En turno, una discusión de la máxima importancia para el futuro del país: la reforma político-electoral
- Los gobiernos de coalición, una primera aproximación para llegar a la solución de fondo: un régimen parlamentario mexicano
- Hay que transformar el viejo sistema político; se trata de crear condiciones que propicien los acuerdos entre partidos
- El proyecto de reforma electoral contiene medidas tendientes a emparejar el terreno de juego para la contienda del 2015
Resuelto en lo esencial el tema hacendario, el siguiente punto en la agenda es la reforma política-electoral. Escribe Luis F. Aguilar que “…hemos cambiado de régimen político, pero no de sistema político…”. El reconocido experto en teoría política y administrativa alude a que las insustanciales enmiendas del pasado no mutaron las prácticas habituales ni -esto lo añado yo- desataron los nudos que impiden que las instituciones del estado se armonicen con la diversidad ideológica del México de nuestro tiempo. Se trata pues de un proceso inacabado.
Acuerdos para la Gobernabilidad Democrática
La reforma político-electoral pretende avanzar en ese sentido. Al Pacto por México se le hizo un Adendum cuando la oposición se percató que, de no hacerse las adecuaciones debidas, seguiríamos sin consumar “…el largo e inacabado proceso de transición democrática...”. Dice el dicho agregado que es necesario “…impulsar reformas que hagan funcional al régimen político para darle gobernabilidad al país, ampliando y mejorando su sistema democrático…”. El postulado, amigo lector, parece impecable; veremos si en efecto se concreta.
¿Gobierno de Coalición?
En principio, de lo que se trata es de instaurar en México el llamado “gobierno de coalición”. Si las adiciones al Pacto se materializan, la reforma otorgaría al Presidente la facultad constitucional de elegir entre estas dos alternativas: gobernar en minoría política, o gobernar mediante una convergencia legislativa y de gobierno, formando “…una mayoría estable…” que apoye e impulse los programas y agendas pactadas entre las fuerzas políticas coaligadas. La ejecución de esos afanes compartidos estaría a cargo de un “gabinete de coalición”.
Hacia un régimen parlamentario
Ese tipo de gobierno sería un primer paso hacia el régimen parlamentario que, para teóricos del tema -Juan Linz, Arturo Valenzuela, Porfirio Muñoz Ledo, entre otros- es el que mejor se ajusta a la circunstancia mexicana. No es novedad; desde que hubo conciencia de la necesidad de reformar el estado se advirtió la disfuncionalidad del presidencialismo y la urgencia de rediseñar su estructura institucional. Pero como en nuestro país las cosas de palacio van despacio, hubieron de pasar más de tres lustros para que se retomara la idea reformadora.
Circunstancias irrepetibles
El Pacto por México fue un imaginativo y oportuno artificio que no volverá a repetirse y que se produjo gracias, por una parte, a la voluntad política del Ejecutivo Federal (que, aunque priísta, ha mostrado una insólita flexibilidad negociadora) y por otra, a las coyunturas especialísimas que vivían PAN y PRD al inicio de este sexenio. Esa suma de condiciones tuvo como efecto que, pese a gobernar en minoría, el presidente Peña Nieto pudiera construir las mayorías que se requieren en las cámaras para lograr las reformas que demanda el país.
El Pacto, un modelo a seguir
El gobierno de coalición busca precisamente que ese modelo de convergencia de intereses políticos que dio lugar al Pacto por México, y que derivó como sabemos de una serie de hechos irrepetibles y hasta diríase que casuales, ese modelo, repito, se vuelva realidad alcanzable a través de un régimen constitucional que incentive los acuerdos políticos y los vuelva práctica común. Su concreción sería un logro notable en un país que parecía no concebir más forma de autoridad que la de liderazgos unipersonales -tlatoanis- de carácter mágico.
Ley General de Partidos
En el Adendum se reconoció la conveniencia de dotar a los partidos de un marco jurídico que genere -según reza el texto- “…mayor certidumbre, transparencia y estabilidad al sistema político en su conjunto…”. Se admite por fin la necesidad, no sólo de reducir el desmesurado gasto de los partidos, sino de dar claridad a sus cuentas. Dicho así en abstracto suena bien, pero poner en blanco y negro esos conceptos, precisando los procedimientos de comprobación correspondientes, es tarea para la que pudieran no estar bien dispuestos los partidos.
Leyes Reglamentarias de la Reforma Política
El formato representativo hace viable la democracia. Implica trasladar a diputados y senadores la responsabilidad de las decisiones legislativas que acuerden; para ese objeto son electos por el voto de mayorías ciudadanas. Contravenir este principio socava el orden constitucional que nos hemos dado. Asiento estas obviedades porque hay sectores que, de tiempo en tiempo pretenden, con algaradas callejeras o con costosos desplegados en los diarios del país, que México discurra por los derroteros que sólo a sus particulares intereses conviene.
