OPINIÓN

El arribo de Marco Antonio Mena al Ejecutivo Estatal tlaxcalteca concita halagüeñas expectativas/ Tiempos de Democracia

Infundir confianza en la sociedad, fórmula para hacer olvidar la arrogante intransigencia de su antecesor

Domingo, Enero 1, 2017

 

Ubicar la realidad económica y social de Tlaxcala en el lugar exacto en que se halla es tarea fundamental

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Restañar heridas y superar resentimientos disipará los enconos sembrados durante el anterior sexenio

 Armado con las privilegiadas herramientas de la experiencia y el conocimiento, con Marco Mena llega al gobierno de Tlaxcala un político excelentemente preparado para conducir con firmeza y acierto los destinos de la entidad. Como lo demostró en los dos debates del proceso electoral en que participó, no se arredrá ante los ataques y controla a la perfección sus emociones, virtudes estas que, sumadas a su proclividad evidente al diálogo, otorgan a la ciudadanía la seguridad de que, si llegara el caso, se podrá diferir con sus propuestas sin que las diferencias no sólo no generen reacciones irascibles si no que, antes al contrario, contribuyan a abrir espacios útiles a la discusión constructiva y razonada.

Tolerancia y cooperación

 Con Marco Mena en el gobierno será posible discrepar sin que al discrepante le caiga encima la represión del estado. Parto de la certeza de que la característica fundamental de un liderazgo inteligente no es el autoritarismo, sino la capacidad para proponer objetivos y aunar voluntades para alcanzarlos, por supuesto bajo la lógica de un entendimiento razonado y no de un alineamiento forzoso. En ese escenario de libertades, tengo para mí que será bienvenida la crítica objetiva que coadyuve con el gobierno a restablecer la extraviada armonía social y a crear canales de comunicación política por los que las ideas fluyan sin impedimentos ni obstáculos.

Realidad tergiversada

  Una narrativa fantasiosa hizo creer a un sector desinformado de la población que el antecesor de Mena entregaba “…un estado próspero…”. No hay tal; los indicadores que no son de coyuntura siguen ubicando consistentemente a Tlaxcala entre las entidades con mayor marginalidad y pobreza de la República. La definición de próspero, en su primera acepción, alude a “…una cosa favorable, propicia y venturosa…”; y en su segunda, “…a una persona o cosa que tiene éxito económico…”. Está claro que ninguno de esos signos son perceptibles en la vida diaria de los tlaxcaltecas; estamos pues ante un sofisma basado en indicadores (v.gr. empleo formal), que pese a mostrar una tendencia hacia un discreto crecimiento siguen yendo muy a la zaga de los promedios nacionales.

Eficacia, rectitud y moralidad

  Como es sabido, se puede decir una mentira sin mentir y es posible engañar con datos verdaderos; la artimaña consiste en difundir hechos ciertos y en silenciar otros, induciendo así una visión falsa de la realidad. No es verdad pues que “…Tlaxcala está de pié…”, como se nos ha repetido una y mil veces; Tlaxcala sigue siendo, estimado lector, una entidad con un desarrollo menos que incipiente, urgida de una conducción eficaz -lo subrayo, eficaz- que nos dé ejemplo de rectitud y moralidad, y que luche denodadamente contra la impunidad y la corrupción, principal agravio infligido a una sociedad muy poco dispuesta a seguir tolerando latrocinios y abusos.

Civilidad democrática

 En lo político, Marco Mena recibe una sociedad gravemente escindida tras un sexenio de refriegas continuas. Ante esa evidencia, y a partir de la seguridad de que la inquina heredada no es el mejor clima para encaminar a Tlaxcala por la ruta del entendimiento, la designación de un hábil concertador como Florentino Domínguez al frente de la Secretaría de Gobierno pareciera apuntar a que, más temprano que tarde, habremos de ver los primeros acercamientos del gobierno con los partidos y grupos de la oposición. Por otra parte, del mismo Ejecutivo Estatal no tardarán en emitirse señales de concordia hacia los integrantes del Legislativo local que, con independencia de sus naturales diferencias ideológicas, muestren disposición a entablar conversaciones constructivas.

