Domingo, Octubre 11, 2015
- Las candidaturas sin partido abren la puerta del poder a gente sin otro mérito que ser pudientes
- Absolutamente quiméricas, las candidaturas ciudadanas sin un patrocinio financiero sólido
- Ser valladar insalvable de ineptos y criminales, obligación principalísima de partidos políticos
Por grande que sea nuestro repudio a la partidocracia, como ciudadanos creo que erraríamos el camino si respaldáramos -sin previo y riguroso examen- a cualquier personaje extravagante, providencial, populachero y hablantín como el Bronco. Se entiende, cómo no, que las candidaturas independientes sean una alternativa al sistema de partidos que sufrimos, y a una clase política en general inepta y probadamente corrupta. Mas de ahí a dejarnos caer -así, sin más- en las redes del primero que se ofrezca como redentor de las arbitrariedades que nos agravian, hay un abismo que debe tenerse cuidado en salvar… sin mirar bien a quien le damos el voto.
Desencanto mal encauzado
Del punto crítico en que nos hallamos a la argentinización plena de la política mexicana hay sólo un paso… y es cortito. La desesperanza -y la ignorancia también- deben andar en cotas muy altas cuando -por poner un ejemplo- a un municipio de la importancia de Cuernavaca llega un sujeto con los antecedentes de Cuauhtémoc Blanco, al que no hago menos por haber sido futbolista, sino por ser un contumaz golpeador de mujeres, y un dandy de baja estofa, empresario de bares y asiduo cliente de antros y establecimientos similares y conexos.
Pudientes al acecho
Siendo una salida democrática viable para despresurizar el enojo de la gente y para ejercer sin restricciones el derecho constitucional a ser votado, las candidaturas sin partido tienen sin embargo ángulos a los que es necesario dedicar una cautelosa reflexión. Nada descubro, amigo lector, si afirmo que participar en un proceso electoral es una solemne tontería si no se dispone de una buena bolsa de dinero. Y es que -dicho sin ambages y aunque avergüence admitirlo- una parte sustantiva de los votos que se emiten se compra a billetazos. O a la inversa: un independiente que cuente con el patrocinio de uno o varios potentados sindicados, competiría ventajosamente contra cualquier adversario que le pongan enfrente.
Peligros de la apertura
Si quien quita y pone gobernantes es la élite acaudalada, y no el pueblo llano, la democracia deja de serlo, y se llama entonces plutocracia. Aúnque hay quienes no sin razón sostienen que -del neoliberalismo para acá- la política en México está al servicio del dinero, debe reconocerse que, hasta antes de Peña Nieto, cuando menos se ponía cuidado en guardar las formas. Mas ahora, con el advenimiento de las candidaturas sin partido, empleados-maniquíes con un legajo de instrucciones bajo el brazo podrán acceder al poder, impulsados por personajes u organizaciones indetectables. De darse el caso, la cuestión cobraría dimensiones de un orden diferente.
Intrusos malhechores
Si me siguió hasta aquí, lector amigo, quizá ya recordó la forma como influyeron los intereses de las televisoras en el 2012, así como la indignación que el hecho provocó en la sociedad. Mas no obstante el desequilibrio que generó en la equidad de la competencia, hubo un partido por medio, el PRI, y un cierto apego -quiero creerlo así- a principios y valores históricos intocables. Siguiendo ese razonamiento, es legítimo preguntarse si esos mismos límites los haría suyos un seudo independiente sin escrúpulos, llegado al poder con el único fin de servir a quien le proporcionó los recursos para ganar. En México -uno de los países más desiguales del mundo- todo puede ocurrir, incluyendo que el vehículo para empoderar a cualquier bribón embozado sea dinero de origen injustificable. Entonces sí, el caos sería absoluto.
Obligación de los partidos
La presente reflexión me ha llevado a conclusiones a las que -lo confieso- no tenía previsto arribar. Ha sido al analizar con usted, amigo lector, este tema de las candidaturas independientes cuando caigo en cuenta de que, en este atribulado México de hoy, la más principal de las responsabilidades de un partido es ser infranqueable aduana de impreparados, corruptos y sinvergüenzas. Cuando se trata de competir por cargos de poder, los institutos políticos han de mirar, antes que la fortuna personal, el capital electoral e incluso el perfil ideológico de los aspirantes, han de mirar, repito, si quienes los van a representar frente a la sociedad son ciudadanos sin tacha. Desde que dejó de cumplirse esa exigencia, se han multiplicado los abusos, las raterías y hasta los asesinatos. Y es que, casos menos llamativos que el de Abarca y el PRD, pero igualmente delictivos, se registran a montones a lo largo y ancho de nuestra república.
Depuración obligada
Se entiende que el propósito del constituyente al redactar la ley fue hacer realidad el derecho de todo mexicano a ser votado. Si ese derecho es ejercido por ciudadanos honorables, el objetivo central se habrá cumplido, sobre todo si se asumen y ponen en práctica las prevenciones señaladas. Pero creo que aún habría que destacar -en adición a lo dicho- un efecto positivo más de la disposición: al quedar tácitamente abrogada la facultad exclusiva de los partidos políticos para postular candidatos, se les resta poder y se les obliga a corregir sus procedimientos. La decepción de los mexicanos con la democracia (Latinobarómetro, octubre 2015) es atribuible a la opacidad y la corrupción que priva en la administración pública y, en general, en los órganos de dirección del país. Y aunque no se le preste atención al hecho, lo cierto es que el punto de arranque de esa descomposición moral se localiza justamente en el anómalo y frecuentemente perverso funcionamiento de los partidos políticos.
¿Independientes en Tlaxcala?
No habría que descartar por completo el que, aquí en Tlaxcala, se registren como independientes aquellos políticos que se sientan marginados por su partido del proceso para elegir candidato a gobernador en el 2016. Mas lo veo poco factible, en virtud de que ninguno de los que se mencionan en medios, ninguno, repito, tiene un discurso suficientemente diferenciado de los demás, condición sine qua non para encabezar una candidatura independiente con posibilidad de prender entre la gente por fuera de los cauces partidistas. En lo que hace a la posibilidad de una postulación genuinamente ciudadana, hay ya que decir que es inexistente, simplemente por el hecho de que una buena fama pública rara vez se asocia a la notoriedad mediática y a la popularidad política, y menos en un medio como el tlaxcalteca. Cosa distinta pudiera ocurrir en las disputas por las diputaciones locales y, sobre todo, por las alcaldías y por las presidencias de las comunidades, espacios en los que, al decrecer el tamaño de la demarcación electoral y el universo de sus electores, se hace más accesible y menos costosa la aventura de participar en una elección por la vía independiente, pese a la legislación deliberadamente obstruccionista acordada por el Congreso del Estado.