Hacia una Reforma Hacendaria que detone el desarrollo económico y reduzca las desigualdades sociales
- Las desconfianzas no pueden prolongarse hasta el fin de los tiempos; es necesario volver a creer… y mirar hacia adelante
- La distribución de la riqueza en México es la más inequitativa del mundo; la reforma apunta hacia una mitigación de esa contrahechura
- Los mexicanos todos debemos revisar -individual y colectivamente- nuestra forma de contribuir al desarrollo equilibrado de la nación
Legítima aspiración de toda sociedad organizada y moderna es proveer al ciudadano -por el sólo hecho de serlo- de: 1) un sistema educativo que le procure instrucción de calidad; 2) un sistema de salud que sin distingos le proporcione atención médica eficiente; 3) un seguro de desempleo que le ofrezca respaldo económico cuando por razones ajenas a su voluntad pierda su trabajo y, 4) una pensión que le garantice una vejez digna. Empero, para poder materializar esas prestaciones hacen falta caudales de los que, hoy por hoy, no disponemos.
Para construir una sociedad igualitaria…
Esos beneficios constituyen la piedra angular del estado de bienestar, meta que debe ser de todo gobierno. Para lograrlo, se precisa de: 1) una reforma que anule exenciones fiscales de minorías escogidas y, 2) el apoyo de mayorías ciudadanas dispuestas a dar recursos suficientes al gobierno. En México, ni se aprobaban leyes contributivas equitativas, ni los sectores pudientes de la sociedad cumplían con pulcritud sus deberes tributarios. Obviamente, con ese insolidario esquema, no era posible contar con políticas redistributivas socialmente justas.
El Pacto, una eficaz alternativa
Pasaron tres sexenios sin que ningún gobierno acertara a romper ese status paralizante. El presidencialismo mexicano no posee mecanismos institucionales que incentiven acuerdos entre fuerzas políticas; así, todo intento reformista con origen en el Ejecutivo Federal invariablemente naufragaba al llegar a las cámaras legislativas. Mas el escenario cambió cuando, en insólita comunión con los líderes de los tres partidos mayores del país, el presidente Enrique Peña Nieto presentó el Pacto por México, inaugurando así un nuevo estilo de hacer política.
Privilegiar coincidencias… y negociar discrepancias
La sorprendente funcionalidad del acuerdo radica en que sus contenidos incluyen una mayoría de conceptos en los que las tres distintas visiones de país -la del PAN, la del PRI y la del PRD- no difieren en lo esencial. Y en los temas en que sí existen puntos irreconciliables, se tuvo la sensibilidad política de negociarlos para que ninguna de las partes se levantara de la mesa con las manos vacías. Claro que hubo resistencias, y claro que en el proceso se han vivido tensiones que parecían insuperables pero, hasta ahora, se ha podido seguir adelante.
Delicada urdimbre política
El tejido del Pacto ha sido una filigrana política que no todos entendieron. Soportó ya fuertes embates que, por fortuna, se resolvieron con acierto. Vale citar los atropellos electorales cometidos en algunos estados, corregidos oportunamente por los tribunales competentes. Tales torpezas sí crisparon al Consejo Rector, pero no acabaron con él. Esos conflictos quedaron atrás, si bien es cierto que hay otros que subsisten y otras más que se multiplican. Veamos cuales son estos, de qué tamaño, y de qué forma se están tratando de sortear.
Estrategia negociadora
Existe ya una reforma educativa que, estoy seguro, acabará por vencer la resistencia de los grupos beligerantes que a ella se oponen. La CNTE es el más significativo; sus métodos de lucha son violentos y alientan conductas subversivas que van más allá de reivindicaciones que sus líderes nunca supieron explicar. Con la CNTE, se adoptó una actitud tolerante que llegó a parecer contemplativa; empero, esa estrategia evitó que al activismo magisterial se sumaran otras expresiones callejeras antirreformistas v.gr. el SME y el lopezobradorismo.
Los límites de la tolerancia
Para devolver a los maestros a sus lugares de origen y para aplacar a lo que queda del sindicato de electricistas, hubo que ceder al chantaje. El precio cobrado por el magisterio rebelde por dejar en paz a la capital debió ser alto, como también lo fue el pagado a los jubilados del SME. Ambos se valieron de la coyuntural vulnerabilidad del gobierno para rentabilizar sus demandas. Mas una vez cumplido el trámite de aprobación de las reformas, cierto estoy que todo intento de desmán hallará a las fuerzas del orden dispuestas a actuar apego a la ley.
