Su magistral discurso de dimisión lo posiciona como el candidato lógico a suceder a Peña Nieto
Los conceptos del sonorense, recuento preciso de los males que aquejan al sistema político mexicano
Delincuencia, violencia y reforma educativa, hondo pozo del que no saldrán ni Osorio Chong ni Nuño
Sólo si hacemos a un lado los términos diplomáticos de modosa urbanidad con los que Manlio Fabio Beltrones ornamentó su discurso de renuncia a la dirigencia nacional del PRI, sólo así, repito, podremos concentrarnos en analizar la esencia de su impecable arenga política. Las palabras pronunciadas por el sonorense son, a mi juicio, la más puntual, acerba y, al mismo tiempo, equilibrada crítica que se haya hecho -desde la cúpula de su propio partido- a un presidente de la República, a los miembros de su gabinete, a los mandatarios estatales y, en su conjunto, al sistema todo. La antológica pieza de Beltrones merece valorarse como una obra maestra de la oratoria política. ¿O de qué otra manera puede calificarse un texto que, no sólo lo deja limpio de toda culpa por la humillación sufrida en la reciente elección por el priísmo que lideraba, sino que además -inesperada y paradójicamente- lo ratifica como la mejor y más apta carta de la baraja tricolor para la candidatura presidencial del 2018?
El don de la intuición política
Tras la experiencia del 5 de junio pasado, Beltrones no sólo no pierde la posibilidad de ser una de las bazas con que Peña Nieto jugará su sucesión, sino que además se yergue como una alternativa natural al peñanietismo. A quienes ya lo veían escribiendo sus memorias, les advirtió que su “…vocación es la política y [..que..] seguiré en ella…”. El recordatorio es oportuno, pues lo hace justo en el momento en que el presidente se mesa los cabellos buscando quien podría atemperar los destemplados reclamos de los maestros disidentes, de los clérigos ofendidos, de los empresarios indignados, de los priístas rebeldes y, en general, de los ciudadanos presos de ese mal humor social que él tuvo a bien definir, y que los tiene encabritados porque no les basta “…enterarse que vamos bien, sino que quieren sentirse bien…”. Mientras Peña Nieto no encuentra solución a los problemas que sus asesores y colaboradores de confianza le generan, el disciplinado e institucional Beltrones le explica, con aterciopelado tono, que “…los electores mandaron un mensaje [..de repudio..] a [..sus..] políticas equivocadas y a [..los..] políticos que incurrieron en excesos porque no tuvieron conductas transparentes…”. Y por si lo anterior no fuera suficiente, añadió: “…es urgente y prioritario que se refuerce la rendición de cuentas de los servidores públicos, legisladores y gobernantes que emanan de las filas del PRI…”. Beltrones no culpa a nadie… pero desnuda a todos, incluido el propio primer mandatario.
A tomar nota…
Ante la inminencia de que el techo se le viniera encima a causa de la sangrienta refriega que mantuviera en Nochixtlán la policía federal con simpatizantes de la disidencia magisterial, Osorio Chong se vio obligado a abrir las puertas de la secretaría a su cargo para dar paso al diálogo con la CNTE…, sin condicionamientos previos y sin Nuño en la mesa de acuerdos. Y ahora permítame, amigo lector, que enlace este asunto que no da tregua al presidente con la lección que impartió el profesor Beltrones. Es momento, afirmó el veterano político, “…de entender y atender a lo básico. Es necesaria una transformación a fondo para servir mejor a la gente y conectarnos más con la ciudadanía, tanto en sus causas y aspiraciones como en el rechazo hacia políticas públicas con las que no coincide…”. Su hiriente pero terriblemente exacta prédica no se limitó a dar a los no avezados en el arte de la alta política un recetario para corregir errores; ya encarrerado, remató su cátedra al sentenciar que: “…lo que está en juego no es la numeralia electoral; lo que está en juego es -ni más ni menos- que el proyecto de Nación para el Siglo XXI…”.Por último, perorando cual candidato presidencial en campaña, se pronunció por “…un nuevo sistema político que permita alcanzar mayorías estables que den a México gobernabilidad y estabilidad…”. Se trata -señaló enfático- de “…dejar atrás los gobiernos divididos y pasar a los compartidos, con coaliciones gobernantes que se hagan cargo del ejercicio del poder…”.
