OPINIÓN

El próximo domingo, la ciudadanía decidirá en las urnas si todavía le deja algún espacio a la esperanza

Tiempos de Democracia

Domingo, Mayo 29, 2016

Razones presentes y pretéritas del tlaxcalteca para aspirar a ser autoridad política en sus comunidades

Tlaxcala, y la tercera parte del país, en consulta con su gente para redefinir el rumbo futuro de México

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El órgano electoral local y la representación del INE en Tlaxcala, ante un desafío que ojalá no los rebase

 Como es natural, el interés de los tlaxcaltecas estará centrado en la cita electoral a la que se nos ha convocado este próximo domingo. No obstante sus limitaciones presupuestales y pese a ser la más pequeña de las treinta y una entidades de la Federación, en Tlaxcala hay una vinculación particularmente estrecha entre sus ciudadanos y los gobiernos de sus tres niveles (estatal, municipal y comunitario). En relación con sus pobladores, es muy elevada la proporción que guarda su número con el de la gente que depende de la economía que genera el sector público, y más en específico, con los puestos de trabajo que abultan las nóminas del sector público. Las raíces remotas de este fenómeno pudieran hallarse en las canonjías que el reino de España otorgó a los tlaxcaltecas, aliados que fueron de sus soldados en la conquista. Añádase que el nuestro es un estado que aún no puede ofrecer a sus ciudadanos suficientes oportunidades de emplearse en la formalidad, y nos explicaremos entonces porqué para tantos personas es vital tener acceso a algún cargo o a alguna prebenda gubernamental. Esas son, si no las únicas, sí las más importantes causas que mueven a más de doce mil ciudadanos a disputarse con denuedo el derecho a manejar y distribuir los recursos del erario en los próximos años.

Variedad de opciones

  Hay, por supuesto, otros intereses más complejos en juego. Me refiero, claro, a los políticos. Al igual que todos los precedentes, estos comicios definirán el futuro de mucha gente… y de muchos grupos. La pluralidad, la modernización de la legislación electoral y la consecuente alternancia en el poder, le abrieron espacios a políticos variopintos, dejando en la banca a quienes los habían acaparado por décadas. Pero eso fue ayer, y es pasado; el hecho es que, hoy por hoy, ya han transitado amarillos, azules y tricolores por el gobierno del estado y por la mayoría de las alcaldías y las presidencias de comunidad. Esa experiencia le permitió a la sociedad conocer y valorar a políticos provenientes de todas las tonalidades cromáticas que en la actualidad nos ofrece la muy diversificada paleta de colores partidistas.   

Trascendencia del 2016

   En el ámbito nacional, la atención está puesta en las elecciones de los estados cuyo peso político y económico es mayor y que, por lógica, incidirán en el posicionamiento de los partidos y de los potenciales candidatos a las candidaturas del 2018. Para mejor entender la trascendencia que en conjunto tendrán los resultados que arrojen las urnas en este cercanísimo 5 de junio, conviene tener en cuenta los datos siguientes: en la jornada del domingo van a participar casi 30 millones de electores, lo que equivale a alrededor del 35% del total de los mexicanos con derecho al voto registrados por el INE en todo el país. Ese ejército ciudadano elegirá en trece estados, a 12 gobernadores, 965 alcaldes y 388 diputaciones locales. Debe saberse también que, de esos 12 ejecutivos estatales en disputa, el PRI es titular en 9 (Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas), y que la coalición que formaron hace seis años el PAN y el PRD lo es en los otros 3 (Oaxaca, Puebla y Sinaloa).        

 Intereses mayores en juego

 En la categoría de líderes partidarios hay por lo menos tres con pretensiones de ser candidatos presidenciales que, para bien o para mal, podrían ver alterados sus proyectos a causa de estas elecciones. Uno de ellos es Manlio Fabio Beltrones, responsable de la conducción del partido en el poder, comprometido para retener por lo menos las nueve gubernaturas que actualmente están en manos del tricolor. Otro político inmiscuido en el proceso del 2018 es Andrés Manuel López Obrador, que tendrá que respaldar con suficientes votos en este 2016 las expectativas de la candidatura presidencial de Morena que tiene hace tiempo en la bolsa. Por último, Ricardo Anaya, presidente nacional del PAN, está urgido de demostrar que las determinaciones que tomó en materia de candidaturas, y de las coaliciones que acordó con el PRD, fueron acertadas, y que la de su partido es -como repite desde hace meses- la mejor opción para México.

