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Resulta una lacerante realidad para México y para Tlaxcala, que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), tanto a nivel nacional como en la entidad, los doce años que estuvieron fuera del Poder gubernamental poco, o nada le sirvieron para corregir sus excesos; más bien le habrían servido para perfeccionar sus discursos demagógicos y prácticas arbitrarias legaloides, que en la entidad, además se complementan con la falta de un proyecto objetivo de desarrollo por parte del gobierno priista, todo ello, inevitablemente le hizo a este gobierno y por supuesto al PRI perder la brújula prácticamente desde el inicio del sexenio.
El gobierno priista en los cerca de cuatro años que lleva gobernando Tlaxcala en este sexenio, no ha logrado aprovechar la oportunidad de dar continuidad, y en determinado caso, de mejorar el crecimiento económico en cuanto a inversiones; así como de eficientar las políticas públicas y contribuir a incentivar el desarrollo del estado que se venía dando en años anteriores a su regreso a la administración pública.
Contrario a esto, el gobierno marianista ha optado más por la confrontación y el revanchismo político, que por administrar adecuadamente los recursos públicos de la entidad, descuidando con ello, el desarrollo en el estado, y catapultando desde el inicio de su gobierno a su partido, el PRI, hacia un desprestigio y al alejamiento de la gente, es decir, que el priismo está pagando los errores de su propio gobierno.
El problema se agudiza con la actitud pasiva de un PRI servil y sumiso al gobernador, al estilo priista más arcaico que de ninguna manera coincide con el escenario de la política actual ni en la entidad ni en el país.
El extravío de este partido tal vez esté alcanzando su nivel más alto con la llegada a la dirigencia del CDE de Ricardo García Portilla, quien desde el primer momento mostró su falta de oficio y poca visión de la política.
En términos generales, podemos decir que ha dado dos pasos significativos en su cargo, ambos en falso: el primero ha sido pretender colgarse de los supuestos logros del gobierno marianista, cuando el trabajo de este gobierno, no sólo ha sido gris; sino de un evidente retroceso en los rubros más importantes para la sociedad, como son: la salud, la educación, la obra pública, la economía, el empleo y los programas sociales, ejemplos hay muchos.
El segundo, es el pase de la charola a los burócratas priistas, a quienes no sólo no se les ha apoyado en la presente administración, sino que se les ha castigado donde más les duele, en el bolsillo.
Todo lo anterior, entre muchos otros desatinos de este partido que ha seguido a ciegas a su gobernante; y carga con la imagen de un PRI que se ha negado al cambio, y lo cual día tras día sigue siendo el imán que ha vuelto loca su brújula, y le ha hecho perder el rumbo.
Un PRI que en la presente administración del gobierno priista ha tenido todo para ganar elecciones, pero su pasividad y sumisión, entre otros errores, ha hecho cada vez más difícil ganar puestos de elección popular; por lo que, por ejemplo, en el caso del Congreso local, a falta de diputados priistas han tenido que comprar conciencias de otros partidos para poder ejercer un peso importante en el legislativo.
Y que hoy por hoy, todo parece que ni con el aparato gubernamental ni con su militancia incierta tengan alguna garantía de ganar al menos una diputación federal el próximo año.