Mecanismos de consulta
No se trata de desdeñar la opinión ciudadana, así sea esta grupal y minoritaria. Para eso hay mecanismos democráticos que complementan y amplían el esquema representativo, pero dentro del orden y la legalidad. En México no se ha puesto en práctica la consulta popular en cualquiera de sus diversas modalidades, debido a que una generación timorata de políticos ha venido posponiendo su reglamentación. Al fin se podrá disponer de un recurso para despresurizar tensiones sociales y resolver democráticamente dilemas de importancia.
Candidaturas independientes
Aunque no es fácil pronosticar sus efectos, la fijación de las reglas para hacer efectivas las candidaturas independientes significa de entrada la terminación de la exclusividad que en la materia tenían los partidos. Habrá que ver cuáles son las condiciones específicas que la reforma electoral impondrá a la postulación de ciudadanos al margen de los institutos políticos pero, el simple hecho de abrir formalmente la posibilidad, es sin duda un avance apreciable. Veremos hasta dónde da de sí la medida y qué repercusión tendrá en elecciones locales.
Eliminación de los fueros
El fuero, como cualquier otro privilegio, es asunto mal visto por la sociedad. Justificado en sus orígenes e imprescindible en cuestiones específicas, el mal empleo que se le ha dado lo volvió antipático, particularmente el que se refiere a diputados y senadores, altos funcionarios, dignatarios eclesiásticos y fuerzas castrenses. El fuero se prestó a abusos; dejó de ser salvaguarda para el desempeño de tareas superiores y se convirtió en garantía de impunidad para infractores de la ley. Por tanto, si no suprimirse, si deben fijarse sus límites.
Supresión de órganos y tribunales electorales estatales
Tema polémico. Se entiende el enfado de la oposición por el intervencionismo de algunos gobernadores en los órganos electorales estatales. A ello habría que sumar la parcialidad en la selección de sus consejeros y su falta de personalidad para defender su autonomía e independencia. No queda claro, empero, si la centralización de sus funciones resuelve el problema, y si representa ahorro de recursos. En todo caso, debieran también eliminarse los tribunales electorales locales por su frecuente colusión con intereses ajenos a la justicia.
Reelección de legisladores
Es este otro asunto que provoca discrepancias. Visto desde la perspectiva federal habría que conceder la razón a quienes creen en la bondad de su aprobación por el efecto que en la profesionalización de los representantes populares tiene la acumulación de experiencias. Pero a quienes en la provincia hemos padecido diputados que usan su cargo exclusivamente para vender su voto y para obtener prebendas, nos genera muchas reservas la posibilidad de ver de nueva cuenta sentados en sus curules a semejante tipo de sinvergüenzas.
Publicidad y gasto como causales de nulidad
Obstáculo sin posible solución da la impresión de ser el flujo creciente del dinero en los comicios mexicanos. Se acepta el hecho de que, sin apoyos financieros que rebasen los topes de campaña fijados en la ley, es inútil participar en cualquier lid electoral. Víctima -y a veces verdugo- de esa práctica, la oposición demanda proscribir desmanes en publicidad y regalos, y exige que sean causales de nulidad tales excesos. La dificultad radica en dar con un método para cuantificarlos con oportunidad y precisión… y con un juez que los castigue.
ANTENA NACIONAL
Una de futboleros desesperados
Tras el penoso tropiezo sufrido en el torneo eliminatorio ante los países de la región para acudir al Mundial de Brasil, los dueños de los equipos optaron por confiar la conducción del equipo nacional a Miguel Herrera, un ex futbolista que se caracterizó a lo largo de toda su carrera por su incapacidad de evitar que sus estallidos de ira se transformaran en actos violentos. A su enjundia gesticulante, y al América, encargan los federativos el rescate del dinero que está en juego si no le ganan a Nueva Zelanda. Parece una apuesta riesgosa ¿o no?
ANTENA LOCAL
Y otra de taurinos soñadores
Visitó Tlaxcala el Secretario de la Sagarpa, y signó un convenio con la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia para impulsar acciones que faciliten el transporte de toros por el país. Hasta dónde sé, antes se requería una guía para trasladar las reses desde las ganaderías de origen hasta las plazas de toros. La euforia por la exención autorizada llevó al presidente de la Asociación -Manuel Sescosse- a decir que “…con este paso, México se convertirá en el mejor criador de toros de lidia a nivel mundial…”. Parece sueño guajiro ¿o no?
LA FRASE
Es un aforismo de autoría desconocida. Dice así:
“…para ejercer el poder sólo hay dos caminos: hacerse respetar o hacerse temer…”
El primero lleva al gobernante a ser bien recordado por su pueblo. El segundo, en cambio, lo lleva a ser maldecido.