OPINIÓN

Tiempos de Democracia

El papa Francisco, un jesuita latinoamericano empeñado en actualizar a la Iglesia Católica

Domingo, Septiembre 29, 2013

 

  • Sus pronunciamientos revelan una visión filosófica de la vida y de la religión distinta a la de sus antecesores
  • La revisión de los contenidos de sus rígidos códigos morales reconciliará a la Iglesia con su feligresía
  • La anquilosada jerarquía católica mexicana deberá tomar nota de las palabras del nuevo Obispo de Roma

   El presidente Peña Nieto afirmó el pasado 1° de septiembre que el México de las próximas décadas se definiría en los siguientes 120 días. Han transcurrido los 30 primeros, y en el Congreso de la Unión ya se discuten las iniciativas de ley cuya aprobación encauzará el desarrollo futuro del país. Así de importante es el tiempo que vivimos; de ahí que debamos estar pendientes del devenir nacional. Pero eso vendrá más adelante; hoy comentaré con usted, amigo lector, palabras del papa Francisco que anuncian nuevos caminos para la Iglesia.

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Costumbres y tradiciones 

   Explico por qué lo hago. México es -en la estadística- mayoritariamente católico. Arriba del 80% de su población se declara profesante de esa religión. Que lo sea o no de forma activa es cosa distinta, pero nadie puede negar que los actos más significativos de la vida -y de la muerte- de los mexicanos se verifican con la sanción ceremonial de la Iglesia. Desde las aguas bautismales con que el sacerdote provee al recién nacido hasta los santos óleos que administra al moribundo, la liturgia católica es inseparable de nuestro mundano transitar.

Convencionalismos sociales y religiosos

   Pero no es sólo en ocasión del bautismo de los infantes y de la extremaunción de los enfermos cuando los católicos se acuerdan de su iglesia. Para el mexicano promedio, no hay boda que se precie de serlo sin la bendición de un cura en un templo engalanado para realzar el rito nupcial. No importa que luego los contrayentes no practiquen la religión; el expediente social queda de esa manera satisfactoriamente cubierto. Y también está la primera comunión y la confirmación, amén de otros eventos como, v.gr., las misas de acción de gracias.

Distanciamiento de la Iglesia con sus fieles

  Pese a esas prácticas que forman parte inseparable de la forma de ser y de creer de nuestra gente, pese a ellas, repito, la distancia entre la Iglesia y su grey crece día a día, sin que la jerarquía católica altere un ápice su anacrónico y rebasado dogmatismo. No es sólo la continua merma de las cifras de los que se dicen creyentes; lo inquietante es que, aún los que asumen que lo son, ni siguen ni acatan sus preceptivas. Es la evolución de una sociedad que se moderniza, enfrentada a una Iglesia petrificada en la época pre-renacentista.

Anacronismos y perversiones

   La actitud digamos formal de la Iglesia se ha mantenido sin cambios respecto de temas tan terrenales como el uso del condón y la píldora del día siguiente, a despecho de que, en la vida real, su empleo esté planetariamente aceptado. Sin ánimo de activar polémicas inútiles ni ofender vocaciones genuinas, tampoco puede ocultarse que abundan pastores que ignoran su voto de castidad y, lo que es peor, que hay quienes canalizan sus retenidos instintos de forma perversa. La pedofilia sólo es una de esas siniestras desviaciones.  

Posturas disociadas de la realidad

  No obstante que está más que demostrado que contra la condición natural del ser humano no hay -ni debiera haber- barrera que se le oponga, la Iglesia sigue teniendo al respecto tabúes inmodificables. Sigue sosteniendo, por ejemplo, que las relaciones sexuales sólo deben realizarse cuando los implicados estén casados…y siempre con fines reproductivos. ¡Y obviamente entre hombre y mujer! La Iglesia  no rechaza al homosexual, pero le conmina a vivir en castidad; en otras palabras: le prohíbe el ejercicio de su propia sexualidad.

Feligresía indiferente

   De la inoportunidad y obsolescencia de otras disposiciones de la Iglesia -ninguna de las cuales hacen mejores a sus fieles- puedo seguir escribiendo; empero ya estoy a la mitad del artículo y no me ocupo aún del tema que lo ha inspirado: las palabras del papa. Valga para justificar tan largo introito el exhibir, amigo lector, algunas razones por las que el feligrés  finge que oye la prédica de sus pastores… pero sin hacerles el menor caso. Sigue yendo a la iglesia -el que va- sólo por fuer de la costumbre, o para no causar pena a sus mayores.