Diplomacia y buenos modos

  Menos fácil será intentar algo similar con los diputados federales priístas por Tlaxcala, habida cuenta que -en tanto otra cosa no se demuestre- los tres están alineados con el gobernador saliente. Faltarían las senadoras; las tres son de oposición y las tres fueron adversarias de Marco Mena en la reciente y duramente disputada elección. Mas si hay madurez de las partes, y si se privilegia el interés de Tlaxcala, importantes podrían ser los efectos que una buena relación con las tres legisladoras tendría para la entidad. Y con el Poder Judicial, nada más respeto y sana distancia, sin intromisiones que entorpezcan el trabajo de su actual máxima responsable, empeñada en poner orden ahí donde todos sabemos que no lo hay.

Un nuevo trato

  Otros sectores maltratados por el antecesor de Marco Mena fueron los organismos autónomos, elementos indispensables para el funcionamiento de la democracia. Me refiero, amigo lector, al órgano que garantiza -o debiera garantizar- el acceso a la información pública; al instituto a cuyo cargo está -o debiera estar- la conducción de los procesos electorales y, por último, a la comisión que es -o debiera ser- responsable de velar por la no vulneración de los derechos humanos de los tlaxcaltecas. Habiendo sido Mena parte principal de uno de ellos -en concreto del IFE-, no tiene porqué dudarse que respetará escrupulosamente su independencia y autonomía, y que, en la medida que a él le toque, facilitara su funcionamiento. Párrafo aparte merece la dañada relación del funcionariado estatal con los medios de comunicación, en específico del ex gobernador con la prensa, la escrita y la digital. Tengo la seguridad que el desdén y la distancia que imperaron durante los pasados seis tormentosos años serán reemplazados por un trato cercano, sereno y cordial.

Condescendencia desmedida

  En su discurso de toma de posesión, Marco Mena se mostró indulgente en exceso con su antecesor. Tan encendidos elogios de Mena hacia su predecesor pudieran ser parte del pacto convenido para que con la mayor presteza desaparezca políticamente del mapa. Sin ubicarlas en el contexto nacional, se refirió a algunas de las cifras engañosas que hemos escuchado hasta el cansancio los últimos meses. Un ejemplo: en relación con la variación del empleo asegurado durante los cuatro años del periodo del presidente Peña Nieto, Tlaxcala pasó de representar el 0.46% del total nacional al 0.49%, porcentaje distante del 1.1% que, en proporción con nuestra población, tendría que correspondernos. Dicho de otro modo: en vez de los 93 mil reportados, Tlaxcala debería tener alrededor de 190 mil trabajadores asegurados. Mas seamos justos: en esos cuatro años se superó el estancamiento y hubo un ligerísimo repunte que no alcanza ni remotamente para afirmar que la entidad “…ya está de pié…”, o por lo menos, al nivel de los estados de la República que se hallan a media tabla del ranking nacional.

De una gobernanza “típica” a una moderna

  Pero vamos a lo que importa. Sin dejar de mencionar que los tres lados del triángulo de prioridades de su gobierno serán educación, salud y empleo, la brevedad del mensaje de Marco Mena apenas si dio lugar a que bosquejara algunos de sus planes específicos. Dejó sin embargo claro cuáles serán los puntos de destino de sus principales políticas públicas y permitió entrever que diseñará escenarios viables con objetivos susceptibles de ser medidos por la ciudadanía. Todo ello inevitablemente estará sujeto a los vaivenes de un impredecible contexto nacional e internacional que demandará capacidad para adaptar los planes originales a las circunstancias políticas, económicas y sociales que cada coyuntura vaya marcando. De lo que no hay duda es de que, para sacar adelante los tres propósitos centrales de su gestión será necesario contar con el apoyo y buena fe del gremio de los trabajadores de la educación, de la salud y de las policías en sus distintos niveles. Cuestiones son las tres harto complicadas para ser enfrentadas y resueltas por los funcionarios que encabezarán esas carteras, Manuel Camacho Higareda, Alberto Jongitud Falcón y Hervé Hurtado Ruiz, respectivamente. Todo un reto. Y quedan para un siguiente artículo los comentarios acerca del resto de las designaciones del gabinete de Marco Mena, así como de la toma de posesión de la flamante alcaldesa de la ciudad capital, Anabell Ávalos Zempoalteca.  

 

 

Para la Primera Plana

 

La característica fundamental de un liderazgo inteligente no es el autoritarismo, sino la capacidad para proponer objetivos y aunar voluntades para alcanzarlos, por supuesto en la lógica de un entendimiento razonado y no de un alineamiento forzoso. 

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