“Audiencias ciudadanas en tu comunidad”, un programa que acerca a la autoridad con las personas
Hay que tener entereza y seguridad en sí misma para enfrentar una asamblea pública sin auxilio de paleros
A esa clase de encuentros sólo se atreven quienes no tienen agravios pendientes… ni cola que les pisen
Hacer un buen gobierno municipal demanda: 1) poseer un conocimiento preciso de las necesidades ciudadanas; 2) tener disposición y voluntad para procurarles solución; 3) contar con una hacienda suficiente y, 4) ser honrado a carta cabal. ¿Fácil o difícil? Expresado en palabras pareciera un objetivo al alcance de cualquier persona bien intencionada; empero, la realidad apunta -la mayoría de las ocasiones- en dirección contraria; experiencias recientes han probado que hallar a un presidente municipal que se acerque al ideal propuesto es tan improbable como encontrar una aguja en un pajar. Es cierto que se han dado casos pero, a decir verdad, son muy poco frecuentes.
El cabildo en su casa
La alcaldesa de Tlaxcala Anabell Ávalos conoce esas cuatro premisas. El de la capital es, además, su territorio; lo ha recorrido cientos de veces y sabe, por tanto, cual es el mejor medio para establecer fácil y fluida comunicación con sus gobernados. Su programa “Audiencias ciudadanas en tu comunidad” evitará a la gente el sinuoso camino que debe recorrer para entrevistar a la autoridad municipal en sus oficinas. Acercar el pleno del cabildo a colonias y barrios del municipio constituye un acierto social y político de la líder de la comuna capitalina. Buen principio sin duda.
Hablando se entiende la gente
Atreverse a abrir un diálogo claro y directo con la ciudadanía demanda, en primer término, seguridad en sí misma y, en segundo, certeza en la capacidad propia para conducir sesiones que, por su naturaleza, pueden resultar complicadas. Sus interlocutores son personas sencillas que van a esas reuniones para expresar inconformidades a las que -ojo- no siempre les podrá dar solución. Y habrá algunos que seguramente las manifestarán en forma directa y hasta tajante. Anabell está consciente que tendrá que escuchar reclamos de personas que tienen motivos de enfado y que, para atenderlos, su insalvable limitante será los escasos recursos de que dispone el erario. Como digo: no a todos los planteamientos que le hagan podrá darles respuesta positiva.
Sencilla y digna de confianza
Anabell es, por lo demás, una persona que genera confianza. Es nativa del lugar y de siempre ha estado avecindada en él. Está por tanto muy cerca de sus paisanos y participa de sus costumbres y pensamientos, lo que le facilita la comprensión de sus problemáticas. Y al llevarles a los miembros del ayuntamiento hasta sus comunidades conseguirá que sus colaboradores -integrantes de su cabildo y directores de área de su gobierno- se pongan en sintonía con ella, trabajen en línea con sus propósitos, y actúen con idéntica disposición y voluntad que la alcaldesa. No será fácil, pero ese es el camino.
Prudencia con las promesas
Mas todo esto, encomiable per se, conlleva el riesgo de asumir compromisos imposibles de cumplir. A veces son los buenos deseos, a veces las exigencias sociales, a veces la rentabilidad electoral, el caso es que los gestores de la cosa pública tienden a ofrecer lo que en conciencia saben que no podrán hacer realidad. La consecuencia de alentar falsas expectativas es que la gente, en principio esperanzada, se sienta luego engañada, víctima de las habituales promesas mentirosas. Sobreviene entonces el desencanto y la lógica apetencia por buscar el desquite a través -en la más benigna de sus variantes- del voto de castigo. Por eso hay que ser cautos con los ofrecimientos, evitando desmesurar la capacidad de la generalmente paupérrima hacienda municipal. Siempre se ha dicho que lo más difícil en la vida de un político es decir que no. Y es totalmente cierto.
Diálogo sin tapujos
No niego que se puede alterar tramposamente el sentido original de estas reuniones a que convoca la alcaldesa. ¿Cómo? Recurriendo a la pantomima y valiéndose de paleros entrenados ex profeso para pronunciar discursos empalagosos de reconocimiento que inhiben a quienes de buena fe asisten con el objeto de plantear necesidades genuinas. Lo vimos muchas veces el sexenio pasado, en voz de infantes y/o de personas de la tercera edad que recitaban de memoria palabras de agradecimiento fingido. O en la de presidentes de comunidad a los que se obligaba a agachar la cerviz para recibir a cambio un plato de lentejas. Vergüenza debiera haberles dado prestarse a escenificar guiones teatrales en los que borraban de sus discursos las carencias que padecían. La consigna: ni un solo reclamo que hiciera enojar al tlatoani.