Aperturismo inesperado

   Me declaró el primer sorprendido de los dichos y modos del papa Francisco. Fui de los que creyó que el jesuita argentino había sido electo para seguir la línea conservadora de Karol Wojtyla -el papa polaco- y de Joseph Ratzinger -el papa alemán-. Mas apenas a unos meses de su unción como Obispo de Roma, Francisco ha hecho cambios fundamentales en la estructura de poder de la Curia y, lo que es tanto o más importante, empieza a esbozar los fundamentos de una nueva forma de interpretar la misión pastoral de la Iglesia.

A la búsqueda de opciones distintas

   A Francisco no le va el título de Sumo Pontífice. Al asumir con humildad su alta responsabilidad se aleja del boato y del ceremonial vaticano del que se declara alérgico. En él, en el papa, importa más el fondo que la forma. “Busquemos ser -dice el papa- una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente”. Y luego afirma categórico que “…el confesionario no es una sala de tortura…”. Ojalá que lo oigan… quienes deben oírlo.

La mujer en la Iglesia de Francisco

  La propuesta del papa Bergoglio de tratar de diferente forma a la mujer empieza por admitir que “…en los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino…”. Francisco la quiere “…ahí dónde se ejercita la autoridad…”, y no sólo sirviendo en los roles de subordinación tradicionales. Con sus palabras pone fin a la discriminación de la mujer en el seno de la Iglesia y renueva su esperanza de llegar al sacerdocio. Quizá se precise de otros pasos, pero esa parece ser la ruta a recorrer por este papa reformador.

“…y quien soy yo para juzgarlos…”

   A los homosexuales -cuyo número aproximado se estima en algo así como el 11 % de la población mundial- les aguarda también un trato distinto. A la vuelta de su viaje a Brasil, Francisco tomó distancia de la mal disimulada repugnancia con que la Iglesia ha abordado el tema. Al sentenciar que “…Dios nos ha hecho libres. No es posible una injerencia en la vida personal…”, el papa de hecho decretó el destierro del estigma con que históricamente se ha perseguido a hombres y mujeres que nacen con inclinaciones sexuales diferentes.

El aborto

   Francisco plantea “…un reencuentro con mujeres que han abortado…”. Habida cuenta que la Iglesia Católica nunca ha reconocido el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, el papa tendrá que ser más explícito al respecto. No hay duda de que una actitud más indulgente contribuiría a que este indeseado drama humano se juzgara con menos dureza. Y en lo que toca a los divorciados y los vueltos a casar, el papa pidió para ellos un trato más comprensivo. Falta por ver cómo reaccionan los sectores retrógradas de la jerarquía.

El celibato

   Aunque apenas esbozada en sus rasgos más generales, la reorientación doctrinaria hacia la que apunta el pontífice latinoamericano empieza a tener eco en su renovado equipo de colaboradores. El futuro Secretario de Estado, el italiano Pietro Parolin, adelantó ya que “…el celibato obligatorio no es dogma de fe…” y que puede ser discutido porque sólo se trata de “…una tradición eclesiástica…”. Adviértase como temas censurados durante siglos por la Iglesia están siendo objeto de revisión…, y eventualmente de posibles modificaciones.

El valor de la autocrítica

  “Yo desconfío de las decisiones tomadas improvisadamente. Desconfío de mi primera decisión, es decir, de lo primero que se me ocurre hacer cuando debo decidir. Suele ser un error. Por eso creo que consultar es muy importante. Yo tomaba decisiones de manera brusca y personalista. Al final, la gente se cansa del autoritarismo. Mi forma autoritaria de decidir me llevó a tener problemas serios”. Se de algunos que ejercen el poder a los que les vendría bien hacer suyas las reflexiones de un hombre sabio que rectificó a tiempo, y llegó a ser papa.

Conclusiones

  Cabe preguntarse si estará tocando a su fin la larga etapa de pétreo conservadurismo con que Roma mantuvo sujeta a la iglesia de Pedro hasta antes del papa Francisco. A excepción de Giuseppe Roncalli -el inolvidable Juan XXIII- y de Albino Luciani -el efímero Juan Pablo I-, los papas contemporáneos, desde Eugenio Pacelli -Pio XII- hasta Joseph Ratzinger -Benedicto XVI- no hicieron sino tornar aún más restrictiva la preceptiva moral de la Iglesia. Ahora esa antipática rigidez doctrinaria empieza a resquebrajarse. Que sea para bien.

LA FRASE

   Es de una jovencita que estuvo a punto de morir a manos de talibanes que pretendían impedirle -sólo por ser mujer- que entrara a su escuela en el Swat, en Pakistán, su país natal.    Malala Yousafzai -que tal es su nombre- recibió un disparo en la cabeza que la tuvo al borde de la muerte. Por fortuna logró sobrevivir y hoy, después de un año del dramático suceso, pudo llevar hasta la Asamblea de las Naciones Unidas su mensaje de paz. Y a los políticos de todo el mundo les dijo:

“…en vez de enviar armas a Afganistán, envíen libros…”

 

 

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