Existen ya elementos para conjeturar con aceptable aproximación el resultado de los próximos comicios
A sólo veinte días del 5 de junio ¿estamos ya listos para ejercer nuestro derecho a elegir autoridades?
El frenazo legislativo a las leyes anticorrupción prueba el divorcio de los políticos con la sociedad
Marco Mena
Tal cual se esperaba, Marco Mena no tuvo problemas para mostrarse en el debate de ayer domingo como el aspirante mejor preparado. Su desempeño oral, gestual y conceptual no tuvo tacha, demostrando otra vez claridad y precisión de ideas. Exhibió además algo de suma importancia: en situación de apremio y tensión, fue capaz de mantener aplomo y entereza, respondiendo sin descomponerse las invectivas opositoras. Sin embargo, y no obstante ya haber excluido de su propaganda toda referencia a su inicial pretensión de adoptar como suya la línea trazada por el gobernador González Zarur, el candidato priísta deberá tener mucho cuidado de no incluir en su discurso el verbo continuar en cualquiera de sus conjugaciones y tiempos. A estas alturas de la contienda, se hace cada vez más claro que el único impedimento para que Marco Mena pueda llegar al 5 de junio con una cómoda ventaja es el voto negativo que concita el marianismo, especialmente en el distrito apizaquense donde el tricolor postuló al hijo del mandatario saliente para una diputación local, sin tener en cuenta el rechazo que el elector tlaxcalteca siempre le ha manifestado hacia todo el que busca el poder… desde el poder mismo. Difícil tarea la que tiene por delante este joven aspirante a político para conseguir que se le juzgue “…por mis actos, no por los de mi papá…”. Mas a pesar de deslindarse de manera tan tajante de la obra de su progenitor, se antoja complicado que la gente olvide que se llama Mariano… y que se apellida González. En ese orden de ideas, es riesgoso para la campaña de Marco Mena asociarla a la de González Aguirre; la presencia de ambos en los mismos eventos proselitistas reactivaría la tesis de que su candidatura se condicionó a un compromiso de subordinación. Cuestión de que el mando priísta se lo piense bien; podría ponerse en peligro lo más… por lo menos.
Lorena Cuéllar
El caso de Lorena Cuéllar es distinto. El anterior encuentro reveló sus limitaciones como oradora, su incapacidad para improvisar, y su propensión a quedarse paralizada sin saber qué decir. Y si a ese fracaso se añaden las revelaciones que la prensa hizo la pasada semana respecto de las falsedades que contiene la declaración patrimonial que presentó a la consideración de la sociedad tlaxcalteca, era lógico suponer que su participación en el segundo debate sería leída y se orientaría a desempeñar el papel de víctima de una guerra sucia que sólo en su imaginación existe. Con tamaños boquetes abiertos en la línea de flotación de su candidatura, es posible que lo visto haga reconsiderar a los grupos políticos -en especial al orticismo- la conveniencia de sumarse a una causa que se tambalea, causa a la que por cierto bien poco ha contribuido Jesús Ortega, sedicente coordinador de campaña cuya participación se ha limitado al uso repetitivo de lugares comunes, expresados sin mayor convicción desde la comodidad de un restaurante capitalino. El entorno político de Lorena Cuéllar lo complementa la pareja de Dolores Padierna y su esposo, el tristemente célebre Rene Bejarano, dirigentes de Izquierda Democrática Nacional y primeros patrocinadores de la candidatura de la senadora con licencia a la gubernatura de Tlaxcala.
Adriana Dávila
La que supo conservar sin demérito su perfil aguerrido fue Adriana Dávila. Mostró poseer un buen conocimiento de la forma como funciona la interrelación con el gobierno federal. Su instinto de polemista parlamentaria le aconsejó aprovechar la oportunidad para deshacerse de Lorena Cuéllar, su enconada rival política. Esperó el momento de lanzarse sobre los flancos vulnerables de la abanderada del PRD y, cuando finalmente lo hizo, la acabó exhibiendo inmisericordemente. El discurso de Adriana, empero, sigue adoleciendo en general de excesiva celeridad, dando la impresión de estar en permanente disputa con el tiempo que se le asigna a los debatientes. Quizá debió abarcar menos temas y centrarse sólo en los importantes, explicándolos con menos prisa y mayor detalle. Mas ese es su carácter, extremadamente dinámico y disperso, habitualmente distante del orden con que debiera presentarse una propuesta electoral. Adriana da además la sensación de estar falta de acompañamiento y de depender sólo de sí misma. Quizá sea esa la factura que le pasa el panismo tlaxcalteca al que desplazó, y que políticamente es más cercano que ella al grupo que dirige los intereses nacionales del PAN.
