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Pasa por Tlaxcala la Caravana de Madres Centroamericanas

Juana Oliva, sufre la tragedia y la ausencia Carlos Humberto

Apizaco, Tlax; a 28 de noviembre de 2016.- Rostros morenos, cansados, desconfiados, miradas sin brillo que se pierden por momentos en el infinito recuerdo de los hijos y las hijas que no aparecen, que salieron en busca del sueño americano, pero que se perdieron en el camino.

Son 41 mujeres que vienen con la ilusión de encontrar a sus hijos, de abrazarlos y con la esperanza que se queda poco a poco en el polvo de los tiempos, sin embargo ellas, las madres centroamericanas no pierden a fe, ni sus banderas azules con blanco.

Este fue el marco de la marcha de este año que llego al albergue “La Sagrada Familia de Apizaco”, allá a lo lejos dos guatemaltecos, un colombiano y tres hondureños observaban y escuchaban antes de subir otra vez a lomos de “La Bestia”, como llaman al tren de Ferrosur.

Con esta ya son 12 caravanas: doce años de que las madres buscan a sus hijos entre 120 mil migrantes provenientes de Centro y Sudamérica han desaparecido en su paso por México hacia Estados Unidos, donde Apizaco es foco rojo.

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Informan que durante 12 años de la realización de la caravana migrante, se ha logrado la localización de hasta 260 personas, la mayoría vivos pero también algunas personas muertas, cifra que representa una mínima cantidad respecto a los migrantes reportados como desaparecidos.

“Ahora sabemos que los vigilantes de Ferrosur balean a los migrantes, que las barreras asesinas pasan los años y no las quitan, eso es muy preocupante y vamos a llevar a nivel internacional la situación de Tlaxcala, es preocupante, muy preocupante”. Dice una mujer guatemalteca.

Entre los desaparecidos hay mujeres, hombres y niños, sin embargo, las familias se reencuentran sólo con sus hijos varones. Cuando aparecen chicas, usualmente fueron víctimas de trata y lograron escapar.

“Tenemos ya doce años de que surgió la caravana para hacer un recorrido tomando la ruta migrante desde el inicio, con nuestros propios medios en la frontera. Empezamos con la caravana y cuando empezamos trabajando con las madres, venían muy temerosas, muchas de ellas jamás habían salido de su pueblo. Quisiera que las pudieran escuchar, son verdaderas guerreras, dicen que la solidaridad de grupo les ha ayudado muchísimo el no saber dónde están sus hijos.”, dijeron las organizadoras.

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Rubén Figueroa, Coordinador Sur Sureste del Movimiento Migrante Sudamericano comentó que en lo que va de este 2016, ya se ha localizado a dos personas, una que se reencontró con su hermana después de 30 años y una madre con su hija.

Las madres de migrantes salieron desde el 12 de noviembre y son originarias de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala, lanzaron globos al aire de manera simbólica para localizar a sus hijos, recorren la llamada “Ruta Mortal del Migrante”

EL CAMINO QUE SE PIERDE

La mayoría de las veces, el último contacto de los indocumentados con sus familias es cuando están en México, por eso recorren la ruta, una y otra vez, con esta van doce y dicen que lo harán hasta que sea necesario, hasta que se acaben las fuerzas que cada día van menguando, junto con la esperanza de abrazar a sus hijos.

Comentan que es lamentable lo que pasa en Apizaco, con esas barreras que han causado tanto dolor, que nadie quiere hacer nada por quitarlas ya que de nada ha servido que se eleven las protestas a nivel nacional e internacional.

Sobre los peligros del viaje, dicen que son los mismos, salvo que ahora está constante migración de hombres mujeres y niños centroamericanos ha despertado la codicia de los tratantes de personas.

Prueba de ello es que son en realidad pocas las mujeres que llegan a cruzar la frontera de los Estados Unidos, las demás, la inmensa mayoría son obligadas a prostituirse y lo más grave es que hay complicidades entre tratantes y autoridades.

Por otro lado, maras y zetas son lo mismo, asegura que se ha detectado que los carteles de la droga alquilan a maras, los encargan sin tatuajes visibles, con la cara y las manos limpias, para pasar desapercibidos y han logrado su objetivo.

Por eso son muchos los desaparecidos, setenta mil, pero se sospecha que son más de cien mil, no es posible llevar listas de nombres, porque la migración causada por la violencia y el hambre ocurre cada día, cada hora y a cada segundo.

VIGILANTES ASESINOS

Las madres centroamericanas acusan que los vigilantes de la empresa Ferrosur son señalados por los migrantes como quienes los amenazan y los atacan con armas largas y se suma a la demanda de la agrupación “Un Mundo Una nación”, para que las autoridades pongan un freno y atrapen a los agresores y sobre todo que frenen los asesinatos.

Juana Oliva, sufre la tragedia y la ausencia Carlos Humberto

Cansada, agobiada por el calor, una mujer que rebasa los sesenta años reposa en la sombra con la foto de su hijo en el regazo, dice que su hijo salió en busca del sueño americano.

Recuerda que parece que fue ayer cuando lo vio partir, con la ilusión de sacar a su familia adelante, por eso se vino, no fue por otra cosa, a veces la gente piensa que ellos se vienen porque a veces delinquen, pero en el caso de mi hijo no es así”.

Yo les enseñe a trabajar, en Honduras no hay trabajo, hay mucha necesidad, por eso ellos caminan rumbo a otro lado, son nuestros hijos trabajadores, bien criados, a trabajar, sin robar, ni asaltar, ni matar gente.

Somos humildes, pero no somos delincuentes y a uno le duele cuando ve uno tanta cosa, cuando a los jóvenes les quitan la vida como ocurrió apenas en México, en el estado de Guerrero.

Juana Oliva Vázquez, busca a su hijo que salió en el 98, se llama Carlos Humberto Murillo Lima y dejó una hija que ahora ya tiene 18 años, trabajaba de ayudante de buses y siempre quería salir adelante.

“Me dijo que ya no quería ver vender en la calle, ponerme una casita, quitarme de las ventas, él se vino de 21 años, ahora tendría 36, y la última noticia fue que estaba trabajando en una ferretería en Chiapas, tenemos la fe de encontrarlo vivo, hasta he soñado con él, lo he visto vivo, es el motor que me impulsa”.

La atribulada madre observa con detenimiento cada uno de los migrantes que se preparan para abordar a “La Bestia”, ella descansa sus ampollados pies, su mirada se llena de lágrimas, y en voz baja dice “cuánto daría porque uno de ellos fuera mi hijo”.