Una grave falla (del latín vulgar falla, aunque asimismo del homónimo catalán que deriva del latín culto facüla) aqueja al congreso de Tlaxcala. Se advierte tal defecto estructural en la segregación de ciertas figuras burlescas sobre el tablado del quehacer legislativo, que al modo de otras fallas (del francés faille) -como se llama en algunas regiones de México a ciertos gorros para bebés- coronan la cabeza de un pleno chamaqueado a la vista de todas y todos por vivales inescrupulosos.
Nadie ilustra mejor tal falla en el cuerpo legislativo, por decir, que el caso -no es único, mas sí el más obvio- de Patricia Zenteno Hernández. Dígase si no.
No precisamente por talento, sino acaso por alguno de esos “acuerdos” a que son tan dados los partidos del INE, esta mujer de la tierra del zacate se hizo primero de un cargo en la burocracia legislativa, desde donde saltó directamente a un escaño pluri. Así, sin representar a nadie más que a Rosalía Peredo, la cacica de un ínfimo negocio local llamado Partido Socialista (PS), Zenteno Hernández llegó a convertirse en una súper diputada de la LXI legislatura.
No exagero: Zenteno es varias veces más poderosa que los priístas Marco Antonio Mena y Florentino Domínguez, que los perredistas Juan Calyécac y Tomás Orea, que los panistas Roberto Zamora y los juliocésares Álvarez y Hernández, o que el movimientista Refugio Rivas, todos los cuales sí llegaron al Palacio Juárez por decisión de los electores.
Sólo por la circunstancia de ser la única legisladora del membrete PS, Zenteno es inamovible en dos órganos principales del congreso de Tlaxcala, a saber: La Junta de Coordinación y Concertación Política y el Comité de Administración, cuya composición se basa en el inequitativo principio de “equidad” que concede un asiento a cada partido con representación en la legislatura.
Además, gracias al enfrentamiento entre las bancadas grandes y medianas, le tocaron a Zenteno sendos asientos en otras dos comisiones principales: Finanzas y Fiscalización, y Puntos Constitucionales. Ningún diputado de mayoría ostenta actualmente tanto poder en el organigrama funcional del congreso.
¿Cómo pudo reunir tal poder una diputada por la que ningún tlaxcalteca votó? La anomalía se debe en parte a una falla estructural en el diseño estructural del congreso; y lo demás lo pone la carencia de escrúpulos personales, ese antivalor revalorizado por la partidocracia.
Otro ejemplo que exhibe la debilidad del congreso ante cálculos espurios, poco racionales y probablemente corruptores, es la escandalosa manipulación del presupuesto legislativo para medios de comunicación, a cargo precisamente del Comité de Administración. En corrillos se comenta que Zenteno -a cuya intención de controlar se sumaron al parecer el candidato perredista del distrito 03, Tomás Orea, la insufrible Evangelina Paredes y un panalista ajeno al sector magisterial, Bladimir Zainos- ha exigido publicidad personal gratuita e impunidad, a cambio del voto de la chiquillada legislativa que representa.
Así, lo más peorcito de la LXI legislatura se junta para imponer su voluntad facciosa sobre las grandes bancadas. Zenteno y Zainos han pasado de noche; Orea es el hazmerreír del plano por las pruebas irrefutables de semialfabetismo que da cada vez que sube a tribuna.
Una propuesta resume el razonamiento anterior acerca de dichas fallas en la esfera del poder legislativo de Tlaxcala. Consiste en que las grandes y medianas bancadas: PAN, PRD, PRI, PVEM y PAC, deberían plantearse con toda seriedad una reforma al poder legislativo a fin de impedir que algunos legisladores inescrupulosos saquen raja excesiva y desvirtúen la representación popular, aprovechando su condición de “bisagras”.
¡Vivales insignificantes las están chamaqueando!
Implica, por supuesto, un acuerdo previo y perfectamente factible en la casa donde se hacen leyes. Bastaría estipular, por ejemplo, que la participación en la Junta, el Comité, la Mesa y algunas comisiones importantes, como Finanzas y Gobernación, quede reservada a las bancadas de al menos dos o tres miembros. No sólo no afectaría al pluralismo tal medida; de hecho, pondría a salvo la noción de representación parlamentaria democrática de los chantajes y las extorsiones de diputados que apenas se representan a sí mismos o a padrinos tras bastidores.
