OPINIÓN

La Sombra Del Sombrero

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Martes, Junio 9, 2026

Detrás del folclor y la indumentaria típica con la que la senadora Ana Lilia Rivera Rivera suele adornar su imagen pública, se esconde una contradicción.

Bajo el ala de ese sombrero que utiliza como escudo de humildad, la retórica de "con el pueblo todo y sin el pueblo nada" empieza a desteñirse, el discurso de cercanía, que durante años ha sido su principal moneda de cambio, se enfrenta a la realidad de las imágenes que desarman el teatro de la legisladora.

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La senadora ha sido una actriz disciplinada en el arte de mimetizarse con las causas populares, sin embargo, las costuras del vestuario identitario comienzan a abrirse. Las fotografías recientes de sus asambleas informativas no muestran a una representante fundida con la masa, sino a una figura que marca una evidente distancia.

En el encuadre de esas fotografías resalta un hombre siempre a su espalda, y a quien los usuarios en redes sociales intentan ponerle nombre y apellido, pero los indicios apuntan hacia un elemento para su seguridad.

Es la sombra que acompaña a la funcionaria, un muro entre la representante y los representados que desentona con el "pueblo bueno".

¿De quién se cuida la senadora? Si el terreno que pisa es, según sus propias palabras, un territorio de aliados y conciudadanos que respaldan su proyecto de transformación.

Protegerse de la misma gente que le ha otorgado el poder implica admitir que el contacto directo ya no es tan seguro ni tan espontáneo como presume.

La máxima de "no somos iguales" se convierte en el síntoma de una desconexión de su realidad, pero al final, la hipocresía tiene las piernas cortas.

El "pueblo sabio" tiene la capacidad de distinguir entre un compromiso real y un disfraz de campaña anticipada, dejando a la senadora expuesta ante el juicio de quienes ya no compran el relato del sombrero sin cuestionar la sombra que proyecta.

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