OPINIÓN

Marco Antonio Mena, candidato idóneo para la realidad que vive Tlaxcala

Tiempos de Democracia

Lunes, Enero 11, 2016

 

  • A estas alturas ya hay más cartas abiertas en la mesa… que tapadas en manos de los jugadores
  • Para preservar la unidad, el PRI y su candidato debe incorporar a los damnificados del sexenio
  • De sexto grado, la carambola de tres bandas que ejecutó Manlio Fabio Beltrones en Tlaxcala

  Poco a poco se han ido aclarando casi todos los acertijos implícitos en la siempre complicada fase de las designaciones de los candidatos de los partidos que contenderán por la gubernatura del estado. La mayor de esas incógnitas, y la que sin duda revestía el máximo interés, quedó por fin despejada el pasado martes cuando el PRI reveló el nombre de su abanderado. La expectación derivaba del convencimiento generalizado de que el tricolor nominado va a ser, con toda probabilidad, quien suceda al actual gobernador Mariano González Zarur. Y como sustento de esa extendida percepción, poco días antes del esperado destape se formalizó ante la autoridad electoral una alianza que, encabezada por el Revolucionario Institucional, incluyó al Verde, al Panal, y al Socialista de la reaparecida Rosalía Peredo. Con el respaldo de ese frente amplio realizará su campaña Marco Antonio Mena Rodríguez, el flamante candidato tricolor.

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Oposición dispersa y sin cabeza 

  A decir verdad quedan algunos enigmas por desvelar, pero a mi juicio son de una entidad menor. Cito como ejemplo la solución que finalmente se dé al larguísimo desencuentro en que siguen enzarzadas las direcciones nacionales del PAN y del PRD para convenir, ya no una alianza electoral -los plazos están vencidos- sino, si acaso, una candidatura común. Y digo que son asuntos menores porque me mantengo en la idea de que ni Lorena Cuéllar ni Adriana Dávila, vayan juntas o separadas, reunirían entre ambas los votos necesarios para enfrentar a la aceitada maquinaria priísta. Y a poco que se descuiden las dos senadoras y sus respectivos partidos, hasta podrían verse rebasadas por Serafín Ortiz del PAC y/o por Martha Palafox de Morena. Queda Movimiento Ciudadano, con un candidato sin opción ninguna, y el PT y Encuentro Social, aún sin definirse. Pero ninguno será factor en la elección que nos ocupa.

Conciliación imprescindible

  El rubro que, a mi entender, debe ocupar a la causa de Mena Rodríguez no es el externo -el PAN y el PRD en Tlaxcala se neutralizan uno al otro-, sino el interno. Me explico: si ya como candidato, Marco Antonio no se aplica con rapidez a hallar fórmulas de avenimiento que mitiguen con amplitud y generosidad los desaires de que fueron objeto a lo largo del sexenio tanto Anabel Ávalos como Noé Rodríguez, de no aplicarse a ello, repito, la unidad priísta podría verse afectada. De persistir el rechazo a esas dos figuras del priísmo local, cualquier propuesta de oposición -la de Lorena, por ejemplo- podría beneficiarse de esas inconformidades y, con ellas, convertirse en adversaria seria. Y otro dato: el PAC, el partido de los hermanos Ortiz, sigue merodeando en pos de un resquicio que le permita asociarse electoralmente con alguna opción que sea realmente competitiva, para fungir entonces como un eventual fiel de la balanza y, en su caso, incluso imponer condiciones.

El cuadro de aspirantes

  El proceso de selección del priísta que representará al tricolor no fue sencillo. Eran cuatro los aspirantes con ameritadas fojas curriculares y con un perfil propio y bien definido. En el elenco había quien se distinguía por sus títulos académicos, quien por su trayectoria política, y quien por su reconocimiento público. Ninguno desmerecía, ni Anabel Ávalos, ni Ricardo García Portilla, ni Noé Rodríguez, ni Marco Antonio Mena. Invirtiendo el sentido de la célebre frase del guerrerense Rubén Figueroa padre-, en Tlaxcala la caballada no estaba flaca. Y como suele acontecer en política, fueron circunstancias coyunturales las que determinaron a Manlio Fabio Beltrones, presidente del PRI, sugerir al presidente Peña Nieto el nombre del elegido. Este, como hoy sabemos, fue el de Marco Antonio Mena.

