Jesús Silva Herzog-Márquez, creador de un estilo periodístico libérrimo que aborda la política desde ángulos siempre novedosos
- Trátase de un intelectual que, pese a no tener aún ni medio siglo de vida, deslumbra por la agudeza y originalidad de sus razonamientos
- Jesús representa la tercera generación de una familia que se ha distinguido por su contribución a las buenas causas de México
- Los criterios de que se vale para realizar su labor periodística constituyen todo un catálogo de aleccionadoras recomendaciones
Jesús Silva Herzog-Márquez ya es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Merecida distinción para quien ejerce la crítica política con rara perspicacia, notable lucidez e insobornable autonomía, durante tanto tiempo como años tiene de vida el diario Reforma. Si bien desde el inicio de su actividad periodística se le advertían prometedoras condiciones como analista del acontecer social y político del país y del mundo, con el andar del tiempo se ha consagrado como un periodista de excelencia y un escritor relevante.
Escritor y periodista
Jaime Labastida, director de la Academia, señala que Silva-Herzog Márquez “…tiene una vena literaria sólida…”. Y añade enfático que: “…escribe muy bien, además de que sus artículos políticos son sensatos, ponderados, analíticos, fuertes muchos de ellos y con un criterio totalmente independiente…”. A su vez, el propio Jesús reconoce que en su labor el cuidado del lenguaje tiene igual importancia que el tema abordado. No en balde es, hoy por hoy, digno heredero de su abuelo, el insigne mexicano don Jesús Silva Herzog.
Mexicanos de excelencia
El nuevo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua pertenece a una familia que, toda ella, se educó en el amor a México y a la cultura. Don Jesús -fundador de la dinastía- presidió el comité del petróleo cuyas conclusiones condujeron a su nacionalización. Sobre sus amplios conocimientos en materia económica se instrumentó la política de sustitución de importaciones que impulsó el crecimiento del país durante un largo periodo. Y pese a una ceguera temprana, ejerció hasta el fin de sus días como profesor e investigador universitario.
De casta le viene al galgo…
En reconocimiento a su vida y obra, los restos de don Jesús descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Este opinador fue compañero de uno de sus hijos, todos los cuales -menos el mayor, Jesús también de nombre, que llegaría a ser Secretario de Hacienda- estudiaron en el Colegio Madrid. De este último es hijo el flamante académico. Pero veo que -como de costumbre- me aparto del tema que voy a desarrollar y que precisamente tiene que ver con los valores estéticos, éticos y técnicos que debe reunir el trabajo periodístico.
El pensamiento rutinario
Sostiene Silva Herzog-Márquez que no basta con abordar los asuntos cruciales de la vida pública. Para mejor servir al lector, la crítica política debe enfocarse y expresarse “…con claridad e imaginación, escapando del lugar común, que es el peligro…” que afronta quien cultiva este género periodístico. Hay que eludir la tentación de dejarse llevar por el barullo que resuena en los medios porque, a su juicio, supone “...pereza mental el repetir lo que uno ya dijo, en vez de tratar cada evento como un desafío nuevo a la reflexión…”.
Referentes para un nuevo periodismo
Según Jesús, referirse a la agenda pública del momento incita a realizar una “...excursión intelectual que nos permita ver lo que está pasando con ojos distintos…”. Recomienda “…acercarse a la literatura, alejarnos de lo inmediato y salir del encierro de lo local. La experiencia es estimulante y agudiza la mirada, en oposición con la complacencia y el conformismo…” con que habitualmente se hace la denuncia. Y finaliza afirmando que “…la salud del debate público exige tomar distancia hasta de nuestras propias certezas…”.
Los preceptos permanentes
Por coincidencia, al mismo tiempo leí a René Avilés Favila en un artículo que aludía también al periodismo en su relación con la literatura. El prolífico escritor afirma que “…desde hace lustros, acaso siglos, hemos buscado que la belleza sea algo integral en la comunicación periodística…”. Y agrega algo que no es ocioso tener presente: “…la información busca sobre todo veracidad y exactitud…”. Avilés Favila recomienda dejar de lado la inasible objetividad, valor que se presenta afectado inevitablemente -dice René- por la ideología de quien escribe.
