OPINIÓN

Nada bueno hay que esperar de negociaciones en las que México participará en clara desventaja / Tiempos de Democracia

Ante un Trump megalómano y prepotente poco podrá lograr un Peña Nieto, pequeño y sin respaldo popular

Domingo, Enero 15, 2017

  El presidente, disminuido y sin autoridad: no es sólo que no se crea lo que dice, ¡es que ni se le quiere oír!

De exoneraciones precipitadas, de ausencias que no se entienden, y de presencias con lectura electoral

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  Legitimidad, credibilidad y confianza son palabras que, a fuerza de repetirse, han extraviado su significado original. Se desgastaron con el tiempo, de tanto insertarlas en frases intrascendentes a las que, salvo casos excepcionales, poco o ningún caso se les hace. Sin embargo, los recientes acontecimientos -y los que están a la vuelta de la esquina por ocurrir- sugieren la conveniencia de acercarnos a ellas para entender mejor el radical divorcio que existe entre el sentir de los mexicanos con el discurso y las disposiciones de su presidente. Para ese efecto, vale la pena hurgar en la semántica de esos tres términos, legitimidad, credibilidad y confianza, y también, claro, en el precio que paga quien, estando desposeído de esas cualidades, tiene la responsabilidad de gobernar una nación.

Valores fundamentales

  Un pueblo entrega su confianza a un gobernante cuando tiene la seguridad de que, para llegar al cargo, no se valió de recursos indebidos. Esa certeza -cuando existe- da base a la ciudadanía para pensar que el dicho gobernante no ahorrará esfuerzos para tratar de hacer realidad lo que ha ofrecido y que, además, no habrá circunstancia que le aparte de su compromiso de cumplir y hacer cumplir con lo establecido en la Constitución General de la República. De otro modo: si un presidente es legítimo y creíble, difícil será que la gente le retire su confianza, por complejo que sea el trance en que se vea inmiscuido, en el entendido, obviamente, de que ante esa o cualquier otra contingencia el mandatario se conducirá con altura.

Rosario de agravios

  Me he permitido llevarle hasta aquí, amigo lector, para persuadirle de que, en el ejercicio del poder, Peña Nieto dilapidó -si alguna vez las tuvo- esa trilogía de virtudes sin las que sus convocatorias a la unidad son llamados a misa que ni sus incondicionales atienden. Y cierto como estoy de que la opinión pública no precisa que se le enumeren los agravios perpetrados por su administración en perjuicio de la sensibilidad y los intereses de las mayorías, me limito a decir que, según mi saber y entender, fue el de la Casa Blanca el episodio que nos reveló con nitidez que Peña Nieto, antes que sincerarse con su pueblo, prefirió seguir por la vía habitual de la simulación.

Despecho justificado

  Todo lo que vino después fue llover sobre mojado. Es tal el deterioro de la imagen presidencial que, a estas alturas, cualquier intento de rectificación resultaría extemporáneo y estéril. La verdad no es que al presidente ya no se le crea…, ¡es que no se le quiere ni oír! El ocultamiento y el engaño, aunados a los continuos yerros en la conducción de la cosa pública, demolieron por completo la confianza y credibilidad en la persona que detenta la titularidad del Ejecutivo Federal, a un punto tal que el descrédito que sobre él gravita permeó hacia sus colaboradores con aspiraciones a sucederlo. Lo prueban las encuestas y las bajísimas notas con que la gente califica su desempeño en las carteras que les encomendaron.

Ciudadanía en acción

  En el campo opuesto, el de la sociedad civil y la prensa libre, hay ya mucha gente que trabaja para que, como ciudadanos, sepamos canalizar nuestra indignación hacia el uso de los instrumentos legales de que disponemos, tales como la Ley de Transparencia y, próximamente, la del Sistema Nacional Anticorrupción. Son esos los mecanismos de defensa con que contamos para enfrentar eficazmente la impunidad que cobija y protege a los abusadores del poder. Mauricio Merino, principal promotor de esa pedagogía ciudadana a la que aludo, sostiene que, por muy de avanzada que sean, las leyes por si solas son letra muerta, y que, para darles vida, hace falta que la sociedad alce la voz y deje sentir su fuerza, involucrándose, comprometiéndose y uniéndose. Ayer no había forma, hoy si la hay. Es cuestión de entenderlo, y actuar.

