OPINIÓN

Tiempos de Democracia

La huamantlada, salvajada que denigra al género humano, al arte del toreo… y a los toros

Domingo, Agosto 25, 2013

 

  • Con el formato que se ha dado a su actual versión, la huamantlada debe excluirse de los festejos feriales
  • A cambio de una derrama económica efímera, el bárbaro espectáculo desprestigia a Tlaxcala y a los tlaxcaltecas   
  • Los antitaurinos tienen, en la brutalidad con que se trata a los animales, un sólido argumento contra la fiesta

  No, no puede ser; alguien lo tiene que detener… y ya. Año con año, pero cada vez con mayor intensidad, Tlaxcala tiene un espacio asegurado en la nota roja de los informativos del país gracias -¿gracias?- a ese espectáculo execrable en que ha devenido la idea original de correr toros por las calles de Huamantla. La autoridad -la municipal y la estatal-, y también los poderes, no pueden ni deben mantenerse indiferentes ante las barbaridades que se perpetran en una festividad que -quiero pensar- invita al sano esparcimiento de la gente.

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Una experiencia desagradable

   Hace algunos años invité a mi esposa a la corrida de toros que se celebraba por la tarde del mismo día en que por la mañana había tenido lugar la huamantlada. Me arrepentí; lo que creí iba a ser una experiencia interesante se convirtió en ingrato agravio para los sentidos. Los momentos de tensión comenzaron desde el recorrido que a pie hubimos de hacer para llegar desde un improvisado y lejano estacionamiento hasta la plaza, por calles alfombradas de latas de cerveza, vidrios rotos y borrachos vomitados tirados en el pavimento.

Una auténtica pesadilla

   Ya en el interior del coso las cosas no mejoraron. Buena parte de los asistentes estaban sobreexcitados y en etapas avanzadas de embriaguez. Sus improperios y leperadas no dejaron toda la tarde de hostilizar a toreros, a ganaderos y a la autoridad. Menudeaban las reyertas en los tendidos, mientras las escasas fuerzas del orden no se daban abasto para controlar a los rijosos. La salida de la plaza fue una huida liberadora. En el viaje de regreso juramos no volver en esa fecha a Huamantla así anunciaran a Manolete resucitado.

La huamantlada en sus orígenes

   La idea concebida en los años cincuenta por un grupo de distinguidos tlaxcaltecas -don Raúl González, don Manuel de Haro, don Yayo Bretón y don Sabino Llano, entre otros- tenía como fin agregar un atractivo más a los festejos taurinos que se montaban en Huamantla. El plan era emular los encierros que con tanta resonancia mundial se corrían en Pamplona, capital de Navarra, allá en España. Mas el rechazo de los toreros a lidiar toros resabiados en el azaroso recorrido hacia la plaza, obligó a mutar la concepción original. Y entonces…

La huamantlada de nuestros días

   ….y entonces -veinte años después- se canceló la ruta original y se diseñó un circuito en el que, cerrando al tránsito varias calles de la ciudad, se da suelta simultánea a muchos toros -veinticinco fueron en esta última ocasión-, pero no para correrlos, sino para dizque torearlos. El nuevo planteamiento hacía posible que, en teoría, quienes no tienen oportunidad de practicar el toreo puedan vivir -así sea en forma elemental y fugaz- la inigualable emoción de pasarse un toro bravo por la faja, para emplear una frase habitual en la jerga taurina.

Los humos del alcohol

  La variante -torear en lugar de correr- tuvo un éxito explosivo de público. Multitudes en número incuantificable acuden de todas partes de México movidos por dos fines distintos: unos, los menos, para medir su valor ante el toro, y otros, los más, para ver si con suerte ven de cerca a algún despanzurrado, lo que es probable que ocurra si se considera que la mayoría de los que se aventuran ante los astados no tienen ni idea de su lidia, y compensan su ignorancia con una ingesta inmoderada de alcohol que -se supone- les ayuda a fortalecer el ánimo.

La cantina más grande del mundo

   La expresión que antecede -de autor desconocido-, no sólo se corresponde fielmente a la realidad sino que además -¡qué vergüenza!- identifica a la festividad huamantleca. Asombroso contraste: del fervor y el recogimiento religioso con que se vive la procesión de la Virgen de la Caridad por las calles de la ciudad -embellecidas con coloridas alfombras que los vecinos mismos confeccionan en honor de la imagen que veneran- al ambiente esperpéntico y disparatado que priva en el trágico espectáculo en que se transformó la huamantlada.