COHETERÍA
SECUSTRADORES VS PVEM. La conspiración pluripartidista contra el PVEM en el seno del INE confirma que los partidos de la fallida partidocracia mexicana nos han tomado como rehenes a los ciudadanos. El enloquecimiento (Arturo Escobar dixit) de los secuestradores se ceba hoy en el Verde; pero podría replicarse mañana contra cualquier otro partido.
¿Es falta grave desobedecer leyes abusivas? Obviamente es una obligación moral hacerlo así, de modo pacífico, si se es un demócrata sincero. Y es encomiable, pienso, que el partido Verde se atreviera a desafiar a los secuestradores de la voluntad popular. ¡Que cuenten con mi voto en los próximos comicios!
El INE no debe tener atribuciones para decidir cuándo un aspirante o un candidato se comunica con los ciudadanos con cualquier propósito; ni cuándo un encuestador levanta una encuesta de opinión pública; ni cuándo y a qué precio un partido contrata publicidad con un medio de comunicación; ni a confiscar tiempo a los medios electrónicos para sus propios fines de “árbitro”.
La conciencia y la opinión de los ciudadanos no es propiedad del INE, ni de los partidos que designan en el congreso a los consejeros seudo ciudadanos, ni del gobierno en general. Por eso no hay nada similar al INE en ninguna democracia real y exitosa del mundo civilizado.
Hay que decirlo con todas sus letras: el INE, como antes el IFE, son mascaradas totalmente ajenas a la voluntad de los ciudadanos.
El INE, como antes el IFE, son solamente brazos de la partidocracia. Sus consejeros seudo ciudadanos –elegidos a la vista de todos como cuotas de los partidos- son, en los hechos, vulgares secuestradores de la voluntad ciudadana. De ninguna manera es el INE una “institución que nos hemos dado los mexicanos” ni una institución “ciudadanizada”. Para nada.
No hace falta decir que la frankesteiniana maraña de leyes y reglamentos urdida por los partidos desde el INE a nombre de los ciudadanos secuestrados se presta admirablemente a la simulación de la democracia. “La multitud de leyes presta excusas a los vicios”, dejó escrito René Descartes en un pensamiento que se ajusta bien al árbitro que hoy usurpa y ha hecho rehenes a los ciudadanos mexicanos.
Ahora son el PVEM y los medios de comunicación digitales las nuevas víctimas del Frankestein partidocrático; como los son, desde hace muchos ayeres, los medios electrónicos y los encuestadores.
Las democracias reales, nuestros referentes, no necesitaron nunca ni un INE ni un IFE para hacer la sencilla tarea de contar votos. Tampoco echan al caño de las cuentas bancarias de consejeros electorales, miles de millones de pesos. Tampoco expropian su tiempo a televisoras y estaciones de radio so pretexto de un mendaz interés público. Tampoco prohíben a los encuestadores hacer encuestas cuando se les pegue la gana y sin avisar a ninguna autoridad. Tampoco exigen a los medios sus tarifas de publicidad y tampoco deciden cuándo puede un ciudadano que aspire a gobernar a sus conciudadanos, comunicarnos libremente su ideario.
Todo esto es innecesario –y en el peor de los casos, una trampa propicia a arbitrariedades, como la que ahora se hace contra el PVEM.
GRILLA CONTRA DIGITALES. Volviendo al intento de ahorcar mediante la manipulación facciosa del presupuesto destinado a comunicación a los medios digitales alternativos, los que mejor comunican al congreso con los jóvenes electores y los que pronto lo serán, cabe una glosa adicional.
Hace no tanto, una legisladora denunció desde tribuna la práctica “chayotera” del reportero que cubre la fuente para El Sol de Tlaxcala, medio que no solamente no removió al cuestionado ni desmintió el señalamiento; sino que en un alarde de poder, acaba de imponer a una reportera de sociales, Carmen González Altamirano, quien pronto hizo pareja con Zenteno en la brusca y arbitraria modificación de los convenios de publicidad en detrimento de los portales digitales.
