaño del municipio. Con ello, se pretende reducir estructuras consideradas excesivas y, en teoría, hacer más eficiente el uso de recursos públicos.

Otro de los puntos clave es la imposición de un techo presupuestal para los congresos estatales, que no podrán recibir más del 0.70 por ciento del total del gasto anual de cada entidad. Esta medida busca frenar lo que durante años ha sido señalado como un gasto elevado en los poderes legislativos locales.

Con un presupuesto superior a los 500 millones de pesos para este año, la nueva disposición implicaría un recorte considerable de más de la mitad de sus recursos actuales. De concretarse, el ajuste obligaría a una reestructuración interna profunda, con posibles efectos en áreas administrativas, operativas e incluso en la dinámica legislativa.

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De acuerdo con estimaciones basadas en el presupuesto vigente, el Congreso tlaxcalteca podría enfrentar una reducción cercana a los 293 millones de pesos, lo que representaría un golpe directo a su operación financiera y colocaría a sus diputados entre los congresos con menor margen de gasto en el país.

La reforma también incluye un tope salarial para integrantes de organismos electorales locales y tribunales en la materia, quienes no podrán percibir ingresos superiores a los del titular del Poder Ejecutivo federal, en un intento por homologar criterios de remuneración dentro del servicio público.

Aunque desde el discurso oficial se plantea como una medida para erradicar privilegios y redirigir recursos hacia obra pública, la aprobación abre interrogantes sobre su viabilidad operativa y las consecuencias reales en el funcionamiento de las instituciones locales, especialmente en estados con estructuras ya ajustadas.

El siguiente paso será la armonización de estas disposiciones en las legislaciones estatales, un proceso que definirá el alcance real de los cambios y pondrá a prueba la capacidad de adaptación de los congresos y ayuntamientos ante un nuevo esquema de austeridad que ya comienza a generar tensiones en el ámbito político local.

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