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Indudablemente el gobierno marianista ha enfrentado en lo que va del presente sexenio la disyuntiva sobre qué hacer con las obras de gran magnitud que produjo la administración orticista, y que lógicamente, han sido una latente e inquietante molestia para la paz petulante del gobierno priista, ya que estas obras no sólo iban a ser como la han sido hasta la fecha, una pesada carga para el gobierno marianista, que mantendría vivo a través de estas obras, el nombre del ex gobernador durante todo el sexenio.
Pero eso no acabaría ahí, esto de alguna manera obligaba al gobierno de Mariano González Zarur a realizar cosas mayores que su antecesor, o se vería reducido ante aquel a quien tanto criticó; pero para eso habría que invertir en obra pública, o programas sociales una gran parte del recurso, y eso simplemente no comulga con los gobiernos priistas, y menos para el gobierno priista de Tlaxcala que estuvo doce años lejos de la administración del dinero público.
Sin embargo, el problema inicial que enfrentó el presente gobierno al arribar de nueva cuenta al poder, fue el de la existencia de obras costosas gestionadas por el gobierno saliente, algunas ya en funcionamiento como los hospitales, las universidades y la mayoría de las carreteras; así como otras que no alcanzaron a ser terminadas, y que entonces correspondería al gobierno marianista concluir.
En lo correspondiente a las obras que ya estaban en funcionamiento, el gobierno marianista optó por minimizar los beneficios que buena parte de ciudadanos recibían, reduciendo el apoyo a los mismos, con lo cual más que debilitar la imagen del gobierno anterior, ha afectado a miles de tlaxcaltecas.
Quienes como resultado de esta acción gubernamental resentirían más tal decisión fueron las familias que recibían atención en los hospitales; las afectaciones se pudieron conocer públicamente por ejemplo, con la manifestación que se realizó en el Congreso del Estado por parte de los familiares de los niños con cáncer que eran atendidos en el hospital infantil, y a los cuales se les retiraron varios servicios incluyendo las quimioterapias, según testimonios de sus familiares.
La salida de los especialistas del hospital infantil, la disminución de los servicios en los demás hospitales, y la gradual falta de calidad y calidez en los servicios a los pacientes moldearon de tajo, el estilo de gobernar de la nueva administración.
En el caso de las escuelas de educación superior de reciente creación, la desatención del gobierno fue similar, donde no se ve un progreso real de estas escuelas, vamos ni siquiera la voluntad de apoyo, la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT) es testigo de todo esto.
Pero en una de ellas, en la Universidad Politécnica de Tlaxcala (UPT) lo que sí se ha dado a conocer recientemente son los excesos, producto de los cuales un alumno falleció después de ser violado por un catedrático de esta escuela, docente que además tenía el grado de director de una de las carreras.
Por otra parte, al inicio del presente gobierno, se encontraban tres obras de gran magnitud que no alcanzó a terminar el gobierno orticista: “La Plaza Bicentenario”, “La Central de Abastos” y “El Periférico” que rodea la capital del Estado.
Donde el actual gobierno estatal, continuó con su política de desdeñar tales obras pese al enorme costo que representaban, y pese a la gran cantidad de personas que podían beneficiarse con éstas; lo más seguro es que el gobierno no lo vio así, y prefirió dejar estas obras en el abandono, pese a que había recursos etiquetados, según información difundida por el gobierno orticista, para que el actual gobierno pudiera concluirlas e inaugurarlas a más tardar durante el primer año de su administración.
Con lo anterior, el gobierno marianista estaría convirtiendo tales obras en tres enormes “elefantes blancos” aumentando más la carga para el presente gobierno, ya que han detenido de alguna forma parte importante del progreso de la entidad.
La Plaza Bicentenario la cual ha costado aproximadamente más de 500 millones de pesos, y que su abandonó seguramente elevará más la cifra; fue una obra cuyo proyecto arquitectónico estuvo a cargo de “Ezquerra y Asociados”, empresa con reconocimiento nacional e internacional, quienes para el diseño del teatro, retomaron algunos elementos de la arquitectura del ex Convento de San Francisco.
El edificio consta de un teatro con la capacidad para mil quinientas personas, el estacionamiento subterráneo para 350 vehículos, un museo, sala de exposiciones; así como espacios para talleres de teatro, danza, escultura y música.
Lo anterior está plasmado en la publicación del libro “Motivos y Razones. Un gobierno de resultados”, donde el ex gobernador Héctor Ortiz relata aspectos generales de lo hecho durante su administración; y nos ayuda a tener una idea más o menos cercana a lo que en realidad es esta obra.
Sin embargo, la obra sigue detenida y en el abandono total. El actual gobierno no quiso entregársela a la UAT quien tenía derecho según el comodato existente, de lo contrario ahora la universidad estaría dando uso a esta Plaza cultural.
No. Lo que hizo el gobernador este fin de semana pasado, fue una declaración en la que habla según él de “sueños guajiros” que tiene, y entre estos está ceder la Plaza al Instituto Politécnico Nacional (IPN), es decir, no se la quiso entregar a la Universidad de Tlaxcala, pero la podría entregar a una institución foránea. El asunto es que a menos de tres años de que finalice su gobierno ni siquiera ha presentado un proyecto claro y objetivo para la Plaza; y mientras tanto esta costosa obra sigue sin mantenimiento.
El proyecto para la construcción de la “Central de Abastos”, obra cuya inversión se estimó en los 320 millones de pesos, proveniente de empresarios de Cemex, consorcio encabezado por el empresario Lorenzo Zambrano, también fue suspendida, y al igual que la Plaza Bicentenario, también ha estado en litigio.
Pero en esta obra los costos pueden ser mucho mayores, ya que existe la posibilidad de que los empresarios inversionistas cobren a Tlaxcala una poderosa suma por las afectaciones producidas al detenerse esta obra.
En tercer lugar está el “Periférico de la Ciudad de Tlaxcala”, esta obra carretera que también quedó pendiente su conclusión en algunos tramos; así como su conexión en los extremos; por un lado con la vía corta Chiautempan-Puebla, y por el otro con la autopista San Martín Texmelucan–Tlaxcala.
El gobierno del estado vive su cuarto año en el Poder, y en los hechos nos ha revelado que sigue con la misma disyuntiva, de no saber qué hacer con la pesada carga que ha representado la obra pública del gobierno orticista; y es que convertirla en “elefantes blancos” lo único que hizo fue aumentar el peso de esta carga para el gobierno marianista, y aumentar los costos a los ciudadanos.
Pero lo más grave, es que el actual gobierno ha destinado una gran parte de su tiempo y energía a estos asuntos que no han retribuido ganancia a la entidad; sino que además, el gobierno actualmente, y siendo ya la segunda etapa de su administración, no cuenta ni con las obras, ni con los proyectos, ni con los programas que urgen a la entidad para al menos, disminuir en algo los grandes problemas que aquejan a la entidad, como son: desempleo, pobreza, falta de mejores servicios de salud, falta de infraestructura y el bajo nivel de desarrollo generalizado que actualmente tenemos, todo ello motivo, entre otras cosas, por el que los inversionistas no voltean hacia el Estado.