OPINIÓN

Mariano González Aguirre, candidato priísta a una diputación de mayoría relativa por Apizaco

Tiempos de Democracia

Domingo, Marzo 13, 2016

  Su postulación no tendría nada de particular… si no fuera por el hecho de que es hijo del gobernador en funciones

Trátase de un nuevo intento de posicionarlo políticamente para hacerlo elegible en futuros juegos sucesorios

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Si gana su elección y llega al Congreso del Estado, la ciudadanía tlaxcalteca tendrá ocasión de valorar sus cualidades 

   Corrían los primeros días de enero del año pasado, y en las oficinas del PRI estatal se hacían preparativos para registrar como candidato a la diputación federal por el Distrito I con cabecera en Apizaco, a Mariano González Aguirre, hijo del gobernador en funciones Mariano González Zarur. Mas de pronto, los planes se suspendieron abruptamente la víspera misma de su postulación. Horas después, el frustrado aspirante entregaba a los medios una comunicación informando que: “…considerando […que por…] mi cercanía con el gobernador del estado, […debo…] ser respetuoso con la institucionalidad política de este gobierno, así como con mi partido. […Por tanto he decidido…] no registrarme como candidato para la contienda política que se avecina…” .

Inesperado frenazo

 Aunque los motivos aducidos en su carta eran -y siguen siendo- atendibles, lo cierto es que no hubo en Tlaxcala quien creyera que la repentina toma de conciencia del joven González Aguirre había sido la verdadera causa de su “renuncia”. Y es que resultaba imposible de creer que, tras varios meses de intensa campaña, de pronto hubiera caído en la cuenta de que su “…cercanía con el gobernador del estado…” lo inhabilitaba moralmente para participar en la contienda electoral. Para los observadores de la política no hubo duda: la marcha atrás de la candidatura de González Aguirre se había decidido en los altos mandos del priísmo nacional. El revés fue traumático, pues no llegar a San Lázaro significó, entre otras cosas, la cancelación de cualquier pretensión sucesoria de corto plazo… en el supuesto no demasiado remoto de que esa alternativa hubiera sido familiarmente contemplada. 

Revancha triunfal

  El golpe a su aspiración de debutar como legislador federal tuvo necesariamente que lastimar el ánimo del hijo del gobernador. Debe reconocérsele, empero, que el contratiempo no lo abatió, pues de inmediato reanudó la actividad política en un área que, esa sí, tiene muy bien aprendida: la operación electoral. El fracaso que encajó como coordinador de la campaña de Peña Nieto en Tlaxcala en el año 2012 curtió al entonces novel muchacho, y le enseñó qué debe hacerse, y qué no, en esa clase de trabajo político. Tres años después, el padre se la jugó poniendo nuevamente la batuta priísta en manos de su vástago en la definitoria elección federal intermedia del 2015. Pese a jugar con los pronósticos en contra, Mariano hijo, trabajando en mancuerna con Marco Antonio Mena, contribuyó para impulsar hacia la victoria a los candidatos tricolores en los tres distritos electorales.

Ajuste al proyecto

 El triunfo dio nuevo impulso a los planes de González Aguirre, si bien la trayectoria para llegar adonde quiere sería ahora más larga y complicada. El panorama cambiante de la política obligó a analizar otras posibilidades y, en consecuencia, a reestructurar sus proyectos. Así concluyó que, una diputación local -finita por ley en el 2018 a causa de la reforma electoral- le mantendría vigente en Tlaxcala y, eventualmente, podría ser una buena  plataforma para buscar por segunda vez la candidatura a una diputación federal o, incluso, a una senaduría, estando ya fuera del gobierno González Zarur, y por tanto sin ataduras éticas. Por otro lado, su presencia en el Congreso del Estado serviría de escudo protector a su padre, expuesto como va a estar a los embates revanchistas de las fuerzas partidistas -el orticismo y el lorenismo- a las que hostilizó sin descanso a lo largo de toda su gestión. Y no olvidemos al lopezobradorismo, cuya postura anti PRI, anti sistema y anti Mariano es bien conocida.

