La gente gritaba a los reporteros gráficos… ¡Fuera demonios! durante el enfrentamiento físico entre católicos de Ayometla que al repique de campanas se liaron a golpes, mientras las mujeres blandían como espada la biblia, rezaban aves marías y rociaban con agua bendita a sus oponentes, todo esto a causa del párroco René Hernández Juárez.
Desde el momento en que inició el conflicto en Santa Catarina Ayometla, ha reinado la necedad e intransigencia de las partes que este miércoles estalló en violencia, las parte siguen en su postura y nadie cede, pese a la presencia de granaderos.
“Se quisieron pasar de listos”, fue el comentario de algunos de los integrantes del grupo que se opone a que siga al frente de la parroquia el ahijado del obispo, “el cura Francisco de largarse”, fue el comentario.
El enfrentamiento se ha gestado durante meses con marchas y declaraciones en los medios de comunicación, mientras el templo permanece cerrado luego de ese encuentro que acabó en mordidas.
El nombramiento de los fiscales y el manejo del dinero figuran en este escenario que hoy registró un enfrentamiento, se dice que hay lesionados o golpeados tras el zafarrancho entre ambos grupos.
Resulta que mientras parte de los feligreses defienden al cura y sus decisiones de nombrar a su gusto a los fiscales, loa otra parte del pueblo que se opone simplemente exigen que se respeten las tradiciones y costumbres.
Todo empezó cuando al cura Francisco Hernández Juárez se le ocurrió nombrar a un Consejo Diocesano, con las mujeres que le siguen y que intervienen directamente hasta en las misas.
Luego de organizar a su grupo, y nombrar el consejo, decidió nombrar, con el apoyo de su gente a los nuevos fiscales, de tal forma que cuando llegaron los fiscales nombrados por el resto del pueblo, estos fueron rechazados.
Incluso se fueron a quejar a la Diócesis de Tlaxcala, pero los mandaron con cajas destempladas ya que el obispo Francisco Moreno barrón se ha negado una y otra vez a cambiar al párroco y a permitir que el pueblo nombre a los fiscales.
Los inconformes narraron que desde a década de los 50, cuando inició la parroquia el pueblo es quien nombra a los fiscales, que a su vez se encargan de colectar cada fin de semana las cooperaciones para el mantenimiento del párroco y del templo.
Y así han transcurrido los meses, con el templo cerrado con cadenas, lo mismo que la casa cural hasta el 7 de julio, cuando se realizaría una inspección con el
apoyo del INAH y de otras instituciones, para constatar el estado en que se encuentra en su interior el templo, lo mismo para constatar que no falte nada de valor.
La diligencias se suspendió y se reprogramó para este miércoles a las diez y media de la mañana, luego se pospuso para la una de la tarde y en lo que llegaban los diligenciaros del INAH, decidieron abrir el templo.
Agentes del Ministerio Público, personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de la diócesis de Tlaxcala acudirían al templo de la parroquia de Santa Catarina Ayometla para realizar una inspección del inmueble, como parte de la averiguación previa que se inició contra un grupo de pobladores que determinó cerrar la iglesia desde marzo pasado, en protesta por la continuidad de René Hernández como párroco.
Personal del Centro INAH–Tlaxcala realizaba la revisión al portón principal, otro grupo de alrededor de 20 personas, encabezado por el apoderado legal de la diócesis de Tlaxcala, Alejandro Nava y el sacerdote René Hernández, procedió a romper con pinzas o tenazas las cadenas y candados de otra puerta lateral.
Tras lograr esto, este grupo se dirigió al portón principal y con el mismo procedimiento logró ingresar entre cánticos católicos, vivas y lágrimas en los ojos en algunas mujeres al atrio para posteriormente abrir la puerta del templo. Las oficinas de la casa parroquial fueron el siguiente objetivo, así como el acceso a ésta por una calle lateral.
Para este entonces, parte del grupo antagónico ya se encontraba en el atrio de la iglesia, por lo que la pretensión de Alejandro Nava de abandonar el lugar fue detenida en seco, cuando Samuel Morales Saucedo –uno de quienes encabezan la parte contraria– le increpó su decisión de abrir los accesos de la parroquia.
Rodeado ya de varias personas, quienes le exigían una respuesta, Alejandro Nava no supo responderles ni tampoco mostró una orden oficial para abrir la iglesia como le demandaba Morales Saucedo, quien responsabilizó al obispo de Tlaxcala, Francisco Moreno Barrón, de esta decisión y de provocar enfrentamiento entre los pobladores.
