OPINIÓN

Juego adivinatorio: octubre 2017, Carstens se va, lo sustituye Meade y el PRI destapa… ¡a Aurelio Nuño!

Tiempos de Democracia

Domingo, Julio 30, 2017

Fuera Videgaray y Osorio Chong, a Peña Nieto sólo le quedaba Nuño y Meade como posibles candidatos

El titular de Educación tiene la tarea de impulsar la reforma educativa, la mejor vista por los mexicanos

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Nadie mejor que Meade para evitar que la economía de México sufra un final de sexenio problemático

  Con el artículo del anterior lunes quedó terminada la serie dedicada a repasar preliminarmente, de manera sucinta y muy simplificada, las expectativas de cada uno de los personajes apuntados para participar en la carrera por la candidatura priísta. No obstante, soy del parecer que la tarea estaría incompleta sin revelarle, amigo lector, lo que el opinador cree que tiene más probabilidad de ocurrir, a sabiendas de que, en el ámbito de la especulación y el pronóstico, es mucho más fácil equivocarse que acertar. A continuación le expongo mi visión del asunto. 

Los errores de Videgaray

   En entregas pasadas aporté suficientes razones para convencerle de que los nombres de Videgaray y Osorio Chong tendrían que dejar de ser considerados en el abanico de opciones de Peña Nieto. El ex secretario de Hacienda y actual canciller, por haber sido salpicado por la corrupción -caso residencia en Malinalco- y por el sainete político-diplomático que obligó a protagonizar al presidente con la visita a Los Pinos del entonces candidato republicano Donald Trump. En aquella aciaga ocasión se atropelló todo protocolo y sentido común, al darle trato de jefe de Estado a quien, en su discurso, había ofendido reiterada y gravemente la dignidad de los mexicanos. Esa afrenta es imposible de olvidar y, en el remoto caso de que Videgaray fuera el abanderado, se la echarían en cara en cuanto lugar acudiese a hacer campaña. El propio Videgaray lo comprende así, y ha dado señales de que preferirá aprovechar la confianza que le tiene Peña Nieto para impulsar la candidatura de Nuño o de Meade, ambos cercanos a sus afectos e intereses.

La ineficacia de Osorio Chong

   Osorio Chong está -o por lo menos debiera estar- fuera de la lista de los candidateables. La inseguridad y la violencia han llegado al punto de alcanzar sus máximos históricos, lo que descalifica su labor al frente de la secretaría encargada de tener bajo control ambos fenómenos.  El hidalguense dispuso de todos los recursos del gobierno federal y, por ello, su fracaso carece de atenuantes. Al insistir en las mismas tácticas que desde el sexenio pasado habían probado su inoperancia, mostró una ineficiencia palmaria y una absoluta falta de imaginación para discurrir estrategias alternativas. Un dato adicional: la cinematográfica fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán fue un episodio que recorrió los informativos mundiales, dando cuenta del descuido y elementalidad con la que en México se custodia a los presidiarios pudientes. Aunque por distintas motivos que Videgaray, Osorio Chong también está descartado; ninguno de los dos podría resistir el embate de las críticas de los oposicionistas al régimen en la lid electoral que se aproxima.

Nuño, el idóneo en la actual circunstancia

 Tanto de Narro como de Calzada y de la Madrid se tiene la percepción que entrarían en el juego sucesorio sólo en caso de que en el PRI surgiera algún imponderable. De ello se infiere que, en primera línea, sólo quedarían Nuño y Meade, y en lo que atañe al secretario de Educación ha de reconocerse que supo remontar el tormentoso inicio de su gestión que provocó su soberbia y falta de sensibilidad política. Nuño entendió que, aún al costo de hacer concesiones, había que desactivar los conflictos sociales generados por el gremio magisterial disidente. Hoy día, y aunque todavía es largo el tramo que a la Reforma Educativa le falta por recorrer, todo apunta a que hasta que ocurra el destape mediado el otoño, los maestros seguirán apaciguados. A ese efecto colabora eficientemente el generoso presupuesto que el gobierno federal destina a la reconstrucción de escuelas, único rubro que no ha sido afectado por los recortes presupuestales que está aplicando Meade para mantener dentro de límites razonables la deuda pública de México. En tanto, la balsa en la que navega Nuño rumbo a la candidatura tricolor se desliza sin sobresaltos sobre un apacible mar de aceite.

Meade, víctima de su capacidad

   El caso de Meade es muy interesante pues nos da las claves para resolver el acertijo priísta. Su trayectoria académica y de gestión administrativa demuestra que, de los elegibles, es el que posee la trayectoria mejor cualificada.  De no haber sido por la renuncia de Carstens como gobernador del Banco de México -anunciada inicialmente para el 1º de julio de este año y luego pospuesta para noviembre próximo-, me habría inclinado por apostar a que Meade iba a ser el candidato de Peña Nieto, en el supuesto, claro, de que la Asamblea Nacional de agosto 12 hiciera saltar los dos candados que estatutariamente impiden su nominación: haber sido dirigente partidista o candidato a un cargo de elección popular, y tener una militancia de por lo menos 10 años.