Mal parados

   Las complicaciones que plantea la inminente asunción del poder de Donald Trump en los Estados Unidos toman a México en pésimo momento. El capítulo más ríspido y difícil de las relaciones bilaterales recientes entre México y Estados Unidos nos sorprende con un presidente de la República en lo interno muy debilitado y sin respaldo popular, y en lo externo, desprestigiado y sin credibilidad. Por otro lado, la invasión a Los Pinos que con tanta facilidad llevó al cabo Trump -gracias tanto a la mala cabeza de Luis Videgaray como a la condescendencia de quien debió haberla impedido- anticipa para nuestro país tiempos aciagos, y arroja un sombrío manto de inseguridad e incertidumbre sobre el presente y el futuro de las nuevas generaciones de mexicanos…, las de aquí y las de allá.   

ANTENA ESTATAL -1-

Exoneración precipitada

   En refrendo a lo dicho en Tlaxcala por Osorio Chong en relación con la que calificó ejemplar transparencia de las cuentas públicas del ex gobernador González Zarur, en su toma de posesión Marco Antonio Mena confirmó que a su antecesor “…no hay nada que reclamarle…”.Sin embargo, un artículo firmado por Leticia Robles y Tania Rosas que se publicó en Excélsior el pasado 10 de enero, informa que la Auditoría Superior de Hacienda (ASF) encontró que los estados financieros de Tlaxcala están observados por el manejo irregular de 123 millones y medio de pesos. A fin de averiguar lo ocurrido con ese dinero “…gastado de manera incorrecta…”, la ASF ha abierto 56 acciones de seguimiento. De no aclararse satisfactoriamente esas observaciones se procedería a “…la presentación de denuncias penales por daño patrimonial federal…”. Cabe aquí decir que Marco Antonio Mena -junto con el primer círculo de sus colaboradores-, ya hizo pública su declaración “tres de tres”, una exigencia ciudadana a la que muchos ex gobernadores se resistieron. Uno de ellos fue -tomemos nota- González Zarur.

ANTENA ESTATAL -2-

La de Ortiz, una ausencia notoria

  Tema para la discusión en los círculos locales fue sin duda la ausencia de Héctor Ortiz en la toma de posesión de Marco Antonio Mena. Aunque las opiniones están divididas, la mía coincide con la de los que piensan que el vilipendiado ex gobernador dejó ir la ocasión de hacer frente con valor -desde la dignidad de la curul que el voto le confirió- a quien se cansó de zaherirlo durante todo un sexenio. Ni aun si su inasistencia a la ceremonia hubiese sido cosa convenida con el nuevo gobernador encuentro elementos suficientes que justifiquen haber rehuido el cara a cara con quien a través de los medios le imputó hechos anómalos que luego no fue capaz de comprobar ante los órganos encargados de impartir justicia.

ANTENA NACIONAL

Gurría en México

¿Qué hay detrás de la presencia de José Ángel Gurría en México, y de su vehemente y obsequiosa defensa de la liberalización del precio de los combustibles? ¿Tanta efusividad del secretario general de la OCDE tendrá relación con alguna aspiración a figurar en la cada vez más reducida lista de elegibles que tiene el PRI para 2018? En las circunstancias en que estamos, es oportuno recordar que Gurría es priísta desde 1968; que con Zedillo fue Secretario de Relaciones Exteriores y después de Hacienda; que entregó a Fox una economía estable y creciendo al 6.7%; que es economista por la UNAM y que tiene posgrados en Leeds (Gran Bretaña), Harvard y en la Universidad del Sur de California; que habla con fluidez seis idiomas y que lleva en su actual cargo una década completa. ¿Tendrá en mente Gurría seguir el ejemplo de Ban Ki-moon, quien fuera, también por largos diez años, secretario general de la ONU, y que ahora busca la candidatura a la presidencia de Corea del Norte, su país?

 

Para la Primera Plana:

 

La invasión de Los Pinos que con tanta facilidad perpetró Donald Trump, gracias tanto a la mala cabeza de Luis Videgaray como a la condescendencia de quien debió impedirla, anticipa para nuestro país tiempos extremadamente difíciles, arrojando un sombrío manto de inseguridad e incertidumbre sobre el presente y el futuro de las nuevas generaciones de mexicanos.

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