OPINIÓN

El problema de la pobreza en Tlaxcala

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Viernes, Enero 24, 2014

De acuerdo con el artículo 36 de la Ley General de Desarrollo Social, los lineamientos y criterios que establezca el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, para la medición de la pobreza, son de aplicación obligatoria para las entidades que participen en la ejecución de programas de desarrollo social e involucra, al menos, las siguientes dimensiones: ingreso corriente per cápita, rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a servicios básicos en la vivienda, acceso a la alimentación y grado de cohesión social.   En ese contexto, hablar de avances en la materia, no es algo que deba plantearse de manera escueta y superficial, como lo ha venido haciendo el Gobierno de Tlaxcala en el marco del Tercer Informe del Gobierno local, que derivado en una serie de declaraciones en torno a supuestos avances que hoy vive la entidad, tales como el aumento de empleo, disminución de la pobreza y atención a la gente con programas sociales. Esto, además de irresponsable, no son más que banderas eufemísticas del Gobernador para cubrir la sombría realidad que aqueja a nuestro Estado.   Por una parte, se argumenta la disminución en los índices de pobreza tomando como referente la medición llevada a cabo por CONEVAL correspondiente al 2012 y que señala que para dicho año el 57.9 por ciento de la población en Tlaxcala vive en situación pobreza, mientras que en el 2010 lo eran el 60.3 por ciento de la población, es decir, se plantea una disminución aproximada del 2.4 por ciento.   En su “celebración” por este “logro”, el Gobierno local omite dar mayores detalles del estudio en referencia del CONEVAL, específicamente, sobre los aspectos técnicos, en la parte denominada “Pruebas de Hipótesis”, y que está disponible para cualquier ciudadano en su portal de internet.   Los detalles técnicos plantean cuestiones fundamentales que estadísticamente explican la variación de cifras durante el periodo en estudio, es decir, lo que se conoce como errores muestrales. Estas variaciones mínimas no son estadísticamente significativas y, por lo tanto,  dicho en otros términos no existe variación en el periodo, es decir, técnicamente el gobierno local no ha podido combatir sustancialmente los niveles de pobreza, y de ahí puede explicarse su afán por intentar convencer a la ciudadanía, a través de los medios, que hoy vivimos en una realidad mejor.   Lo que si puede constatarse detalladamente en el mismo anexo técnico, es el aumento en el rezago educativo; que no hay avances en materia de seguridad social, reflejo de la carencia de empleos formales; aumento en las carencias en la calidad y espacios de las viviendas; incrementos considerables en las carencias en servicios básicos de las viviendas; y, quizás el más notable y preocupante, el aumento en la población que carece de acceso a la alimentación.   De acuerdo con especialistas del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social, CEIDAS, Tlaxcala, al igual que Chiapas, se ubican en el segundo lugar en cuanto a marginación urbana, con el 59 por ciento de sus poblaciones urbanas viviendo en AGEB de alta o muy alta marginación; cabe señalar que el primer lugar lo ocupa el Estado de Guerrero.   Así las cosas, el panorama que vive nuestro Estado en materia social ya es comparado al nivel de Estados donde históricamente se han acumulado altos niveles de pobreza y marginación. Esto, es producto de la ineficacia de la política que opera el Gobernador, misma que obedece a inercias paliativas y que poco, o nada, se preocupan por garantizar los derechos sociales de los ciudadanos de Tlaxcala.   Aún mas, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos 2013 del Estado, el gasto en Desarrollo Social se estimó en poco más de 7,244 millones de pesos; si este dinero lo repartiéramos entre el número de personas en situación de pobreza de la entidad, a cada una le corresponderían más de $11,300.   Insisto, son desafortunadas las declaraciones del gobierno local, sin hacerlas con el conocimiento propio, o bien, siendo omiso a los detalles que muestran otra realidad, y no la que pretenden crear con sus campañas de buenas intenciones.

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