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Mi solidaridad con las familias
de los periodistas violentados
a manos de un poder infame, intolerante
no sólo a la crítica, sino a la verdad.
El gobierno estatal es un ente que simbólicamente representa a Tlaxcala; pero esto no quiere decir necesariamente que lo que haga en su administración deba ser adjudicado a la entidad o a los ciudadanos; porque para empezar el gobierno cuenta con los cuantiosos recursos –esos sí- de los tlaxcaltecas, mientras que más de dos terceras partes de los habitantes de la entidad apenas cuentan con lo suficiente para sus gastos más básicos.
Una estadística reciente mostró que Tlaxcala esta entre las entidades con mayor crecimiento económico en parte del presente año; sin embargo esto no se ve reflejado de ninguna manera en alguna mejoría en las condiciones de vida de los tlaxcaltecas ¿Entonces ese crecimiento económico a quién ha beneficiado?
El problema obviamente está presente en el hecho que para las instituciones las estadísticas positivas o no, hacen referencia a la entidad; pero comúnmente cuando éstas se refieren a beneficios, estos no se ven reflejados en los ciudadanos.
En este sentido, de acuerdo a los resultados de las estadísticas es como se mide el crecimiento o retroceso para una entidad; el problema es que a la ciudadanía casi nunca o nunca le va bien independientemente de los resultados de las mediciones, por ejemplo del supuesto desarrollo; crecimiento económico, inversiones, etc.
Quien en todo caso palpa las consecuencias de lo hecho en la entidad es quien la representa que en este caso es el gobernante; entonces si se dice este año le fue bien a Tlaxcala, en realidad a quien le fu e bien es al gobernante, no a la población.
Contrariamente a esto si le va mal a la entidad esto casi de inmediato se refleja en afectaciones para los habitantes de la misma.
Pero si se nos dice en muchos medios de comunicación que Tlaxcala tiene rumbo; que estamos en el camino correcto; que ya estamos en el mapa internacional ¿Qué quiere decir todo esto? Cuando en el presente sexenio ha crecido ostensiblemente el número de pobres en casi treinta mil según el CONEVAL; continúan los problemas de desempleo; los programas sociales sólo benefician raquíticamente a una minoría.
Entonces, a quién le ha id o bien cuando se dice que a Tlaxcala le ha ido bien; evidentemente al gobierno no a los gobernados.
Y ante esto, dónde están las decenas de miles de millones de pesos que han correspondido a Tlaxcala en lo que va del presente sexenio.
No ha habido obras importantes y las básicas corresponden más a los ayuntamientos que al gobierno estatal; hay numerosas deficiencias en el sector salud y en el educativo; así como en el campo y no sólo casi son nulas las inversiones privadas, sino que incluso varias empresas se han ido de la entidad.
Esto sin contar el saqueo de fertilizante y el millonario desvío de recursos que año con año se da por parte del aparato gubernamental con la complicidad de diputados que mayo ritean para amalgamar una grosera impunidad que no refleja, sino la traición a la ciudadanía.
Qué pasó con las múltiples promesas que esos diputados, que el actual gobierno estatal y los gobiernos de una cantidad importante de ayuntamientos hicieron a la ciudadanía para poder alcanzar el lugar que ahora tienen, pues tan pronto llegaron se fueron a la basura.
Y hoy únicamente podemos decir que gobierna la impunidad; una impunidad al estilo tlaxcalteca; no al estilo ciudadano; sino al peor de los estilos al de los políticos traicioneros que han y siguen defraudando la confianza de quienes un día votaron por ellos; pero que hoy ni se acuerdan de ellos.