Los enclaves de poder tradicionalmente alineados con el presidente están empezando a romper filas
Hay excepciones: las fuerzas armadas y los medios de comunicación, estos con sus más y sus menos
La férrea disciplina que dio vida al presidencialismo muestra por doquier cuarteaduras de importancia
Algo está dejando de funcionar en nuestro singular sistema político. En las bases mismas sobre las que descansa el envejecido presidencialismo mexicano se advierte un grave deterioro, anuncio anticipado de una crisis que -con alternancia en el 2018 o sin ella- haría ineludible la renovación de las instituciones del estado y los modos de hacer política. Repare usted, amigo lector, que de mediados del siglo pasado a nuestros días, la Iglesia, las cúpulas de la clase empresarial, las legislaturas al completo y, por supuesto, el partido en el poder, se alineaban todos con el Primer Mandatario. Los raros desencuentros que se daban con esos enclaves se resolvían sin que la sangre llegara al río, y sin que sus problemáticas permearan hacia una ciudadanía que habitualmente permanecía indiferente. Sin embargo, las tersas concertaciones de aquel tiempo están empezando a mutar en desencuentros de aspereza creciente, sin que bien a bien sepamos adonde conducirá esa incipiente rebeldía de quienes, hasta hace poco, habían hecho de la incondicionalidad al presidente de la República un dogma inconmovible.
Altibajos con la jerarquía católica
Aquellos entendimientos se basaban en pactos que, a la postre, arrojaban beneficios para las partes. Salinas, por ejemplo, ganó en 1988 la legitimidad que los votos le habían negado gracias, entre otras cosas, a que a su toma de protesta acudieran los dignatarios de la Iglesia mexicana. A cambio, les ofreció dar los primeros pasos para normalizar las relaciones diplomáticas con el Vaticano, asunto este que finalmente se concretó cinco años después, en 1993. Salinas atenuó además las restricciones impuestas por el Estado a antiguas aspiraciones caras a la Iglesia, como el voto de los prelados y el permiso formal para que organizaciones clericales regentearan instituciones escolares en todos los niveles de la enseñanza. Enterrado en el pasado quedó el recuerdo sangriento de la guerra cristera, y las tensiones que por décadas habían subsistido entre Estado e Iglesia.
Altibajos con la clase pudiente
Con la clase empresarial los desajustes han sido frecuentes y algunos de ellos álgidos. Quizá el más delicado fue el asesinato del líder del Grupo Monterrey, Eugenio Garza Sada, un regiomontano de 82 años, católico, conservador y exitoso empresario, cabeza de un movimiento ideológico de ultraderecha enfrentado con las políticas del presidente Luis Echevarría. Garza Sada perdió la vida al defenderse de un intento de secuestro perpetrado por la Liga Comunista 23 de septiembre. No obstante que la voz popular lo había hecho responsable intelectual de la muerte del magnate, Echeverría tuvo la osadía de hacer acto de presencia en el sepelio, donde le espetaron un discurso que abiertamente culpabilizaba a su gobierno. Aunque aquella herida, abierta en septiembre de 1973, tardó en cerrar los tres años que restaban a su sexenio, al final se restauró la concordia entre las partes, merced a la intermediación de Juan Sánchez Navarro, el más conspicuo representante de las organizaciones empresariales de la época.
Altibajos con la clase política
El cisma que, ese sí, hizo tambalear al longevo sistema creado por Calles en 1929, provino, sin embargo, del interior del propio PRI, cuya función principal era ser instrumento político del Presidente de la República, y espacio donde se procesaban y resolvían las tensiones internas. Me refiero a la salida del partido de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1987, trascendente escisión que cambió los equilibrios políticos del país y lo encauzó por una vía democrática desconocida hasta entonces. Aquel movimiento que lamentablemente acabó disperso y pervertido en su esencia, mostró sin embargo a la nación un camino distinto al de la subordinación cuasi militar a la voluntad presidencial por el que la clase política estaba obligada a marchar si aspiraba a trepar a los niveles superiores del poder.