Haberes negativos

  Con esa idea, el priísmo incluyó en su lista de candidatos a legisladores locales por el principio de mayoría relativa a Mariano González Aguirre, apuntándolo como era de esperarse por el Distrito de Apizaco. Ahora bien, una cosa es concebir en el papel una estrategia, y otra bien distinta confrontarla con la realidad. Y es que el suyo no será, ni mucho menos, un cómodo paseo electoral. Su “…cercanía con el gobernador del estado…”, aparte de lo que éticamente siga teniendo de reprochable, no se traducirá -excepto en lo material- en beneficio para su campaña. Considere usted, amigo lector, que tanto el nombre -Mariano- como el apellido -González- que aparecerá en la boleta recordará al elector quien es el candidato, y quien lo apoya. A lo anterior habrá que añadir el evidente parecido físico que existe entre padre e hijo, así como su muy similar forma de ser, forma que -como se sabe- le ha generado a su progenitor diferentes grados de rechazo en distintos estratos de la sociedad tlaxcalteca. El antimarianismo, ese sentimiento que ningún partido opositor supo articular a su favor en pasados comicios, podría esta vez vertebrarse para generar una versión autóctona de “todos unidos contra Mariano…”.  

Haberes positivos

  En Tlaxcala no hemos sabido de ninguna encuesta de opinión que informe de la aceptación -o la reprobación- de la gestión del mandatario González Zarur. Tal medición sería un elemento de trascendencia en la valoración del posible efecto que sobre la candidatura de su hijo tendrá la calificación de su ejercicio. Sin embargo, no debe descartarse que, contrariamente a lo que se presume, el dicho efecto pueda ser de signo positivo, lo que por otro lado no es nada improbable si se considera que ha sido precisamente el de Apizaco el municipio donde el gobierno estatal canalizó la parte más cuantiosa de su presupuesto en obra pública. Y lo cierto es que la imagen de la ciudad rielera mejoró sustantivamente gracias a las inversiones realizadas en sus calles y avenidas.

La fascinación del poder

  Con la sola salvedad de Emilio Sánchez Piedras y de José Antonio Álvarez Lima, no ha habido gobernador en las últimas décadas que no se haya visto tentado a explorar la posibilidad de transferir el mando político de la entidad a algún familiar cercano o, por lo menos, a alguien próximo a sus afectos. El caso más patético fue el de Alfonso Sánchez Anaya que llegó, el sí, al punto de postular a su esposa, con los resultados desastrosos de todos conocido. En lo que toca a Héctor Ortiz, tengo para mí que también sopesó la idea en los primeros años de su mandato, pero su instinto político pronto le llevó a la conclusión de que cualquier intento que hiciera en esa dirección estaría destinado al fracaso. Y ahora, en el actual sexenio, Mariano González Zarur buscó facilitar a su hijo el acceso a una curul federal que lo hiciera elegible para el juego de su sucesión. El rechazo, en su caso, vino de México, y le obligó a diferir, que no a cancelar, la concreción de su proyecto hereditario.

Delfín sin antecedentes

  Si Mariano González Aguirre gana su elección y llega al Congreso del Estado, la ciudadanía tlaxcalteca va a tener por primera vez la ocasión de ponderar sus cualidades políticas. Al hijo del gobernador no se le conoce título universitario ninguno, y poco o nada se sabe de su preparación en instituciones académicas de nivel superior.  Por otra parte, sus antecedentes en la administración pública son escasos, pues hasta donde se tiene entendido se limitan a la breve experiencia que vivió como director adjunto del Fondo Nacional para Desastres. Pudiera ser, desde luego, que la información que poseo sea incompleta, en cuyo caso me declaro dispuesto a hacer de inmediato las rectificaciones que procedan.

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