- Apizaco, Huamantla y Tlaxcala son botones de muestra de un mal generalizado que ha penetrado la entraña misma de la política tlaxcalteca
- La impunidad negociada entre presidentes municipales, congresistas y el OFS, explica los sistemáticos atracos perpetrados contra el erario
- De la nueva legislatura dependerá el poner en otras manos el órgano fiscalizador, y que las desviaciones sean frenadas a tiempo y con rigor
Voy a referirme a la crisis que hoy día viven tres municipios a los que, por sus características, se les conceptúa como los más conocidos y emblemáticos de la entidad. Aludo, estimado lector, a Apizaco, Huamantla y Tlaxcala. Los tres, como usted sabe, poseen peculiaridades que los diferencian claramente entre sí, pese a lo cual tienen problemas -políticos y sobre todo financieros- muy similares. Adentrarnos en ellos nos orientará acerca de lo que también podría estar sucediendo en la mayoría de las otras comunas del estado. Veamos pues.
Haciendas saqueadas
Seguro estoy que usted adivino ya que tipo de dificultades afrontan los recién llegados cuerpos edilicios. Casi todos ellos encontraron sin fondos las cuentas de sus ayuntamientos y, para salir del apuro, se han visto obligados a tomar medidas extremas como, por ejemplo, cobrar por recoger la basura, aplazar el pago de honorarios, rebajar salarios o, en los casos más graves, omitir el pago del primer mes de la empleomanía municipal, en espera de la llegada de recursos del gobierno federal o del estado que les permita superar la emergencia.
Factores en común
Comparar los casos de Apizaco, Huamantla y Tlaxcala exige adoptar una misma línea analítica, basada en saber, primero, quienes fueron los alcaldes antecesores, cuales sus perfiles, cuál su desempeño y cuál su relación con el Ejecutivo Estatal y, segundo, indagar en el historial de los actuales presidentes municipales, en la manera en que accedieron a la candidatura de su partido, en las incidencias del proceso electoral que los condujo a la alcaldía, y en el grupo o los grupos políticos con los que se les asocia… o para los que trabajan.
EL CASO APIZACO
Un demagogo en potencia
Orlando Santacruz accedió a la postulación panista, y luego a la alcaldía, gracias al orticismo, superando a Reyes Ruiz por estrecho margen, y pese a perder -milagros de la alquimia- en 32 de las 37 secciones electorales de Apizaco. Su labor como munícipe se sustentó en una intensa campaña de difusión de actos sin trascendencia pero de fuerte impacto mediático. Se creó así una imagen de político cumplidor, aunque no dejara obra importante alguna y si heredara, en cambio, un sin fin de anomalías que ya están comenzando a salir a la superficie.
La desmedida ambición de Santacruz
La aspiración política de Santacruz -de difícil concreción si hubiera seguido en la órbita orticista- le llevaron a romper con su impulsor. La ruptura le acercó a González Zarur, quien le dio un trato insólitamente deferente pese a la filiación priísta del mandatario. Santacruz urdió entonces un plan que incluyó a gente próxima al gobernador -obviamente a sus espaldas- que, de cumplirse, le allanaría el 2016 el camino al Palacio de Gobierno. Requería, en un primer paso, un sucesor sumiso y leal en la alcaldía. Creyó encontrarlo en Jorge Luis Vázquez.
El lodazal electoral… y sus consecuencias
Luego de una elección caracterizada por su turbiedad y que hubo de resolverse en el ámbito judicial federal, se restituyó a Vázquez una victoria que las malas artes priístas le habían arrebatado. Empero, el triunfo fue al precio de una importante merma en las finanzas municipales, de por si dañadas por dudosos movimientos en la tesorería que están observados por el órgano fiscalizador. Agréguese que, para compensar el déficit, Santacruz adelantó el cobro de derechos -predial del 2014-, y de servicios -agua con descuentos excepcionales-.
La disyuntiva de Jorge Luis Vázquez
Vázquez, un debutante en la política, enfrenta una situación complicada. Tiene ante sí un municipio abandonado, un erario exhausto, una ciudadanía enfadada, y la certeza de que su ex jefe y amigo -desacreditado y objetado- no tiene el futuro que le había pintado. Jorge Luis debe haberse percatado que sólo fue un peón en el tablero de Santacruz y que ahora le toca resolver, sólo y su alma, un dilema: seguir fiel a una utopía ajena y distante, o denunciar las anomalías halladas y buscar un realineamiento político que le ayude a salir del enredo.
EL CASO HUAMANTLA
El desgobierno de Ixtlapale
A Huamantla la gobernó un irresponsable, más interesado en la buena vida que en trabajar con honestidad a favor de su comunidad. Desde el inicio de su gestión, a Carlos Ixtlapale se le involucró en desórdenes administrativos que le obligaron a comparecer varias veces ante la Comisión de Finanzas del Congreso, coincidentalmente presidida por Alejandro Aguilar y quien, a la postre, habría de sucederlo. Nadie -y Alejandro menos- puede decirse sorprendido de sólo haber encontrado deudas, obras inconclusas, y activos municipales arrasados.
