Pese al ambiente de pasional competencia electoral, votar debe ser un acto de ciudadanía consciente
Interesante y aleccionador, sería un debate en que sólo participaran los candidatos que van en cabeza
Horroriza imaginar la gran tragedia que pudo haber causado el descarrilamiento del tren en Apizaco
Inicio estas líneas citando a Fernando Savater, el reconocido filósofo y articulista español. El pensador donostiarra las publicó a raíz del fracaso de los liderazgos políticos de aquel país para construir una mayoría parlamentaria que les permitiera formar gobierno. Así, los electores españoles tendrán que volver a las urnas para expresar su voluntad en una segunda elección. Y como en Tlaxcala tenemos también una cita electoral -la nuestra con el objeto de elegir gobernador, alcaldes y diputados el próximo 5 de junio- considero oportuno, amigo lector, que conozca sus muy pertinentes reflexiones.
El voto de los arrepentidos
“…el pueblo -escribe Sabater-, lejos de ser infalible, obrando en conjunto, puede equivocarse, tal como cada uno nos equivocamos por separado. Aún peor: su libertad política -la del pueblo, se entiende- consiste en que tiene el santo derecho a equivocarse. A lo que no tiene derecho es a decir después “¡¡¡a mi no me representan!!!”, cuando antes no prestó la debida atención a las mil fuentes de que hoy disponemos para calibrar la catadura de cada candidato, y el realismo o fraude de sus propuestas…”. Como para pensarlo, ¿no cree usted?
En pos del voto indeciso
La suma de experiencias recabadas durante la aún corta vida de nuestra democracia electoral sugieren -con un margen de certeza aceptable- que por lo menos la cuarta parte del electorado -alrededor de 130 mil personas en el caso tlaxcalteca- esperan hasta el final de las campañas para determinar a qué candidato beneficiarán con su voto. Y qué, además, algo así como la sexta parte de quienes se apersonan el día de los comicios en la casilla -unos 80 mil ciudadanos- llegan a ella sin tener una decisión tomada y, por tanto, es frente a la boleta y ya con el crayón en la mano, cuando definen el sentido de su sufragio. Lo anterior da una idea de la magnitud del universo de votantes por el que los candidatos -en una primera instancia-, y los operadores partidistas -en una segunda- están batallando por convencer.
Efervescencia al tope
Quedan tres y media semanas de campaña, y cuatro para la elección. Para cuando usted tenga en las manos el periódico de este lunes, los candidatos a presidentes municipales, a presidentes de comunidad, y a diputados locales apenas habrán cumplido sus primeros siete días de actividad proselitista y, dado el escaso mes de que disponen, ha de suponerse que todos ellos -en conjunto suman varios miles de aspirantes- trabajan con el acelerador a fondo. Con tamaño ejército de aspirantes en las calles, la competencia por la renovación de los poderes políticos cobrará, en sus varios niveles, su mayor intensidad. En ese escenario, igualados ya en el conocimiento de la gente los candidatos punteros, difícilmente quedarán ciudadanos que permanezcan ajenos al evento electoral del 5 de junio. Otra cosa es que vayan a votar…, pero enterados si que estarán.
Opacidad sin penalidad
Para ese entonces, ya estaremos enterados de cuáles candidatos cumplieron, y cuáles no, con la exigencia de atender la demanda de la sociedad para que presenten su tres de tres. Como usted sabe, trátese de una iniciativa de ley que, integrada al Sistema Nacional Anticorrupción, pretende exhibir, y castigar en su caso, la forma libertina con que una buena parte de la clase política utiliza en su beneficio, o de plano se apropia, de los bienes del erario. Esa ley -que no lo es todavía, puesto que su aprobación sigue empantanada en el Congreso de la Unión- incluye tres declaraciones: la patrimonial, la fiscal y la de intereses. El tema lo abordó, amigo lector, sin la menor convicción, ya que, hoy por hoy, su incumplimiento -o su falseamiento, que es peor, por el engaño deliberado que entraña- no conlleva penalidad ninguna.