“Yo soy el apoderado legal de la diócesis y de todos sus bienes. Este es un bien federal”, alcanzó a decir el abogado.
La discusión entre ambos se vio interrumpida cuando un hombre lanzó un puñetazo a Alejandro Nava y la inmediata respuesta de un seguidor del sacerdote fueron el detonante de la batalla campal, mientras algunas mujeres rezaban mostrando la Biblia y otras rociaban agua bendita.
Samuel Morales acusó a las autoridades eclesiásticas de estos hechos, pues aseguró que hasta el momento no hay avances respecto de la averiguación previa que se inició contra el grupo que encabeza por haber cerrado la iglesia.
Por ello, calificó de sorpresiva la acción de Alejandro Nava y del sacerdote, y lamentó que esto haya provocado enfrentamientos entre los pobladores.
Después de que el sacerdote abandonó la parroquia, Samuel Morales y el titular de la CES, Oreste de Jesús Estrada Miranda, así como funcionarios de la Secretaría de Gobierno (Segob), acordaron que la iglesia quedará bajo resguardo del grupo contrario a René Hernández.
Lo anterior con el argumento de que el templo debe permanecer abierto para evitar daños por la humedad.
Estrada Miranda observó que no puede establecer una vigilancia permanente en el templo, pero se comprometió a enviar dos patrullas a hacer recorridos con la finalidad de evitar algún robo o daño al arte sacro que resguarda esta parroquia.
Llegaron elementos de la policía estatal, para resguardar la seguridad, pero en los momentos en que se abría la puerta principal, los seguidores del cura decidieron romper las cadenas de la casa cural.
Esa fue la gota que derramó el vaso y los opositores al párroco entraron en discusión, de las palabras pasaron a los empujones y de ahí a los golpes, la batalla fue campal.
Por un lado los hombres se liaban a patadas y golpes, mientras que las mujeres también participaron y hasta una de ellas utilizó una biblia para agredir a sus oponentes.
Los granaderos fueron testigos inmutables de lo que pasaba en el atrio del templo, y como no intervinieron la violencia los enfrentamientos se generalizaban entre el toque de campanas que llamaban a zafarrancho.
¡Lárguense demonios!, gritaron las enfurecidas mujeres a los reporteros gráficos y así se replegaron para cubrir la entrada entre rezos de adres nuestros y aves marías.
Tras la salida del párroco, como por arte de magia, las aguas retomaron su nivel y la gente se calmó, mientras se estableció un cinturón de seguridad y las campanas dejaron de repicar.
EL PÁRROCO NO SE VA: OBISPO
En conferencia de prensa en la sede de la Diócesis de Tlaxcala en la capital del estado, el obispo Francisco Moreno barrón realizó una conferencia de prensa para fijar su postura en torno a los hechos violentos ocurridos en Ayometla.
“La última decisión que se tomó, fue que el padre René abandonara la casa cural, con el apoyo de los granaderos con la única intención de resguardar su integridad y lo que realmente nosotros queríamos, era darle la vuelta a la hoja”, explicó.
Pretendíamos inaugurar un tiempo nuevo de parroquia, en paz y a esta gente ya se les ha dicho que están fuera de la ley y en contra de las disposiciones de su parroquia, hay un empecinamiento y preocupa la integridad del padre.
Indicó que la decisión es pastoral y que los inconformes se integren, pero sin imponerse a las leyes civiles, ni la autoridad eclesiástica, “hago un llamado a estas personas, para que reconsideren las cosas y que todos debemos respetar la ley y ser respetuosos de las disposiciones de la jerarquía de la iglesia”.
Les deseo que reflexionen y depongan sus ánimos violentos, y ofreció estar pendiente de los hechos y dar seguimiento de los hechos, sin claudicar en sus derechos.
“Ellos no tienen ningún derecho de meterse, seamos respetuosos de las instituciones, en este caso de la iglesia, por lo que hago un llamado a la paz y anteponer un clima de reconciliación”.
Nadie puede estar por encima de la ley.
Dijo que en tanto, el párroco no se va, permanece al frente de su encomienda. mientras el asunto se encuentra en manos de las autoridades competentes.
Tal vez lo que se quiere es que corra en serio la sangre o que se enluten uno o varios hogares por defender su fe, hechos que nos llevan al tiempo de los cristeros, epro ahora en esta guerra moderna, solo importan los caprichos y la necedad… A VER HASTA CUANDO METEN PAZ.