La decisión final

  Me acerco al final de la reflexión, amigo lector. Mantengo mi creencia en que, a la última recta de la competencia por la candidatura tricolor, nada más llegan Nuño y Meade, y que -y esta sería mi hipótesis- la balanza se inclinará finalmente por el secretario de Educación, no porque piense que es el más capaz, sino por parecerme el más idóneo en la actual circunstancia. Se preguntará usted… ¿y por qué no Meade? Porque en ausencia de un Agustín Carstens en el banco central que daba certeza y estabilidad a la economía, Peña Nieto no dispone para sustituirlo de nadie con mejor y más sólida reputación nacional e internacional que el secretario de Hacienda. Ante el peligro de una catástrofe financiera, pienso en conclusión que el presidente enviará a Meade al Banco de México, y a Nuño a la disputa por la silla presidencial.

 Las consideraciones de Meade

  Tengo para mí que Meade no quiere ni desea la candidatura del PRI. No lo manifiesta en público; torpe sería si lo hiciera, y bien se sabe que no tiene un pelo de tonto. Meade está consciente de que los tiempos en que el destape del abanderado tricolor equivalía a colocarlo a sólo un paso de la residencia de  Los Pinos, y que, para llegar a ella, bastaba con hacer -sin ningún adversario serio al frente- una campaña lucidora para que los mexicanos conocieran a su futuro presidente. Hoy eso es historia; al establecerse en el país de forma definitiva el pluripartidismo, y con él, la multiplicación de opciones para el votante, la elección presidencial dejó de tener por anticipado un seguro ganador. En la actualidad, lo único absolutamente cierto… ¡es lo incierto de su resultado! Añadamos a ese imaginario análisis que de su inmediato porvenir habría hecho Meade, añadámosle, repito, que todos los estudios demoscópicos levantados hasta el momento apuntan a que el partido con menos posibilidades de llevar al triunfo a su candidato es precisamente el PRI.

La estrategia -1-

   Dos son pues las alternativas que tiene ante sí Meade: 1) participar como candidato a la Presidencia de la República por un partido -el PRI- al que nunca ha pertenecido, y entrar a una lucha electoral que se plantea fragorosa y con final impredecible o, 2) ser designado por Peña Nieto, y aprobado sin problemas por el Senado, para cómoda y tranquilamente desempeñarse como Gobernador del Banco de México seis años, con la posibilidad además de reelegirse. Ahora bien, el que Carstens haya prorrogado su estancia en México hasta noviembre antes de marchar a Europa…, ¿no significa que atendió la petición del presidente para que el nombramiento de su sustituto -Meade en su caso- fuera coincidente con el destape de Nuño? De confirmarse lo anterior…, ¿no estaría convenida la estrategia sucesoria desde julio del 2016, mes en el que Carstens anunció su renuncia? De ser así, no fue una coincidencia casual que, en septiembre del mismo año, Peña Nieto moviera a Meade de Sedesol a Hacienda, a efecto de que se preparase para dar el salto a la dirección del organismo rector de las finanzas del país.

La estrategia -2-

  Es más que probable que el cónclave tricolor derogue el impedimento que traba las expectativas de Nuño y también lo es que haga lo propio con los candados que obstaculizan las de Meade. Si el peñanietismo vence la resistencia de la nomenclatura priísta y consigue deponer esas barreras, los medios darán por hecha la candidatura del secretario de Hacienda y concentrará en él la atención, jalando hacia su persona las críticas de sus futuros adversarios. En tanto, el secretario de Educación, al frente de la reforma sexenal que disfruta de mayor aprobación popular, cortará muchos listones inaugurales y se retratará al lado de infantes sonrientes y de maestras satisfechas, entre una lluvia multicolor de confeti y serpentinas. Así esperará Nuño a que llegue el mes de octubre o el de noviembre para que Peña Nieto le quite la capucha, y lo nomine formalmente candidato del PRI a la Presidencia de la República. ¿Será? ¿no será? Esa es mi hipótesis, y la dejó aquí para que, usted, amigo lector, se entretenga analizándola… o riéndose de ella.

 

 

Para la Primera Plana

 

Nuño está al frente de la reforma sexenal con mayor aprobación popular. Apaciguadas las iras magisteriales y con un presupuesto blindado contra los recortes de Meade, el secretario de Educación cortará muchos listones inaugurales y se retratará con infantes sonrientes y maestras jubilosas, entre una lluvia multicolor de confeti y serpentinas. Así esperará a que llegue el mes de octubre o el de noviembre para que Peña Nieto le quite la capucha, y lo nomine formalmente candidato del PRI a la Presidencia de la República

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