Ocultamiento comprensible
¿Por qué entonces hay candidatos que se resisten a cumplir públicamente con esa demanda social? La mayoría de los reticentes encajan en alguno de estos dos supuestos: 1) no querer, o no poder probar el origen lícito de sus fortunas y, 2) no querer revelar el monto de sus haciendas pues, aunque hayan sido hechas con procedimientos legales, resulta penoso -o riesgoso- exhibir su desmesura. Asesores electorales hay que aconsejan a los aspirantes ocultar sus bienes, e incluso ponerlos a nombre de terceros; de lo que se trata es de proyectar una imagen de ciudadano esforzado que vive acorde a la idílica discreta medianía que Juárez en su tiempo recomendaba a los mexicanos. No van desencaminados los tales asesores, ya que, en la actualidad, solicitar votos a un pueblo pobre desde una posición de opulencia, es fórmula condenada al fracaso.
Transparencia ficticia
Por lo pronto, la tres de tres ya la hicieron pública Marco Mena, Adriana Dávila y Lorena Cuéllar, así como uno que otro candidato a edil, y a alguno más a diputado. No tienen problema al hacerlo: en tanto mantengan su condición de meros aspirantes, la autenticidad de sus declaraciones podría valorarla la sociedad, al juzgar los signos externos de riqueza y ostentación. Cosa distinta será cuando lleguen -los que lleguen- a ocupar el cargo por el que pugnan, cuando ya sería la ley y los mecanismos del Estado los que realicen la tarea. Mientras sólo puede adelantarse que hay algunas de esas declaraciones que mueven, o a la indignación o a la risa, de tan alejadas que están de la evidente fama pública de sus declarantes. Resignémonos: en esta elección quizá no sepamos más al respecto, pues las complicidades en esa materia no conocen rivalidades ideológicas ni electorales. Tal como están hoy las cosas, a nadie -o corrijo, a muy pocos- le conviene hurgar en las cuentas de los demás…, a fin de que nadie hurgue en las propias.
Deseable, un debate a tres
Volvamos a esa última etapa de las campañas, dentro de la cual tendrá un papel destacado el segundo debate, cuya duración ahora fue extendida media hora más. Esa confrontación entre aspirantes, empero, adolecerá de un problema esencial; en ella participarán otra vez los ocho candidatos -o siete, si se confirma que uno de los rezagados ya defeccionó-, a sabiendas que sólo tres, o cuando más cuatro, representan opciones políticas de interés para los electores. El modelo español contempla -por ejemplo- un primer encuentro entre todos los contendiente -debate a siete le llaman-, y uno segundo, un debate a cuatro entre los partidos mejor ubicados según los promedios demoscópicos del momento. Finalmente, si así lo acuerdan quienes encabezan las listas de las fuerzas políticas punteras, puede darse un último y definitorio debate a dos. Pero ese es allá…
ANTENA ESTATAL
Descarrilamiento en Apizaco
Como en todo accidente ferroviario, lo que procede es conocer las causas que lo originaron. Una vez que se pudo comprobar que el aparatoso percance milagrosamente no tuvo un saldo trágico, las autoridades federales -en particular la SCT, pero también la PGR-, bajo cuya jurisdicción está la reglamentación y control del tránsito de los ferrocarriles por el territorio nacional, esas autoridades, repito, deben proceder a realizar un minucioso peritaje que arroje luz sobre lo ocurrido. La habitualmente desinformada delegada federal, Hortensia Martínez Olivares, tiene la obligación de tomar cartas en el asunto y, tal como lo ofreció, explicar este mismo lunes qué pasó, quien o quienes son los responsables, y qué medidas es preciso tomar para evitar la repetición en zonas urbanas de sucesos similares.
Ilesos de milagro
Quien quiera que haya visto las fotografías, tiene que haber imaginado las espantosas consecuencias que pudo tener el tal descarrilamiento. Los servicios gráficos de El Sol de Tlaxcala realizaron un notable despliegue informativo, gracias al cual la opinión pública cobró conciencia del drama que pudieron haber sufrido las familias que tienen sus viviendas en el entorno afectado. ¿Qué faltó para que el accidente enlutara a cientos y tal vez a miles de apizaquenses? ¿de qué tragedia estaríamos hablando si los vagones descarrilados hubieran contenido explosivos, o algún otro tipo de material letal para la salud de quien lo toca o lo inhala? ¿va a seguir permitiéndose que existan asentamientos humanos cercanos o incluso dentro del derecho de vía de los ferrocarriles?
Para la Primera Plana
Igualados ya en el conocimiento de la gente los candidatos punteros, difícilmente quedarán ciudadanos que permanezcan ajenos al evento electoral del 5 de junio. Otra cosa es que vayan a votar…, pero enterados si que estarán.