Modificaciones trascendentales
Y no olvidemos que la reforma de las telecomunicaciones es ya parte de la letra constitucional, y que terminará, más pronto que tarde, -al igual que la reforma educativa- con privilegios indefendibles. Y además, ahora que el proceso reformador se acerca a su fase culminante, no debemos minimizar las leyes político-electorales que están también por dictaminarse, y que contienen conceptos como el jefe de gabinete, la reelección de alcaldes y diputados, las candidaturas ciudadanas y, por fin, la reglamentación del referéndum y la consulta popular.
En 75 días más… ¡habrá reformas!
Las reformas previstas en el Pacto por México se aprobarán. No tengo ninguna duda. Con ajustes, sí, pero preservando la idea de construir las bases sobre las que se levantará una nación menos desigual y mejor preparada para enfrentar al complejo mundo de nuestros días. Los agoreros del fracaso tendrán que recoger sus banderas y adaptarse al nuevo país que empieza a asomar. Alegarán sin razón que a las reformas les cercenaron partes medulares; lo que ignoran es que hasta los márgenes de esos recortes estaban previstos y pactados.
Todos contentos…
El PRD se jactará de la eliminación del IVA en medicinas y alimentos; se manifestará contra una imaginaria privatización de la industria petrolera y lograrán -porque así fue acordado- que la reforma no toque el Artículo 28. Con eso se conformará Cárdenas, y Andrés Manuel perderá otra de sus banderas. El PAN, por su lado, gesticulará en la calle ofreciéndose como defensor de las clases medias…, a sabiendas de la exclusión del IVA en colegiaturas, hipotecas y rentas ya estaba pactada. Y el PRI presumirá ser el agente facilitador de los acuerdos.
Política contributiva de carácter progresivo
Pero la verdadera resistencia contra la Reforma Fiscal no proviene de los partidos. Ellos están en su papel, pregonando sus logros y enarbolando sus principios. La protesta real más bien procede de enclaves de poder financiero que, ellos sí, sienten afectados sus privilegios al tener que cumplir con las obligaciones impositivas que antes eludían. Ellos no saben de solidaridad ni está en su naturaleza aceptar que las políticas redistributivas atenúan las desigualdades. Y por supuesto no concuerdan con la tesis de que, el que más tiene, más pone.
¿Gravámenes abusivos?
Se alegan mil cosas pero, dígame, amigo lector: ¿es acaso injusto gravar las utilidades que derivan de especular en la Bolsa de Valores? ¿y que también lo sean las ganancias -los dividendos- que reparten las empresas entre sus socios? ¿y que se elimine la consolidación, ese hoyo negro en el que los fiscalistas especializados desaparecen los beneficios de los grandes grupos empresariales? ¿o que el impuesto sobre la renta, es decir, sobre la utilidad -la suya, la mía, o la de quien sea- se incremente dos modestos puntitos, del 32 al 34 %?
Llamado a jalar parejo
Mas aclaremos que la insolidaridad no sólo aqueja a la clase alta. En México se toma por retrasado mental a todo el que no elude, engaña o defrauda a Hacienda, pese a que los tributos que pagamos son reducidos. Es incontrovertible el siguiente dato: en proporción al Producto Interno Bruto, el fisco recauda sólo el 11%, porcentaje exiguo comparado con el 22 promedio de países de la OCDE. Cabe preguntarse: ¿entonces cómo hacemos para subsistir? Muy sencillo: gracias al petróleo, y a que los servicios que nos da el gobierno son de baja calidad.
Los riesgos
El camino de las reformas está sembrado de obstáculos. No sólo se enfrentan las protestas mal llamadas sociales y las reticencias de los grupos de poder financiero, sino también un entorno mundial restrictivo y poco propicio. Se está, además, frente a un riesgo mayor: el endeudamiento. El gobierno planea llevar el déficit público hasta el 4% del PIB. Su apuesta consiste en que el desarrollo económico que generarán las reformas -y sobre todo una industria petrolera sin ataduras- permitirá en tres años re-equilibrar las finanzas públicas.
Solidaridad colectiva y esfuerzo compartido
Para dar los primeros pasos hacia el estado de bienestar, la sociedad tiene que refaccionar al gobierno con los fondos necesarios. Este, a su vez, debe corresponder al sacrificio ciudadano racionalizando y transparentando el gasto público. Por supuesto puedo equivocarme, pero percibo en el empeño reformista del presidente Peña Nieto el propósito de poner a México en la ruta del progreso con justicia social. Y que para lograrlo, está resuelto a valerse del diálogo y la buena política. En esos términos, creo que vale la pena meter el hombro.
LA FRASE
Se la escuché a Fernando Savater, filosofando en torno a la idea de que ser libre pensador no significa ser un mártir.
“…hay que tener coraje para vivir y prudencia para sobrevivir…”
Como siempre, muy sabias y aleccionadoras sus reflexiones.