Pronósticos ajustados

 En contra de la meta que se fijó el sonorense Beltrones, y en oposición también de los candidatos que buscan suceder a sus correligionarios en el mando de sus estados, obran los siguientes factores: 1) el bajísimo aprecio que los mexicanos tienen por el presidente de la República, el priísta Enrique Peña Nieto y, 2) las calificaciones en general reprobatorias que han merecido a la ciudadanía el trabajo de los gobernadores tricolores en funciones. Lo anterior no es una apreciación personal, sino la transcripción fiel de lo que, con ligeras variantes, han venido constatando de manera consistente las empresas encuestadoras en los últimos meses. En esos factores ha de buscarse el porqué del peligro de naufragar que arrostra el cálculo previo de Manlio Fabio. Y en esas mismas razones radica -pienso yo- la causa por la que la victoria que yo pronostiqué holgada de Marco Mena en Tlaxcala pudiera finalmente registrar un margen menor al que originalmente esperaba. Si ocurriera tal circunstancia, crecerá el riesgo de que la oposición se embarque en un proceso litigioso en calles y tribunales que eventualmente complicaría el inicio del nuevo gobierno.

Difícil examen para árbitros y jueces electorales

   Tanto el órgano electoral local como la representación del INE en Tlaxcala jugarán un papel central los días que siguen. La ley les fijó las responsabilidades que tocan a cada uno, y más nos vale a todos que las hayan entendido bien y que las desempeñen con la imparcialidad y eficiencia que de ellos se espera. El reto no es menor y lo tienen que asumir solidariamente, entendiendo que sólo de esa manera saldrán avantes del compromiso que aceptaron al jurar sus cargos. Lo anterior no obsta para dejar de advertir que la tarea de árbitros y jueces creció exponencialmente en complicación, debido a la puntillosa nueva normatividad electoral, y también -imposible ignorarlo- al clima de rijosidad con que los partidos han venido envenenando la contienda las últimas semanas. Por su bien, y por el de Tlaxcala, deseo fervientemente que los organismos electorales a cargo sean capaces de entregarnos buenas cuentas.

Apuntes sobre algunas elecciones de interés

  Por la alcaldía de la ciudad capital compiten dos mujeres. De un lado, Anabel Ávalos Zempoalteca, una priísta de amplia ejecutoria que se ha sobrepuesto a tropiezos y deslealtades, y que se distinguió siempre por su entrega al servicio, su honestidad, su dinamismo, y su tenacidad para cumplir las metas a que se compromete con la gente. De otro lado, Alejandra Ramírez Ortiz, punta de lanza del clan orticista para, junto con la UAT, completar la pinza con la que pretenden ejercer su influencia en el centro neurálgico del estado. En Apizaco disputan la presidencia municipal, por el PRI, Javier Rivera Bonilla, un comerciante fundador de una extensa y muy exitosa cadena de tiendas de alimentos, y por el PAN, Julio César Hernández Mejía, miembro del consorcio camionero ATAH, ex diputado local y ex síndico en la administración de Orlando Santacruz. En ambas funciones se le involucró en los impugnados manejos de aquel mal recordado alcalde. Entre ellos dos, Rivera o Hernández, saldrá el próximo alcalde apizaquense. En Huamantla ahora sí no parece que ninguna irregularidad va a impedir que Alfonso Sánchez Manzanilla, registrado por el PRD, cumpla su anhelo de llegar a la presidencia municipal de la ciudad del muégano. Y para concluir quiero referirme a una competencia que, por obvias razones, ha despertado expectación. Es la entablada por la diputación del distrito de Apizaco entre el abanderado del PRI, Mariano González Aguirre, hijo del gobernador en funciones, y el popular matador de toros Rafael Ortega, que ahora contiende por el PRD. Muchos serán los ojos que seguirán con atención esta elección, a cuyo resultado se le darán sin duda múltiples interpretaciones.

 

Para la Primera Plana

 

La complejidad de la tarea de árbitros y jueces electorales creció exponencialmente debido a la puntillosa nueva normatividad y al clima de rijosidad con que los partidos han venido envenenando la contienda las últimas semanas. Por su bien, y por el de Tlaxcala, es de desearse que los organismos a cargo sean capaces de entregar buenas cuentas a la ciudadanía

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