.
A unas semanas de que inicien las campañas políticas rumbo a las elecciones de este año se percibe un claro vacío en los discursos de los candidatos a la gubernatura secundado por los de los candidatos a los demás cargos de elección, lo cual ha generado incertidumbre en el electorado sobre a quién dar su voto; y donde todo esto es producto principalmente de los intereses personales de varios candidatos, de los múltiples conflictos internos en varios partidos y de la falta de presencia de los candidatos, entre otras cosas.
Hoy tenemos un proceso electoral encaminado a convertirse en una elección de estado para favorecer las aspiraciones a la gubernatura del candidato del PRI Marco Mena, pero que éste no sólo se ve como el de presencia más pobre de todos los candidatos a este puesto; sino que maneja un discurso que no tiene ni pies ni cabeza.
Referir que su proyecto político era dar continuidad al gobierno encabezado por el actual gobernador Mariano González, no sólo lo hace ver como un candidato sin ideas propias; sino como sumiso al gobernante tlaxcalteca más criticado por sus excesos y pésimos resultados.
Q tan perdido está en su discurso Marco Mena que apenas el fin de semana en un claro evento de campaña anticipada a la elección por la gubernatura en el municipio de Teolocholco, aceptó que durante muchos años han estado: “divididos, peleados, fragmentados”, dijo, “hay quienes usan la política con esa cara, la cara del enojo, la cara de la división, la cara de la fragmentación y la cara de la generación del odio”.
Pero nunca dijo a quiénes se refería, y ante la cara de sorpresa de los presentes parecía que de quien hablaba era de su jefe político Mariano González Zarur, que en todo caso ha sido el actor más importante en la pulverización de la política tlaxcalteca en el presente sexenio.
Este desatino, o error, o estulta expresión de Mena Rodríguez en su discurso político que con voz suave quizá traicionada por sus hormonas varoniles, no lo sigue llevando, sino por aguas turbias a un remolino que de no cambiar las cosas lo devorará perdiéndolo de la anhelada gubernatura.
Por su parte la panista Adriana Dávila aspirante panista al mismo puesto trae un discurso muy semejante al de Marco Mena, donde la realidad de la que habla no tiene nada que ver con la realidad que actualmente se vive en Tlaxcala, de crecimiento de la pobreza, inseguridad, presencia delictiva, desempleo, entre otros grandes problemas.
No, su discurso es un discurso personal triunfalista, que emite a un panismo desquebrajado, dividido y muy distante de sólo poder obtener la gubernatura para esta candidata que más bien vive en el país de las maravillas alejada de la realidad de la entidad.
En el caso de Lorena Cuellar que hizo una campaña mediática desde hace un par de años que le trajo una imagen más o menos positiva, ella misma casi se la acabó, debido a que no renovó su discurso político, y al llegar el escenario que hoy se espera de discursos fuertes y centrados en la realidad, sus nexos al poder gubernamental han hecho un discurso extremadamente de tibieza contra los excesos del gobierno.
Ello junto a los grandes problemas del perredismo que cada vez parecen hacerle perder más adeptos no parece augurar al menos alguna mejoría para la campaña de la senadora perredista con licencia.
Serafín Ortiz candidato del Partido Alianza Ciudadana a la gubernatura cambió su discurso académico por un discurso político de oposición al gobierno marianista que le ha dado mayor presencia; sin embargo el tiempo para posicionarlo va a ser determinante; ya que sólo cuenta con dos meses que es lo que durará la campaña.
Pero aquí hay varios activos para Serafín Ortiz y el PAC; uno de los principales es la promoción que a los Ortiz les hizo el propio gobernador Mariano González durante todo el presente sexenio; pero quien no sólo falló en borrarlos políticamente; sino que los mantuvo vigentes y como claros enemigos a su causa.
Y precisamente es lo que cualquier candidato necesita para posicionarse, ser visto como la oposición real a un gobierno excesivo como el actual.
En el caso de Martha Palafox de todos es conocido sus nexos con el priismo; lo cual además dejó en claro el priista Emilio Gamboa Patrón en su emotivo discurso de parabienes hacia la Senadora cuando le dieron su licencia para dedicarse a su campaña.
Entonces el discurso de López Obrador contra el PRI en Tlaxcala viene a ser una contradicción, y lo cual ha provocado desconfianza natural entre el electorado hacia la candidata de MORENA quien mantiene un discurso poco emotivo, breve y poco claro.
Por su parte a Edilberto Algredo en Movimiento Ciudadano parece ser que lo ha rebasado la publicidad que tiene en comparación con sus apariciones en los medios, con un breve discurso cuasi romántico, y en medio de una izquierda dividida que nada más no levanta.
A estas alturas y a punto de arrancar las campañas por la gubernatura más allá de las estructuras, los ciudadanos común y corrientes –por así decirlo-, es difícil que puedan tener ya una visión más o menos clara sobre a quién podrían dar su voto -aspecto preocupante para los candidatos-; pero que hoy por hoy, se necesita una opción diferente a la ociosidad y corrupción que se ha vivido en el presente sexenio, y esta aún no se vislumbra.