Ese periódico del grupo del fallecido Mario Vázquez Raña enraizó a la sombra de las prácticas del siglo xx entre los tlaxcaltecas, hasta convertirse en el medio dominante; y sin embargo, su credibilidad es muy cuestionable en el siglo xxi, a juzgar por su rotunda incapacidad de conectarse con los jóvenes y los ciudadanos de la era del Internet. Sin temor a exagerar, El Sol de Tlaxcala –cuyo tiraje y venta del impreso, amén de su credibilidad, son los secretos mejor guardados del periodismo local- se halla muy por debajo de la mayoría de los portales digitales...
Hoy, la potencia comunicativa de El Sol de Tlaxcala ha tornado básicamente inercial y se sustenta en maniobras y pactos políticos. Además del legislativo, controla dicho diario la comunicación del poder Judicial y asimismo de numerosos ayuntamientos y dependencias locales y federales. Es un mal ejemplo, una excrecencia que no ayuda al compromiso (legal y discursivo) de ahondar en la democracia mexicana.
Actualmente, la principal fortaleza de todos los diarios paradigmáticos es su página web, no la edición impresa. Esto vale para The New York Times y Financial Times, The Washington Post y Le Fígaro, El País y El Universal. Es un grave, un aldeano yerro apostar por la edición impresa de El Sol de Tlaxcala al restringir la publicidad del Congreso en los portales digitales. Mejor sería que exigieran a este periódico que transparente su tiraje real y que demuestre su valía real mediante su portal digital interactivo. El congreso no debe rebajar sus criterios a los niveles propios de Zacatelco y Tepeyanco.
Viene lo anterior a cuenta porque el actual ideario nacional obliga a los actores a someter su conducta a la observación abierta de la polis, y esto no es posible mediante la seudo comunicación orientada. La vocación democrática, desgraciadamente precaria y escasa, implica la presencia de periodistas independientes del poder cuya función sea vigilar y hacer seguimiento libre del accionar gubernativo. Es un riego, sí, pero también la principal garantía para contener las humanas tentaciones y corregir los inevitables excesos.
¿Que los periodistas nos equivocamos de cuando en cuando? Sin duda. Como se equivocan, también con frecuencia, los gobernantes. La prensa entraña un riesgo, sí, pero es factor insustituible de transparencia. Esto lo prueban las democracias más exitosas que han acotado la corrupción pública; aquello, lo corrige la pluralidad periodística.
La pretensión de evadir tal riesgo por la vía de la dominancia de unos pocos medios impresos ha naufragado en todo México. Es hora de admitirlo y de actuar en consecuencia, dando una oportunidad a la prensa digital.
BURLA DEL ESPÍRITU PLURI. Cabe oponer a los defensores de los cargos plurinominales, quienes les atribuyen la virtud de permitir el acceso a las legislaturas por esa vía de políticos con experiencia o talento singulares, la pregunta: ¿a poco se cumple ese fin en María de Lourdes Huerta Bretón?
No nos engañemos: esa mujer está allí, cobrando una fortuna por subir a leer a tribuna o para solicitar dispensas de segunda lectura, sólo porque su esposo Víctor Fernández (actual secretario estatal del PAN) decidió aventarla por delante… para engordar el ingreso de la familia. Ni méritos personales, ni experiencia política ni capacidad intelectual avalan su presencia en el Congreso de Tlaxcala.
Si de experiencia política y partidista se trata, un mar separa a esa esposa de un Salvador Méndez, ex alcalde de San Pablo y ex presidente estatal del PRD; del posgraduado y académico Serafín Ortiz; de un Silvano Garay con tablas en la política nacional y un Baldemar Cortés, ex presidente estatal de MC; e incluso de un empresario inteligente como Gilberto Temoltzin, un activista apasionado como Santiago Sesín o una aguerrida funcionaria de partido como Eréndira Jiménez.
En estos casos hay asideros para justificar su acceso al congreso por la vía pluri; en aquellos, ninguno. No, no son lo mismo unos y otros diputados plurinominales.