Los Pinos, meta última de Beltrones

  Antes de someter a su consideración, amigo lector, las que en mi opinión fueron esas circunstancias, conviene remitirnos al mercado de futuros del PRI, y muy especialmente, a las expectativas que para el 2018 abriga el experimentado líder nacional tricolor. Este sería el contexto: Beltrones se formó como político en una escuela política ajena y muy diferente a la de Peña Nieto; en palabras más directas: no es el del grupo del presidente. En el 2012, Manlio llegó a la final de la lucha por la candidatura presidencial del PRI, mas al percatarse de que la ocasión no le era propicia, dio oportunamente un paso de costado para dejar pasar al mexiquense, en espera de tiempos mejores. Sin renunciar a su proyecto original, Beltrones cumplió con excelencia la misión de dar forma legislativa a las reformas de Peña Nieto y, al terminar su periodo en San Lázaro, no hubo más nombre que el suyo para dirigir al Revolucionario Institucional. Y ahí está el sonorense, constituido ahora en el factótum indiscutido de los destinos priístas inmediatos.

Hazaña por cumplir

 No le será fácil, pero si Manlio logra el triunfo en las doce gubernaturas que se dirimen este 2016, no habrá nadie en el círculo peñanietista con la fuerza suficiente para disputarle la candidatura presidencial del 2018. Ni Miguel Ángel Osorio Chong, con todo y la festinada recaptura de Joaquín Guzmán Loera; ni Luis Videgaray, inmerso como seguirá estando en densos nubarrones económicos; ni Aurelio Nuño, al frente de una reforma educativa cuyos frutos -si algún día los vemos- requieren para su maduración de muchos años más. En ese escenario, Beltrones tiene, no sólo que convencer al priísmo de su eficacia como operador electoral, sino también a una sociedad escéptica, harta de políticos incapaces de ofrecer buenos resultados.

Carambola de tres bandas

  Si Beltrones procede siempre a la segura, es lícito preguntarse porqué en Tlaxcala no se decantó por la aspirante o el aspirante que los estudios de opinión ubicaban en cabeza. La cuestión tiene tres respuestas que entre sí se complementan. La primera es que los sondeos de referencia mostraron que el PRI tiene una ventaja tan holgada que le da para ganar la elección con cualquiera de los cuatro aspirantes que fuera el elegido. La segunda puso al descubierto el refinado cálculo de Manlio Fabio: al no estar presionado por los números, escogió a uno de entre los dos afines al gobernador, eliminando así toda tentación de deslealtad institucional, asegurándose de paso que la operación estatal se volcará sin remilgos a favor del ungido. La tercera no es de naturaleza electoral, sino de visión política; radica en el hecho de que la preparación académica, la experiencia profesional, e incluso la personalidad de Marco Antonio Mena, sintonizan mejor con la necesidad actual de potenciar la proyección nacional e internacional que precisa la entidad y que se inició -menester es reconocerlo- en la actual administración. Marco Antonio será además, salvo error que de inmediato estaría presto a corregir, el primer mandatario tlaxcalteca que domina el idioma inglés.    

El PRI, sin enemigo al frente

 Con los procedimientos de siempre, el PRI, guiado ahora por la mano experta de Manlio Fabio Beltrones, ha dado los pasos necesarios para encaminar a su candidato en Tlaxcala a una victoria segura el 5 de junio próximo. Si enfrente no tiene oposición no es culpa del tricolor, sino de la ineptitud política y del espíritu acomodaticio de liderazgos de partidos sin dimensión ni proyecto. Todo pues parece conspirar a favor del partido en el poder. Tiene razón Jorge Zepeda Patterson cuando afirma que “…la fuerza del PRI reside en la capacidad de su dirigencia para imponerse a sus fracciones, mientras que los partidos de oposición sucumben ante ellas…”.

 

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