Tlaxcala

Chacal del pollo rancio se arrepiente de haber ofendido a los Tlaxcaltecas; dice que lo mal interpretaron

En un mensaje publicado en sus redes sociales, Salinas intentó suavizar el impacto del comentario que desató indignación entre la ciudadanía tlaxcalteca.

En un acto que ha sido calificado por usuarios en redes sociales como cínico y evasivo, el empresario José Luis Salinas, presidente de la cadena “Pollo Feliz”, ofreció una supuesta disculpa pública tras las fuertes críticas que desató por afirmar que “es más importante ser director del Metro que gobernador de Tlaxcala”.

En lugar de asumir con claridad la gravedad de su declaración, el empresario aseguró que sus palabras fueron “sacadas de contexto”.

En un mensaje publicado en sus redes sociales, Salinas intentó suavizar el impacto del comentario que desató indignación entre la ciudadanía tlaxcalteca, alegando que lo dicho ocurrió durante una “reunión privada con familia y amigos” y que fue “malinterpretado”.

“En ningún momento hubo intención de ofender, menospreciar o burlarme del pueblo de Tlaxcala ni de sus autoridades”, escribió, mientras recalcaba su supuesto “reconocimiento” a la historia y cultura de la entidad.

Sin embargo, para muchos, el empresario justificó lo injustificable. Lejos de enmendar con sinceridad, recurrió a la fórmula desgastada del “sacado de contexto”, minimizando la ofensa y evadiendo cualquier responsabilidad real. Su declaración ha sido percibida como un intento burdo de limpiar su imagen sin un verdadero acto de reparación.

Colectivos ciudadanos, figuras públicas y tlaxcaltecas en general han manifestado su inconformidad ante lo que consideran una “disculpa hueca” y una muestra más del clasismo que sigue marginando a estados históricamente invisibilizados.

“No se trató de una broma privada, sino de una expresión que refleja desprecio hacia un estado con una historia milenaria. Burlarse de Tlaxcala no es una ocurrencia, es una agresión”, expresaron usuarios en redes.

Lo que debería haber sido un acto de humildad y rectificación, terminó convertido en una maniobra discursiva para zafarse del costo político y social de sus palabras.