La energética, una reforma concebida para liberar el potencial de desarrollo de México
- La apertura del debate en torno a la situación de la industria petrolera es cuestión que atañe a todos los mexicanos
- La inoperancia de Pemex es atribuible a múltiples factores; llegó la hora de enfrentarlos sin remilgos ni dogmatismos
- Petróleo y gas ya no están al alcance de la mano; ahora hay que buscarlos a muchos miles de metros de profundidad
En Tlaxcala no suele importarnos lo que ocurre fuera de los límites del estado. Chismes pequeños, aldeanos y repetitivos ocupan casi por entero el tiempo que se dedica a la discusión de asuntos que juzgamos ajenos a nuestro devenir cotidiano y familiar. Mas no obstante ese desentendimiento -inconsciente y un tanto irresponsable-, México y el mundo se mueven, y van gestando con su dinámica cambios que, lo percibamos o no, lo reconozcamos o no, influyen determinantemente en el diario existir de la nación…, incluyendo en ella a Tlaxcala.
Obligación, conocer los pormenores de la Reforma
Para muchos paisanos, hablarles del Pacto por México y de las reformas legislativas en curso, es como mencionarles la guerra en Siria, o al sucesor de Osama bin Laden, o la última película de Bertolucci. La mayoría piensa que son distantes aconteceres a los que no merece la pena dedicar atención. Tamaña desconexión con la realidad del país y el mundo lleva al aislamiento. Por eso, me propongo este lunes hacer, con usted, amigo lector, un acercamiento a uno de los temas más relevantes de la agenda nacional: la Reforma Energética.
La riqueza petrolera y su incidencia en Tlaxcala
Si, sé que la reforma energética abarca muchos aspectos, pero me centraré en la petrolera, cuya solución es, a final de cuentas, la que puede impulsar una etapa de prosperidad y crecimiento desconocida en México. Aunque en Tlaxcala no hay pozos ni refinerías, por lo menos la tercera parte de los recursos que vía participaciones federales llegan al estado provienen de la industria petrolera. Esa riqueza, amigo lector, nos alivió por décadas de quedar sujetos -como pagadores de impuestos- a cargas fiscales similares a las de otros países.
Veneros inaccesibles
Mas la que parecía inagotable fuente de caudales, desde hace varios ayeres vive una etapa de decadencia creciente. El oro negro ya no aflora; hay que buscarlo a profundidades enormes. El chapopote, que brotaba espontáneamente de la tierra, no puede ya extraerse con métodos arcaicos; ahora se precisa de tecnologías sumamente modernas y sofisticadas, y de cuantiosísimos recursos que los mexicanos, a decir verdad, no tenemos. Estamos ante un dilema: sin asociarnos con otros, ese tesoro corre el peligro de no servirle a nadie.
México, al margen de las nuevas tecnologías
Habrá quien se pregunte porque otros países avanzaron… y el nuestro se quedó estancado. Tiempo hubo en que de otros confines de la tierra nos visitaban para aprender de nuestros ingenieros el abc de la industria. Mas para hallar las razones -que por supuesto las hay- del pasmo mexicano en materia petrolera tendríamos que hurgar en el pasado, y esta vez, por razones entre otras de espacio, prefiero ubicar el tema en el presente… y con los ojos puestos en el futuro. Y para ello habrá de sernos útil atender a otras experiencias exitosas.
Industria obsoleta e ineficiente
Pero, ¿de verdad está tan mal Pemex? Juzgue usted: de acuerdo con la vocería de la paraestatal, para acabar con el oneroso subsidio que se aplica a la gasolina era preciso igualar el precio que se cobra en México con el que tiene en Estados Unidos. Eso ya se logró; aquí pagamos el litro de combustible varios centavos por encima de lo que cuesta allá. Empero, el subsidio sigue siendo enorme, pues es del orden de 64 mil millones de pesos. Conclusión: la causa no era el diferencial de precios, sino la evidente ineficiencia de Pemex.
Nula competitividad
Ahora vea por favor estos datos: Pemex, con sus más de 150 mil empleados, produce 2 millones 530 mil barriles, esto es, 16.7 barriles por trabajador. La brasileña Petrobras, en cambio, tiene un índice de productividad de 32.1 barriles por trabajador; la noruega Statoil, de 43.1; la inglesa British Petroleum, de 27.4, y las estadounidenses Shell y Exxon Mobil, de 37.9 y de 37.8, respectivamente. Lo anterior explica porque es Pemex la única petrolera estatal del mundo que pierde dinero y que, además, está técnicamente en quiebra.