Ciudad sin ley

   Ese día, Huamantla se convierte en una ciudad sin ley. A los animales -que no son toros en plenitud sino deshechos de cerrado- los humillan y los vejan catervas de enloquecidos sujetos que, sin ninguna contención, dan rienda suelta a sus más bajos instintos. Claro, hay cornadas, porque al fin son reses de casta que se defienden del acoso tumultuario. Lo nuevo es que ahora hay también puñaladas en las luchas que protagonizan pandillas desenfrenadas que hacen alarde de su irracionalidad sin que haya autoridad alguna que las detenga.  

Turbas imposibles de controlar

  ¿Por qué se llegó a este punto? Esta respuesta corresponde a la sociología y a los estudiosos de la conducta de los seres humanos en tan especiales circunstancias. Aunque se imputa la responsabilidad a la autoridad municipal, yo hallo factores que tienden, por lo menos en parte, a exculparla. Me explico: en una ciudad abierta a los cuatro puntos cardinales donde los focos de conflicto son innumerables ¿cuántos controles se tendrían que disponer para vigilar la conducta de decenas de miles de gentes predispuestas al exceso y al libertinaje?

Utilidad efímera vs. desprestigio permanente

    A favor de la huamantlada se arguye la derrama económica que deja ese torrente de visitantes. No parece razón válida. En un balance juicioso de costos-beneficios sería, desde mi punto de vista, de mucho mayor peso el descrédito que sufre Tlaxcala y los tlaxcaltecas que la utilidad -poca o mucha, pero en todo caso efímera- que deja a la población ese terrible día sin huella. La misma fiesta brava, tan zaherida por quienes la identifican con costumbres bárbaras y sacrificiales de otros tiempos, estaría mostrándoles su flanco más vulnerable.

Sin similitud ninguna con las capeas

    Habrá quien diga que en las capeas españolas también hay muertos. Y sí, si los hay, pero esas bajas ocurren en muy  diferentes circunstancias. Vea usted, amigo lector: quienes intervienen en estos eventos, o son viejos profesionales del toreo, o jóvenes aspirantes a serlo. Quiero decir con ello que le salen al toro-toro en su sano juicio y con un amplio bagaje de conocimientos que les permite lidiarlo con un margen de certeza que claramente no existe en las calles huamantlecas, donde las reglas no existen… y la anarquía es absoluta.

Vergonzosa exaltación del primitivismo humano

   Los promotores de la huamantlada en su actual versión saben que el grueso de la gente acude para ver en vivo a la muerte. Muerte exenta de sentido, muerte estúpida, muerte sin arte ni trascendencia, muerte de circo romano. Imágenes que llegan a todos los hogares de México a través de la televisión y que pintan a Tlaxcala como un lugar de bárbaros. No le den vueltas: esa horrenda exhibición de bestialidades tiene que proscribirse cuanto antes. Aunque lo lamenten los distribuidores de cerveza… y unos cuantos vivales más.

Deuda con maletillas y aficionados auténticos

    Pero habría un compromiso que saldar. Hay maletillas e incluso aficionados que, con plena consciencia de lo que van a hacer y sin recurrir al efecto enervante del alcohol o de las drogas, aprovechaban la huamantlada para dar dos o tres capotazos. Esa legítima vocación hallaría mayor satisfacción sí, con orden y concierto y previo registro de los aspirantes, se les soltaran en la plaza toros acordes a sus capacidades. Los maletillas se dejarían ver ante los conocedores, y los aficionados le darían gusto a sus frustradas ansias de torear.

ANTENA LOCAL

De bicis y mototaxis

   Un problema de relativa fácil solución está dando lugar a una espiral de protestas que pueden encender la mecha de la violencia en varios puntos de la entidad. ¿Por qué no pensar en un nuevo reglamento que permita la circulación de bicis y mototaxis sólo por vías interiores y secundarias, y sólo en ciertas comunidades, sujetando a ambos tipo de vehículo a la revisión de sus condiciones mecánicas y de sus elementos de seguridad, de modo de reducir riesgos de accidentes? ¿No es mejor esa salida legal que confrontarse con la población?

LA FRASE

    La extraje de una nota que firma Alfredo González en El Periódico de Tlaxcala.  El reportero atribuye a la titular de la SECTE, Gisela Santacruz Santacruz,  el haber afirmado que:

“…en los más de tres años que restan a la administración del gobernador Mariano González Zarur, no habrá mesas de diálogo con mototaxistas…”

  Al igual que yo, usted, amigo lector, se preguntara: ¿de verdad esta señora fue alguna vez militante de un partido de izquierda? Si lo fue, no lo parece.

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