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Viernes, Octubre 18, 2013
Milenario ha sido el esfuerzo y la lucha de las mujeres, para obtener el respeto social y familiar, el reconocimiento de nuestras actitudes y aptitudes, el reconocimiento de la valía de nuestra contribución al bienestar y desarrollo de nuestras comunidades y, para la obtención del derecho de ser tratadas como iguales que a los hombres, ante la ley.
No parecen ahora muy lejanos aquellos días de 1887, en que Laureana Wright González, en su revista Violetas del Anáhuac exigía el derecho de las mujeres poder votar en las elecciones.
Tampoco están lejanos los días en que las valientes mujeres que se unieron a Madero en 1910, se proclamaron como anti-reeleccionistas a través de la formación de su club "Las Hijas de Cuauhtémoc", a riesgo de sus propias vidas.
Parece que fue apenas ayer, cuando en 1946, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, aprobó la iniciativa enviada por el entonces Presidente de la República Miguel Alemán que establecía una adición al artículo 115 de la Constitución Federal que permitió a las mujeres participar en las elecciones municipales en igualdad de condiciones que los varones, con el derecho a votar y también de poder ser elegidas.
Y digo que no están lejanos esos días porque el esfuerzo de su lucha sigue produciendo frutos; ese ejemplo de tenacidad es verdaderamente una inspiración para las mujeres contemporáneas.
Todavía en México y en muchas partes del mundo, la discriminación de género es una realidad que lastima no sólo a las mujeres sino a la sociedad en general, porque esas actitudes de resistencia cultural hacia el reconocimiento de una verdadera igualdad entre hombres y mujeres, retrasa significativamente el desarrollo de nuestras comunidades.
No queremos competir deslealmente con los hombres; no queremos que se nos privilegie por el sólo hecho de ser mujeres; queremos igualdad de oportunidades para que sean las capacidades y las aptitudes de las personas las que se reconozcan, sin importar el género al que pertenezcan.
Situaciones de discriminación, marginación, violencia intrafamiliar, acoso sexual, son todavía temas cotidianos con los que vivimos las mujeres. Hay mucho por hacer en lo legislativo, en las conductas al interior de las familias y en los comportamientos sociales.
Queremos decirles a aquellas mujeres que iniciaron los movimientos sociales reivindicatorios de los derechos naturales que siempre nos han correspondido, que hemos avanzado, pero que la lucha sigue.
Queremos decirles que las recordamos, convencidas de que deben ser la nobleza de nuestras ideas y de nuestras acciones, las que honren su memoria.
*Senadora de la República por Tlaxcala
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