Las rémoras de Pemex
Si a ese panorama se le suma la corrupción administrativa que pesa sobre Pemex, su enorme burocracia, el lastre de un sindicato extorsionador, y la desproporcionada exacción a que la somete la voraz hacienda federal, habremos concluido, si bien con trazos gruesos, el retrato de una empresa totalmente descapitalizada y sin el bagaje tecnológico que requeriría para remontar por sí misma la debacle en que está inmersa. Su reforma no es pues -como por ahí se dice- un mandato del imperialismo yanqui, sino una real e imperiosa necesidad.
Dogmas, tabúes… y leyes que precisan actualizarse
La dificultad no está en diagnosticar el mal probablemente terminal que aqueja a Pemex, sino en la aprobación urgente de reformas legales que permitan la libre competencia en un campo que constitucionalmente sólo admite la actividad monopólica de la paraestatal. Y es ahí donde los empeños modernizadores topan con los dogmas y con los anacrónicos tabúes que aún prevalecen en la visión soberanista de los sectores que -con la máscara de un nacionalismo progresista- en los hechos actúan de manera radicalmente conservadora.
Demagogos y retardatarios
Alternativas de solución hay muchas, pero todas topan con disposiciones constitucionales que se precisa modificar. Es en este punto donde surgen las discrepancias y las posturas demagógicas que llaman a defender la patria. Y no faltan los que arguyen -con claros propósitos dilatorios- que antes de reformar el texto constitucional debe erradicarse la corrupción. Lo ven fácil, pero yo pregunto: ¿por qué antes y no al mismo tiempo? ¿y por qué no en todas las instituciones del estado, y en todas las privadas, donde también existe ese cáncer?
Del nacionalizador del petróleo
El ideario de Lázaro Cárdenas -tan mal interpretado por sus falsos exégetas- se plasmó en el artículo 27 constitucional: “…tratándose de petróleo […] será la Ley Reglamentaria la que determinará la forma en que la Nación llevará a cabo su explotación…”. Y la dicha ley decía “…que podrán celebrarse contratos con particulares, a fin de que estos lleven al cabo, por cuenta del gobierno federal, los trabajos de exploración y explotación, ya sea mediante compensaciones en efectivo o equivalentes a un porcentaje del producto que se obtenga…”.
Alianzas indispensables
Los yacimientos petrolíferos -y de gas- de mayor magnitud y potencialmente más productivos están en aguas profundas. Y Pemex no tiene cómo ni con qué extraer esos bienes con que la naturaleza dotó a México. Para disponer de ellos no hay más salida que asociarnos con empresas dispuestas a asumir riesgos, a cambio, claro, de participar de las utilidades. Eso sí, los términos con que se pacten esas alianzas estratégicas deben estudiarse con cuidado, para evitar el mal uso de una riqueza que, ciertamente, pertenece a todos los mexicanos.
El deseable consenso
El PRI -es decir, el gobierno- tiene, con el PAN y los partidos menores, votos suficientes para aprobar la reforma energética en el Congreso. No obstante, sería deseable que la izquierda razonable se sumase a una iniciativa que, si se instrumenta adecuadamente, dará un impulso notable a las actividades económicas del país. Y para contar con el respaldo ciudadano -el más importante, sin duda- se precisa de una exposición de motivos clara y convincente, que precise el destino que se dará a los beneficios que de ella derive. Pero antes…
…condición sine qua non…
…pero antes de la energética, PAN y PRD exigen discutir una reforma electoral. Reza el refrán que, quien se quema con leche hasta al jocoque le sopla. El PRI es el PRI, y su gente la misma. Azules y amarillos saben que, si las reglas de acceso al poder no se replantean, volverán los abusos. También hay que revisar los controles de gastos de campaña y reglamentar iniciativa popular, referéndum y plebiscito, así como abordar temas como candidaturas independientes, segunda vuelta y reelección legislativa. No es chantaje…, es sólo política.
LA FRASE
Es del coordinador priísta en la Cámara de Diputados, Manlio Fabio Beltrones. El sonorense tiene ante sí la ocasión de lucir su reconocido oficio político. Esto fue lo que ofreció:
“…construiremos una reforma de amplio consenso que haga del sector energético un acelerador del crecimiento y el desarrollo social…”
Ojalá prive la razón y el entendimiento, y lleguen entre todos los partidos representados en el Congreso a una conclusión que abra para los mexicanos una era de progreso compartido.