OPINIÓN

Tiro político de precisión, la candidatura priísta de Anabel Ávalos a la alcaldía capitalina

Tiempos de Democracia

Domingo, Enero 17, 2016

 

  • Su nominación, acierto tricolor en su objetivo de recuperar la presidencia municipal de Tlaxcala
  • La recaptura del Chapo, ocasión para investigar las complicidades políticas que posibilitaron su imperio
  • Extraño hermetismo informativo en torno a los cómos y los porqués de la renuncia de Adriana Moreno

  Si hoy lunes la nomenclatura tricolor confirma que será la ex delegada de Sedesol la escogida para contender por la presidencia municipal de Tlaxcala, podrá hablarse ya de otro acierto estratégico del PRI, de su candidato a la gubernatura Marco Antonio Mena, y también, por supuesto, de Anabel Ávalos que, por enésima ocasión, habrá demostrado institucionalidad, disciplina y profesionalidad política. Anabel es, con distancia, la mejor carta de la que puede disponer el priísmo para enfrentar el complejo reto de recuperar para su partido la capital del estado, y no hay duda que hará con Marco Antonio una mancuerna electoral difícil de vencer para cualquiera de sus posibles adversarios.  

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Desorientados

 Se equivocan por partida doble quienes despectivamente tildan de “premio de consolación” la eventual nominación de Anabel. Quizá no han entendido que la partitura de la política priísta inició su proceso de cambio, y que ahora su música atenderá a otra batuta. Si durante algún tiempo la línea oficial fue minimizar y hasta denostar el quehacer de la eficiente funcionaria, el nuevo tiempo obligará a los del coro a cambiar tono y letra de sus cantaletas. Pero veamos en que consiste el tal “premio de consolación”:  

La alcaldía, posición política de primer orden

  Anabel iría en pos del voto en un territorio que conoce bien y -a diferencia de una anterior, amarga y decepcionante experiencia- contará, ahora sí, con el apoyo del gobierno federal, de la dirección nacional de su partido y, también -no se sorprendan- de la administración estatal. Si como es probable gana la elección, Anabel dispondrá de cuatro años y siete meses para cambiar -ella sí de verdad- el rostro a la capital. Tal vez no todos sean capaces de visualizarlo, pero si los anteriores supuestos se hacen realidad, la candidatura al gobierno del estado en el 2021 le quedará al alcance de la mano. Todo lo anterior, claro, en caso de que en efecto se concrete la nominación de Anabel.  

ANTENA NACIONAL

Variaciones sobre el tema de moda

   La fascinación -no se si exclusiva de nuestro país- por el crimen, la prostitución, la farándula y las drogas lo prueba el hecho de que las publicaciones de mayor circulación en México han sido -históricamente y por mucho- las especializadas en la nota roja. A partir de esa verdad palmaria, el caso que vincula al “Chapo” Guzmán con la actriz Kate del Castillo va a ser -júrelo usted, amigo lector- objeto de cientos de reportajes, crónicas, entrevistas, libros, declaraciones, documentales, telenovelas, cortos, películas, etc. Las especulaciones estarán a la orden del día, y alimentarán por meses la imaginación de los apasionados por el género en todo el orbe.

Que no nos distraigan…

  Habida cuenta que curiosidad y morbo son instintos inherentes a la condición humana, el alud de basura amarillista que se nos viene encima es inevitable. Estamos pues ante un hecho imposible de controlar. Mas lo que si sería lamentable es que, pasada esa primera oleada de periodismo escandaloso, perdamos de vista que a la tan traída y llevada recaptura del delincuente debe seguir un esclarecimiento cabal de todas y cada una de las circunstancias que permitieron a Guzmán Loera construir el imperio que lo convirtió en el zar mundial del estigmatizado y perseguido comercio de las drogas. Es hora de que las autoridades mexicanas nos revelen la historia verdadera de la inmensa maraña de corrupción que envuelve la biografía del singular sujeto, y también la de quienes son en realidad los beneficiarios de los dineros, de las propiedades y de los negocios que florecieron en torno a la actividad del Chapo, un delincuente tan hábil y desalmado como elemental y primario.

La suerte no toca dos veces…

  El presidente Peña Nieto tiene ante sí una oportunidad en cierto modo similar a la que dejó escapar en ocasión del escándalo de la Casa Blanca. Esta coyuntura abre al mandatario el espacio para romper con esa antigua y bien urdida red de complicidades que protege altísimos intereses y en la que, a querer o no, el sistema político en su conjunto se encuentra atrapado. De hacerlo, el gobierno mexicano se quitaría el pie en el cuello que los Estados Unidos -dueños de la más prolija información- nos pone encima cada vez que a sus asuntos conviene. La sociedad exige acabar con los encubrimientos y que sean exhibidos quienes han tenido que ver con el narcotráfico. Una decisión así -para la que sin duda hace falta valor- restituiría a la clase política buena parte de la confianza perdida, y liberaría de paso a quienes injustamente se ven obligados a cargar con culpas ajenas.

Descuido costoso

  Es por lo menos impropio que Osorio Chong, a cuyo cargo estaba la responsabilidad de la custodia del “Chapo” -un encargo especial del mismísimo presidente- ahora se vanaglorie de la eficacia de los cuerpos de seguridad del estado que él encabeza, y que hubieron de movilizarse para reparar los errores y omisiones propiciados por su terrible descuido. En vez de presumir en los medios de la “alta inteligencia” desplegada por las instituciones mexicanas -sin el auxilio de los norteamericanos, ni de la casualidad, claro- para lograr la recaptura, en vez de eso, repito, el funcionario tendría que informar a la nación a cuanto ascendió el costo de barrer la sierra de Sinaloa con dos mil quinientos soldados, y de vigilar con mil marinos la franja costera noroeste durante largos seis meses. Y a continuación, ahora sí, presentar al presidente la renuncia a la función que tan deficientemente desempeñó. Recordemos que, cuando la fuga, se dijo que ese no era el momento oportuno de irse, sugiriendo tácitamente que se marcharía cuando lo recapturara. Por lo menos eso entendí yo. ¿O entendí mal?

ANTENA ESTATAL

Hay ausencias que duelen…

  ¿Que llevó a Adriana Moreno a abandonar el cargo que a lo largo de cinco años desempeñó con tanta emoción y acierto? Si hubiera ido a la candidatura chiautempense se entendería, pero… Su abrupta retirada no pudo ser más sorpresiva y misteriosa, máxime que no fue antecedida por las habituales frases de agradecimiento por el trabajo realizado. No hubo nada; simplemente desapareció. Donde no hay claridad, ya se sabe, surgen los rumores insidiosos; el hecho cierto es que nadie salió a atajarlos. No debe perderse de vista que el rubro en que el gobierno de González Zarur hizo una planificación más cuidadosa, y al que se puso el mayor entusiasmo en lograr que rindiera resultados, fue el de la atracción de inversiones al estado. En ese proyecto, Adriana Moreno fue el cerebro, la bujía y el motor. Y eso, amigo lector, habría que reconocérselo. Digo yo.

 

Para la Primera Plana

 

Hay quienes todavía no han entendido que la partitura de la política priísta inició ya su proceso de cambio, y que ahora su música atenderá a una batuta distinta. El nuevo tiempo obligará a los del coro a cambiar tono y letra de sus cantaletas.

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