Turbiedades al por mayor
Siempre fue patente la desafección del gobernador González Zarur al presidente huamantleco. Ixtlapale, priísta de origen, acabó sumándose al orticismo, lo que quizá le valió para que la guillotina del Congreso -de por sí poco filosa- no le cortara el cuello. El opaco episodio planteó una duda: su indulto fiscal ¿influyó en la forma con que Ixtlapale actuó -o dejó de actuar- en una elección manchada por numerosos incidentes, mismos que dieron lugar a que el perredista Sánchez Manzanilla se dijera despojado del triunfo, y llevara el caso a los tribunales?
No es igual ser borracho que ser cantinero
Con una demora que se llevó al límite, la autoridad judicial finalmente confirmó el triunfo de Aguilar, lo que hará alcalde de su tierra por segunda vez a quien ya ha sido diputado federal por el PAN, secretario en el gabinete de Héctor Ortiz y, como quedó dicho, diputado local. Curiosa paradoja es el hecho de que Alejandro sufrió el asedio del Congreso por su manejo de la hacienda municipal en su primer periodo y, años despues, a él le tocó el papel de persecutor -aunque sólo fuera mediático- de los ediles que no rendían cuentas claras.
Definiciones y retos de Alejandro Aguilar
Muchos misterios rondan en torno a este personaje ubicuo y contradictorio, quien deberá definir los límites de su pacto con PAN y PAC, partidos que se tienen mutua desconfianza y que se alían sólo cuando enfrentan a un rival común. Y también tendrá que precisar su relación -que no se augura fácil- con el Ejecutivo Estatal. Pero su principal tarea será reencauzar la vida municipal, aquejada por la violencia pandillera y por el descrédito en que cayó su tradicional Feria, el acontecimiento cultural, religioso y popular más relevante de todo el estado.
EL CASO TLAXCALA
El alcalde excéntrico
La cuenta pública de Pedro Pérez Lira, el alcalde capitalino, también batalló para hacerse acreedora a la indulgencia del Congreso. Si bien es cierto que finalmente resultó exonerado de responsabilidad, el desorden contable de su administración le obligó a comparecer en varias ocasiones ante la Comisión de Finanzas. Además, por su peculiar manera de gobernar se conflictuó hasta con su propio cabildo, y con diversos sectores de la sociedad, mas la verdad sea dicha es que en su contra tuvo una obstinada campaña de desacreditación en la prensa.
Razones de una derrota anunciada
Pérez Lira es el resultado de una componenda con Lorena Cuéllar, cuando la senadora aún militaba en las filas priístas. Por provenir de la corriente lorenista, y por la violenta protesta que Pedro protagonizó en el registro del actual gobernador en la interna del partido, se explica la falta de empatía constante y notoria entre ambos. Ello causó, en buena parte, que el PRI perdiera la capital por vez primera. El opositor que hizo historia fue Adolfo Escobar, un panista que ha sido influyente factor en la vida del partido azul por más de tres lustros.
Adolfo Escobar, un pragmático de la política
Adolfo ha sido diputado local un par de ocasiones y diputado federal otra. Como líder estatal del partido fue parte activa de la negociación que dio la candidatura del PAN al gobierno de la entidad a Héctor Ortiz, un renunciante del PRI que -con la camiseta azul- venció al tricolor Mariano González Zarur en la contienda constitucional. Escobar, en compensación, llegó a la Secretaría de Gobierno, puesto en el que tuvo un papel más protocolario que operativo, función esta última que quedó a cargo del personal de confianza del nuevo mandatario.
Ideologías en contrapunto
Hacía falta valor para participar por tercera vez en la lucha por hacerse de la alcaldía capitalina. Adolfo lo tuvo, volvió a apostar y, esta vez, a su empeño lo coronó el éxito. Llega apoyado en gente de diversa laya, y ofreciendo un gobierno plural, transparente y honesto. La pluralidad está manifiesta en la integración de su equipo de trabajo; hará falta que los otros valores, transparencia y honestidad, se manifiesten a lo largo de su gestión. Por lo pronto, la relación con el Ejecutivo Estatal inicia aterciopeladamente. Suerte pues; le hará falta.
CONCLUSIONES
A juzgar por la deplorable actuación de la inmensa mayoría de los que llegan a empuñar la simbólica vara de alcalde en una comuna tlaxcalteca, los que llegan, repito, a ese honroso cargo, lo hacen con el afán -indisimulado y desmedido- de aumentar sus caudales personales con el dinero del pueblo. Es hora de que el órgano de fiscalización superior del estado se ponga en manos de un auditor -riguroso y justo- que ejerza con rectitud su función. Del Congreso depende corregir esa situación intolerable y denigrante. La paciencia está agotada.