Maestra inolvidable
Anabell es de otra madera. Una de sus primeras actividades como servidora pública fue la que cumplió al lado de Verónica Rascón, una persona de integridad ejemplar que dejó en cuantos la conocimos un indeleble recuerdo. Las lecciones que de aquella mujer recibió sensibilizaron socialmente a Anabell y la confirmaron en su vocación política. Luego, ya como representante popular condujo con mano firme a una bancada priísta de la que fue inteligente líder. Su función parlamentaria se vio interrumpida, sin embargo, por una inoportuna candidatura federal que, dadas las circunstancias políticas que prevalecían en el momento, estaba de antemano perdida.
Todo un reto
No pretende este artículo hacer un recorrido prolijo por la biografía política, partidista y administrativa de la que es hoy presidenta municipal de Tlaxcala. Su ejecutoria reciente es de sobra conocida; se trata, lo sabemos, de una mujer de carrera que incluso ya fue precandidata a la gubernatura del estado. El punto es que con esas “Audiencias ciudadanas en tu comunidad”, Anabell se planteó un desafío de alto nivel que muestra la ruta a seguir a otros ediles tlaxcaltecas que piensan que política es marcar distancia con la gente a la que deben servir. La alcaldesa de Tlaxcala tiene claro que, si hay una comunicación franca con sus gobernados y si les transparenta con honestidad los recursos disponibles, habrá conseguido eliminar las principales razones que generan desconfianza. Por eso, porque lo sabe, va a tener el éxito que busca.
ANTENA ESTATAL
Sánchez Anaya y su flaca memoria
Me dicen que el ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya ha escrito un par de artículos en defensa de la libertad de expresión. Me alegro que lo haya hecho; nunca sobra una lanza a favor de quienes se juegan vida y patrimonio defendiendo el derecho a difundir su opinión. Soy, por otro lado, de los que creo que nunca es tarde para salir del error. Y es que Sánchez Anaya, el actual cruzado a favor del periodismo libre, es el mismo Torquemada que, al inicio de su mandato como titular del Poder Ejecutivo Estatal, impidió que se siguiera transmitiendo por una radiodifusora oficial -la XETT- un programa en el que este escribidor -junto con otros conocidos comunicadores- emitía sus puntos de vista acerca del acontecer político del estado y de la nación. Y para justificar su draconiana medida pronunció una frase tanto o más hiriente que la del pulque y la saliva de Tulio Hernández Gómez. La de Sánchez Anaya, a mi juicio, es todavía más despectiva. Léala usted, amigo lector:
“…los tlaxcaltecas no están preparados para escuchar programas de opinión…”
¿Qué pensaba Sánchez Anaya? ¿qué iba a gobernar un pueblo de retrasados mentales? Ahí están las hemerotecas para sacar de dudas a quien no crea la veracidad de mi aserto.
ANTENA INTERNACIONAL
Institucionalidad envidiable
No se trata ni siquiera de un tema que tenga que ver con la división de poderes, ya que el FBI es una dependencia del Ejecutivo estadounidense, como lo demostró el presidente Trump al despedir de manera fulminante al que hasta hace pocos días era el titular de dicha agencia investigadora. La razón nunca ocultada de la remoción del funcionario fue que investigaba la conducta del mandatario en relación con el asunto de los secretos compartidos con Rusia. El asunto lo traigo a cuento porque su sustituto -en contestación a pregunta expresa de la prensa- aseveró que la investigación proseguiría porque:
“…las mujeres y los hombres que trabajan en el FBI no atienden a ningún otro interés que no sea el del pueblo de los Estados Unidos…”
No se porqué me acordé del caso de la Casablanca -la de Las Lomas, no la de Washington- y de la muy peculiar interpretación de institucionalidad que ofreciera Virgilio Andrade, el preclaro investigador especial del expediente del lujoso inmueble, y también, de paso, de los contratos de obra con que se benefició a la Constructora Higa.
Para la Primera Plana:
Anabell Ávalos Zempoalteca es persona que genera confianza. Nativa de la capital y siempre avecindada en ella. Está cerca de sus paisanos y participa de sus costumbres y pensamientos, lo que le facilita la comprensión de sus problemáticas. Y al llevarles al cabildo hasta sus comunidades ha conseguido que sus propios colaboradores se pongan en sintonía con ella, trabajen en línea con sus propósitos, y actúen con idéntica disposición y voluntad que la alcaldesa. Anabell va por buen camino.