Con la Iglesia hemos topado…
Hacer el repaso de algunos de esos desajustes acaecidos en el pasado no tendría sentido si no se los enlaza con el acontecer actual. Empecemos por el proceder de la jerarquía eclesiástica, que hoy ya no toca con el comedimiento y sigilo de antaño las puertas de los despachos donde antes negociaba sus diferencias; no, amigo lector, ahora hace saber abierta y públicamente su inconformidad, presionando al presidente y desentendiéndose de la disposición constitucional que prohíbe a los sacerdotes “…oponerse a las leyes del país y a sus instituciones…”, ya sea “…en reuniones públicas, en actos de culto o en publicaciones religiosas...” El despropósito del alto clero lo ha llevado a descalificar a Enrique Peña Nieto, presidente que es de una república laica que respeta los derechos humanos y la diversidad sexual, y que es ajena a esa intolerancia que, en pleno siglo XXI, lleva a la Iglesia a instar a sus fieles a que combatan las leyes que reconocen el matrimonio igualitario, la libertad de la mujer a decidir sobre su cuerpo, y el derecho de todo mayor de edad a poseer -y fumar si en gana le viene- hasta 28 gramos de marihuana. Pero mas raro aun es el insólito hecho de que la diputación priísta haya criticado y mutilado… ¡las iniciativas del presidente!
Y con los empresarios y la ciudadanía también…
El varapalo que los votantes asestaron al PRI en los recientes comicios tendría que haber convencido al tricolor -y a toda la partidocracia- del generalizado rechazo que genera la impunidad y la corrupción. Pese a la contundencia del mensaje emitido en las urnas por el electorado, senadores y diputados no sólo dejaron irreconocible en sus respectivas cámaras la iniciativa ciudadana de la Ley 3 de 3, sino que, a manera de venganza, le añadieron un artículo por el cual se obliga a los particulares que perciban ingresos provenientes del erario, a hacer pública su declaración patrimonial, fiscal y de intereses. La disposición no mira si dichos ingresos derivan de un contrato de obra, del suministro de un bien, de la prestación de un servicio o, incluso, de una beca estudiantil; absurdamente equipararon las obligaciones de transparencia que toca cumplir a quienes manejan directa o indirectamente recursos del pueblo -funcionarios de cualquier nivel, candidatos a puestos de representación popular, legisladores, etc.- con personas del sector privado que están sujetas a otro tipo de preceptiva fiscal. La medida, además de ser inaplicable, tuvo de inmediato dos efectos: 1) exacerbó la animadversión contra el gobierno y los políticos y, 2) puso en pie de guerra a los empresarios que, en evento absolutamente inédito expresaron su encendida protesta… ¡en el Ángel de la Independencia!
Panorama
Ante una Iglesia en rebeldía, una clase empresarial con el cuchillo entre los dientes, un cuerpo legislativo indócil, una ciudadanía ofendida y encabronada, una economía entrampada, y una violencia que no mengua, el panorama para el sistema -y para el gobierno- no es precisamente halagüeño. El escenario podría complicarse aún más si consideramos que, al otro lado de la frontera norte, un rubio esquizoide se hizo de la candidatura republicana, y que, aquí en México, la insurgencia magisterial aumenta sus desmanes sin que las fórmulas ensayadas para controlarlos hayan podido demostrar su eficacia.
ANTENA NACIONAL
La amiguita de El Chapo
Ya desaforaron a esa joven diputada sinaloense que en a fin del año pasado acató la petición de ir a calmar los ardores sexuales de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Acabará en la cárcel la pobre chamaca por el delito de usar una identificación de dudosa autenticidad. En tanto, los socios y cómplices del narcotraficante, los que propiciaron la construcción de su imperio criminal y su evasión de la cárcel de “alta seguridad” del Altiplano -antes Almoloya-, esos siguen disfrutando tranquilos de la inmunidad que les da su poder y sus riquezas. Así va el país.
ANTENA ESTATAL
Nuevo gobernador y nuevo obispo
Enterada está la ciudadanía del nombre del que será nuestro próximo gobernador. En tanto, la feligresía católica tlaxcalteca tendrá que esperar semanas y tal vez meses en conocer el de su nuevo obispo. La conducción de los asuntos civiles en el estado -por voluntad del pueblo expresada en las urnas- será, a partir de enero, responsabilidad de Marco Mena, pero del dignatario que se ocupará de los asuntos religiosos en la diócesis sólo sabremos hasta que lo tenga a bien nombrar, desde Roma, el papa Francisco. Mas sea quien fuere el beneficiario de la designación, convendrá que desde el inicio de sus funciones reconozca los límites que la constitución establece para el desempeño de sus funciones. Si así lo hiciere, es seguro que la relación entre ambos líderes discurrirá con la normalidad deseable.
Para la Primera Plana:
Algo está dejando de funcionar en nuestro singular sistema político. En las bases mismas sobre las que descansa el envejecido presidencialismo mexicano se advierte un grave deterioro, anuncio anticipado de una crisis que -con alternancia en el 2018 o sin ella- haría ineludible la renovación de las instituciones del estado y de los modos de hacer política.