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Conforme pasan los días y se acerca el inicio de las campañas por la gubernatura en la entidad, todo parece indicar que la pinza se cierra hacia dos opciones con posibilidades reales de ganar la elección; por un lado está el PRI más por la fuerza del aparato de gobierno, pero con un candidato débil y sin visión como es Marco Antonio Mena pupilo del gobernador Mariano González; mientras que por el otro lado está el PAC donde el oficio político del ex gobernador Héctor Ortiz ante los conflictos y divisionismo en los partidos PAN y PRD, ha sido un canal importante para Serafín Ortiz cuya imagen crece positivamente con rapidez.
La inestabilidad política que se vive en la entidad; el cambio generacio nal de políticos; así como las malas estrategias publicitarias han dificultado en demasía el posicionamiento de prácticamente todos los precandidatos a la gubernatura; pero también han sido una ventana de oportunidad para el proyecto que Serafín Ortiz ha llamado: “Tlaxformación”, y que abandera su precampaña rumbo a la gubernatura.
Por su parte, el PRI tiene una tarea que cada vez se complica más para alcanzar a retener la gubernatura para el marianismo a saber:
Ya resulta ocioso -pero se tiene que expresar-, señalar que el actual gobierno que encabeza González Zarur ha frenado el desarrollo de la entidad; en este sexenio se han generado unos cincuenta mil pobres más en Tlaxcala según cifras del Coneval e INEGI.
El desempleo casi alcanza el cinco por ciento; las inversiones privadas no llegan a la entidad y la Inversión Extranjera Directa (IED) ha dejado de voltear hacia Tlaxcala por ser uno de los estados donde hay menor desarrollo a nivel nacional.
Los campesinos se quejan de falta de apoyo, el fertilizante es saqueado, los programas del campo sólo benefician a los amigos y familiares de los funcionarios de gobierno, los programas sociales están en el olvido, y la inseguridad sigue en ascenso con hechos violentos y asesinatos impunes que en Tlaxcala antes no se daban.
Todo esto ha dado una imagen terrible al gobierno marianista, y es obvio que su candidato a la gubernatura, Marco Antonio Mena tendrá que cargar con ella, pero en lugar de desmarcarse –aunque honestamente esto era casi imposible-, no sólo no niega a su creador político; sino que se pronuncia por dar continuidad a un gobierno que ni si quiera fue capaz de gastar en una llamada telefónica para dar su apoyo –al menos moral-, a la familia de César Manuel González el estudiante de Huamantla que está entre los normalistas desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa.
Los discursos de adulación a un gobierno represor como el de Mariano González salen sobrando siempre, pero más ahora que Tlaxcala necesita un proyecto de gobierno sensato que logre reactivar el desarrollo en prácticamente todos los sectores de la entidad.
Sin embargo, parece que Marco Mena no lo cree así, y sus discursos de precampaña son una exaltación y casi enamoramiento de la imagen del gobernador, donde obviamente no está midiendo los costos que esto le puede generar en las urnas; y que en el actual escenario lo hace ver como un precandidato débil en un PRI dividido.
Y mientras tanto, Lorena Cuellar del PRD y Adriana Dávila del PAN, han caído en las arenas movedizas de la desesperación donde casi a unas semanas de iniciarse las campañas no lograron unificar a sus fuerzas, menos a fuerzas de otros partidos, y esto junto con los votos que les pueda quitar Martha Palafox en MORENA, las catapulta a una derrota inminente.
Es así que el orticismo de continuar estas tendencias puede abanderar la oposición contra el candidato del gobierno marianista; de momento Serafín Ortiz está logrando la simpatía con grupos de diferentes partidos; haciendo los amarres con diferentes sectores de la población enojados con el gobierno marianista; y el electorado lo empieza a voltear a ver como una opción viable a la gubernatura.