Martha Palafox
Martha Palafox no creo que, en su fuero interno, aspire a ganar la gubernatura tlaxcalteca. Su apuesta -pienso yo- está orientada a proporcionarle a López Obrador una estructura electoral funcional para cuando haga campaña por la presidencia de la República en el 2018. Y tal como van las cosas en el país, no hay ninguna duda de que volverá a ser un contendiente a tener muy en cuenta. Si se diera el caso de un eventual triunfo del tabasqueño, tanto la señora Palafox como sus principales colaboradores -entre los que destaca el experimentado profesor Joel Molina Ramírez, probable candidato a una diputación federal o a una senaduría- tendrían un lugar en el equipo de gobierno de Andrés Manuel. En este segundo y último debate, el papel de doña Martha se asemejó al del primero como una gota de agua a otra, pues tras enumerar las deficiencias que según su apreciación dejará sin resolver la administración de González Zarur en materia de salud y seguridad, se abocó a exponer las premisas básicas del morenismo, leyéndolas sin emoción, sin añadirle ningún acento personal, y sin prestar atención al reloj de la moderadora Maite Noriega la que -dicho sea de paso- sentó cátedra de cómo se deben conducir este tipo de encuentros.
Mi conjetura particular
Advierto, amigo lector, que lo que sigue es una especulación personal de este escribidor. No podría ser de otra manera, pues sin haberse publicado aún la última serie de encuestas profesionales que nos aproxime más exactamente a lo que serán los números finales de la elección del 5 de junio, todo lo que se diga o escriba no pasa de ser, como digo, una mera conjetura. La mía es esta, y deriva sólo de mi percepción, y de lo observado en anteriores comicios. Después del segundo debate y tras mes y medio de campañas, estando ya a sólo veinte días de la cita en las urnas, el nivel de conocimiento de la gente respecto de los candidatos punteros tiene que estar a punto de emparejarse. De ser así, y de mantenerse la tendencia de crecimiento que me parece lógica respecto de la aceptación entre los votantes de Marco Mena, Adriana Dávila y Lorena Cuéllar, estimo que el priísta puede ya estar entre dos o tres puntos por encima de la panista, y por lo menos cuatro sobre la perredista, a la que veo relegada a un cada vez más lejano tercer lugar.
ANTENA NACIONAL
Socios en la impunidad y la corrupción
El atorón legislativo en que se halla ese complejo conjunto de disposiciones -Sistema Nacional Anticorrupción- con los que se busca combatir impunidad y corrupción, esos dos componentes del actuar de la clase política mexicana, ese atorón, repito, ha venido a demostrarnos que no hay diferencias entre tricolores, azules, amarillos, turquesas, naranjas, morados y demás colores del espectro partidista de nuestro país cuando de proteger la red de complicidades en la que todos están inmiscuidos. En boca de los representantes del pueblo se escuchan fogosas peroratas contra las raterías y los abusos que ellos mismos perpetran, mas después de desahogar su hipócrita furia discursiva, a la hora de votar las leyes encaminadas a poner fin a las bribonerías, siempre tienen a la mano pretextos tendientes a dejar en el limbo esas iniciativas que emanan de la sociedad a la que ofenden.
De espaldas a la ciudadanía
John Kerry, secretario de Estado de los Estados Unidos y ex Fiscal General de la nación vecina, publicó en el USA Today este pasado 12 de mayo un artículo sobre Corrupción e seguridad que, un día después, reprodujo el Grupo Reforma. De ese texto extraigo para usted, estimado lector, los siguientes conceptos: “…los gobiernos han sido poco prudentes al hacer caso omiso de las crecientes preocupaciones de sus ciudadanos acerca de la corrupción…”. Si bien el comentario no tiene una dedicatoria expresa hacia México, lo cierto es que encaja perfectamente con la experiencia por la que actualmente estamos atravesando. Y para redondear la dicha semejanza, Kerry sostiene que “…ningún esfuerzo para poner fin a la corrupción tendrá éxito si no existe la voluntad política para ello…”.