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Nos quieren dar gato por liebre: titular de la SIA oferta semillas patito y sin certificación

La Secretaría habría priorizado alrededor de 9 mil 200 bultos de semilla Terranova, mientras que de la variedad ASGROW solo se contemplarían mil 800 bultos.

Productores de maíz de la región de Nativitas alzaron la voz contra la titular de la Secretaría de Impulso Agropecuario de Tlaxcala, Gisela Lucero Zepeda, a quien señalan de pretender imponer semillas que no cuentan con reconocimiento ni certificación oficial del SNICS, poniendo en riesgo la producción agrícola de cientos de campesinos tlaxcaltecas.

A través de redes sociales y grupos de productores, campesinos denunciaron que dentro del programa de maíz para 2026 se estaría privilegiando la distribución de la semilla marca Terranova, de la cual —aseguran— existen serias dudas por no contar con certificación del Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS), requisito fundamental para garantizar calidad genética y rendimiento en semillas híbridas.

Las inconformidades crecieron luego de que productores señalaran que la variedad promovida por la dependencia estatal no ha sido sembrada ampliamente en la región, por lo que muchos agricultores desconocen completamente su comportamiento en tierras tlaxcaltecas, ciclos de producción y resistencia climática.

“Nos quieren dar gato por liebre”, reclamaron campesinos inconformes, quienes acusaron que desde la dependencia estatal se pretende favorecer a determinada empresa semillera pese a que existen otras variedades más conocidas y utilizadas históricamente por productores locales.

De acuerdo con las denuncias, la Secretaría habría priorizado alrededor de 9 mil 200 bultos de semilla Terranova, mientras que de la variedad ASGROW solo se contemplarían mil 800 bultos, cantidad que consideran insuficiente para cubrir la demanda estatal.

Los productores también cuestionaron las proyecciones de rendimiento difundidas sobre la semilla promovida, donde se habla de entre tres y seis toneladas por hectárea, cifras que —afirman— no coinciden con las condiciones reales de producción ni con la política nacional de fortalecimiento del maíz impulsada para el ciclo agrícola 2026.

Campesinos advirtieron que introducir semillas no probadas en la región podría traducirse en pérdidas económicas, baja productividad y afectaciones directas para familias que dependen completamente del campo.

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