Periodistas y literatos señeros
Avilés Favila cita en su artículo -entre otros nombres ilustres- a Ricardo Garibay y Vicente Leñero, y si bien omite el de Vargas Llosa -miembro de la Academia Española, y el de Granados Chapa, que lo fue de la Mexicana- sí menciona a García Márquez así como a Truman Capote y Norman Mailer, innovadores del periodismo literario. Como muchos otros en el pasado siglo, alternaron ambas actividades, en géneros tan diversos como la crónica, el reportaje, el artículo de opinión, la biografía, el ensayo, la poesía, el teatro, el cuento y la novela.
En busca del conocimiento
Aparte de lo que se aprende en el aula, con los años acaba por comprenderse que lo poco que uno sabe se lo enseñó la vida… y los libros que ha leído. La lectura permite a quien la practica tener un diálogo virtual con los grandes pensadores que en el mundo han sido. A quien no le habría gustado conocer y conversar, por ejemplo, con Alfonso Reyes o con Paz; con Ortega o con Unamuno; con Borges o con Neruda. Eso, por desgracia, ya no es posible. Mas el evangelio dice “…por sus obras los conoceréis…”. Sus libros nos aguardan.
La vida del reportero
En su diario bregar por las salas de redacción, el reportero adquiere el oficio. Es ahí donde el principiante aprende lo que ninguna universidad enseña: a vivir la tensión que deriva de la perentoriedad por transmitir oportunamente la noticia. Se requiere, sí, de ingenio, temple y valor; sin esas virtudes más vale mudar de profesión. Pero si cuenta con ellas -y una buena dosis de paciencia-, con las experiencias acumuladas y la ampliación de su cultura por medio de la lectura y el estudio sistemático, el reportero queda listo para empresas mayores.
Cavilaciones atendibles
La distinción hecha al periodismo en la persona de Silva-Herzog Márquez, y sobre todo sus reflexiones, se constituyen en un exhorto para los que laboramos en el sector, sea en la provincia o en la capital del país, sea en la prensa digital o en la tradicional. Son, repito, una prédica para que la pulcritud, la estética y la originalidad de la prosa periodística sea nuestra preocupación constante; para que huyamos del tópico, y para que miremos el acontecer político con lentes diversos, de modo de lograr, en lo posible, el enfoque mejor y más justo.
ANTENA LOCAL
El cura transgresor de Apetitlán
La descarada y por supuesto punible intervención del párroco Agustín Cuamatzi Montiel en apoyo de Valentín Gutiérrez Hernández, aspirante panista a la alcaldía de Apetatitlán en los comicios del pasado 1° de julio, originó que la autoridad electoral federal juzgara procedente la queja interpuesta por el PRI y decretara la anulación de la elección. A la vista de la tibia reacción de los tres niveles de gobierno, pareciera que se quiere reducir el hecho a una mera anécdota que el tiempo hará olvidar. De ser así, se incurriría en una grave omisión.
Principio histórico
La anulación de la dicha elección procedió por virtud del Art. 102 de la Ley de Medios de Impugnación en Materia Electoral de Tlaxcala, que a la letra dice: “…es nula la elección cuando la candidatura hubiese sido objeto de propaganda a través de agrupaciones o instituciones religiosas…”. Al hacer activismo político y promover desde el púlpito el voto a favor del panista, el sacerdote Gutiérrez Montiel vulneró “…el principio histórico de separación del Estado y las Iglesias…” que establece la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos.
Violación flagrante
El Art. 24 de la ley fundamental precisa que “…nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad -la de religión- con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política…”. Y ordena que “…los ministros no podrán […] realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna…”. Concluye señalando que “…la simple promesa de decir verdad y de cumplir las obligaciones que se contraen, sujeta al que la hace, en caso de que faltare a ella, a las penas que con tal motivo establece la ley…”.
LA FRASE
Son dos, ambas del papa Francisco, y parecen dichas con objeto de meter al orden a los curitas desorientados:
“…la Iglesia no se ocupará de la política; las instituciones políticas son laicas por definición y actúan en esferas diferentes…”
Y en seguida añadió:
“…la Iglesia no irá más allá de su deber de expresar y difundir sus valores, al menos mientras yo esté aquí…”
Más claro…, ni el agua.