Domingo, Noviembre 22, 2015
- Sin figuras relevantes, sin orden y sin metas, la coalición antipriísta está condenada al fracaso
- En el tricolor: discreción, trabajo y consensos; en la oposición: griterío, reclamos y disensos
- En la lucha por las alcaldías y las diputaciones, la contienda en cambio pinta algo más igualada
La falta de unidad y orden en los partidos de oposición, aunada a la ausencia de personalidades con los tamaños suficientes para corregir esas deficiencias crónicas de los institutos políticos tlaxcaltecas, son razones que por sí solas bastan para mantener sin modificación el pronóstico de que, aquí en Tlaxcala, ninguna formación -actuando por sí o en coalición con otras- podrá superar electoralmente al partido en el gobierno. No lo pudieron hacer en los comicios federales de junio pasado, ni tampoco lo lograrán en los estatales de 2016.
Fallido proyecto aliancista
Desde que meses atrás se empezó a hablar en los círculos de la oposición gobiernista de la necesidad de concretar un frente amplio que conjuntara al antipriísmo local, se hizo en seguida patente la dificultad que iba a significar su construcción. No se precisaba ser clarividente para adivinar que el principal problema no sería concretar un acuerdo político-electoral que conciliara las distintas ideologías de las partes negociadoras; no, estimado lector, el obstáculo insalvable surgiría cuando se llegara a la etapa de definir el nombre de la persona que abanderaría la tal coalición en ciernes.
Féminas en conflicto
Adriana Dávila y Lorena Cuéllar son dos mujeres ambiciosas con perfiles psicológicos claramente encontrados. Están convencidas, cada una por su lado, de merecer el abanderamiento de la alianza opositora, lo que las tiene trenzadas en una abierta lucha por ocupar un lugar que es imposible de compartir. Las dos saben que la que finalmente se haga de la candidatura excluirá de inmediato a la otra. Y tienen otra certeza: la derrotada no sólo no apoyará a la ganadora, sino que incluso trabajará en su contra. Añádase que las dos provienen de cunas muy distintas y que, por tanto, sus visiones de la vida y de la política nada tienen en común. Con esos antecedentes, no era difícil vaticinar que no se entenderían.
Coalición acordada por las cúpulas
La alianza va a ser formalizada por las direcciones nacionales del PAN y del PRD, y se inscribirá en un pacto general que abarcará a buena parte de las doce gubernaturas que se disputarán el 2016. En el marco de ese acuerdo, la candidatura de Tlaxcala será cedida al partido amarillo, habida cuenta que el interés de Acción Nacional está puesto en estados de mayor entidad política. Eso explica la posición de Adriana, renuente desde el principio a la idea de asociarse con el sol azteca, pues ya intuía que sería apartada en cuanto se concretara la coalición. De ahí su frenesí antialiancista, y de ahí también sus airados reclamos a Lorena, y su desesperada argumentación de que está adelante en las encuestas.
PAN y PRD, ni juntos ni separados…
No ocuparé espacio con razones sabidas por todos. He escrito varias veces que Adriana y Lorena unidas en una hipotética candidatura común no tienen cómo sumar las adhesiones necesarias para disputar la victoria al PRI y sus aliados, y que mucho menos serían competitivas si se lanzaran por separado. Simple cuestión de lógica, y de aritmética elemental. Y con el precedente de que ninguna fue capaz de conciliar las facciones en pugna de sus respectivos partidos, es natural que se piense que tampoco podrán controlar y dirigir a grupos de signos diversos, ansiosos todos de saciar su voracidad presupuestívora a cambio de ficticios apoyos electorales. Por donde se le vea, amigo lector: la multicitada alianza es una utopía sin futuro.
Morena y doña Martha
La que si tiene la candidatura asegurada es Martha Palafox. El problema es que su presencia en el ánimo de la gente se desvanece en cuanto Andrés Manuel la abandona a su suerte, aunque sea brevemente. Además, Morena carece de estructura territorial y, al igual que los otros partidos de oposición, ha sufrido divisiones y hasta deserciones en su aún incipiente organización. Así pues, sus expectativas dependen exclusivamente del aliento y atención que preste el mesías tabasqueño a su candidata. Lo he dicho y escrito está: si López Obrador apuesta por Tlaxcala, tendrá que instalar aquí su cuartel general; de lo contrario, el nombre de la señora Palafox en las boletas electorales será meramente testimonial.
El PAC y Serafín
Algo parecido acontece con el PAC de los hermanos Ortiz. A Serafín, ex rector de la UAT y actual diputado local, nadie le disputaría la nominación en caso de que decidiera participar en la contienda con el único apoyo de su militancia. La otra opción sería asociarse…, pero ¿con quién? A estas alturas ya debe haberse persuadido de que un frente amplio como el que inicialmente se concibió, de por sí complicado de estructurar, no tiene ningún porvenir con Adriana y Lorena enfrentadas. En ese orden de ideas, quizá opte por competir por sus colores, a fin de pelear por ser la segunda fuerza política del estado. Lo que ciertamente sería una apuesta interesante…, y una alternativa rentable en el mediano plazo.
El PRI, en caballo de hacienda
Una vez concluido este raudo sobrevuelo realizado por encima del panorama político tlaxcalteca, y estando más que precisadas las causas por las que la oposición no podrá ofrecer al electorado ninguna alternativa realmente competitiva, puede decirse que el único enigma electoral que falta por dilucidar es hacia qué personaje apuntará finalmente el dedo tricolor para suceder al actual gobernador Mariano González Zarur. El nombre, eso sí lo sabemos, saldrá de entre la lista de cuatro que aquí le hemos mencionado de tiempo atrás. Mas como todo hay que decirlo, usted, amigo lector, debe ya haber percibido que hay uno que parece destacarse entre los demás…
Sólo falta el nombre…
No falta mucho para que el misterio se resuelva. Lo más probable es que su desenlace lo conozcamos este próximo mes de diciembre, hacia los últimos días del año. No sería aconsejable llevarlo mucho más allá, teniendo en cuenta que las precampañas de quienes aspiran a la gubernatura, a las presidencias municipales y a las diputaciones, arrancarán formalmente el 2 de enero. En concordancia pues con ese calendario, el PRI deberá empezar el nuevo año con su proyecto electoral definido y bien planchado. Su objetivo es mantener la titularidad del Ejecutivo Estatal y, si bien en los municipios y en los distritos la contienda se le plantea complicada, la meta es recuperar por lo menos la mitad de las diez alcaldías que dejó hace tres años en manos del PAN y, además, conseguir una mayoría relativa consistente -junto con sus aliados el Verde y el Panal-, que le permita manejar sin demasiados dificultades la conflictividad que habitual en el Congreso de Tlaxcala.