Diagnóstico de escritorio
Diagnosticar las causas del rezago de México nunca ha sido difícil. Las opiniones coinciden en que, en tanto no se eleve la bajísima calidad de la educación que se imparte a la niñez, será imposible abandonar los estadios de pobreza y miseria que se sufren en muchas de sus regiones. Las mediciones que hacen organismos nacionales e internacionales del aprovechamiento de los niños mexicanos en todos los grados de la enseñanza patentizan, de forma más que diáfana, ese retraso, y nos llevan a concluir que, si los infantes en edad escolar no aprenden, es porque sus mentores no les enseñan; y si no les enseñan, es porque no están capacitados para hacerlo. Sonaba pues razonable que el reformador gobierno de Peña Nieto tratara de enmendar las equivocaciones de sus predecesores, empezando por comprobar si los maestros en funciones están o no capacitados para ejercer como tales. Se pensaba que, al término de un proceso de evaluación, sería factible retirar de las aulas a quienes no lo estuvieran, sin despedirlos ni privarles de su salario, respetando sus derechos laborales y dándoles además la oportunidad de mejorar sus conocimientos por medio de cursos de preparación. Más aún: a quienes después de tres evaluaciones sucesivas no dieran la talla exigida para continuar en la tarea pedagógica, se les reubicaría en áreas administrativas del sector educativo. El cálculo era que, abriendo espacios a profesores preparados, se conseguiría elevar paulatinamente el nivel educativo de niños y adolescentes del país.
El atorón de la Reforma
Inicialmente se tuvo la impresión de que el plan del gobierno iba por la ruta correcta. Confiado en ello y pensando en la sucesión, el presidente puso en manos de su delfín Aurelio Nuño -un joven tecnócrata a quien se atribuye la paternidad de la reforma educativa- la responsabilidad de llevar a buen puerto el más significativo logro de su sexenio. Las primeras fases del programa avanzaron sin contratiempos en la mayoría de las entidades federativas; sin embargo, en otras de mayor complejidad étnica y social, las resistencias fueron crecientes, al extremo que de pacíficas pasaron a ser airadas y, en no pocas ocasiones, llegaron a adquirir proporciones vandálicas. El punto es que, en la secretaría de Educación nadie parecía advertir que esas regiones marginales y depauperadas exigían una readecuación en los tiempos y en los modos de la aplicación de la reforma. Para mejor comprender la enorme complicación de este asunto, remito a usted, amable lector, al espléndido artículo que al respecto publicó José Antonio Álvarez Lima el pasado viernes en El Sol de Tlaxcala. El caso es que a Peña Nieto se halló de pronto ante una encrucijada con sólo dos salidas: una mala y otra peor. O cortaba de tajo las expresiones violentas de protesta que estaban afectando gravemente el orden y la tranquilidad en muchas comunidades del país -incluyendo la capital de la República, harta de plantones, marchas y bloqueos-, o accedía a abrir una mesa de negociación con los liderazgos inconformes. A instancias de Nuño, y para evitar que se interpretara como un signo de debilidad de su gobierno negociar con los docentes insubordinados, el presidente optó por no ceder ante las presiones de la CNTE y se decantó por oponer, a la violencia de los alzados, la violencia del Estado. A la vista están los desastrosos saldos de esa decisión: más de un centenar de heridos y una decena de muertos por los disparos de cuerpos policíacos federales, carentes de criterio para usar su capacidad represora de forma proporcional a las fuerzas a que se enfrentan. A final de cuentas, ya lo sabe usted, el gobierno acabó doblegado y parlamentando con los reclamantes en la Secretaría de Gobernación.
Apunte final
Si Peña Nieto recompone su equipo de trabajo, de momento no contará con Beltrones. El experimentado político avisó en su discurso de renuncia que le “…toca hacer una pausa necesaria…”, pausa que -pienso yo- la hará tan larga como tiempo le lleve al presidente convencerse que ni Osorio Chong ni Nuño podrán salvar a su gobierno del hoyo negro que amenaza con engullirlo.
ANTENA INTERNACIONAL
La paz en Colombia
El más antiguo conflicto armado que subsistía en el continente americano ha tocado a su fin, por virtud del cese de las hostilidades pactado entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC. Trátase del paso previo a la firma del acuerdo de paz definitivo que dará a ese hermano país la tranquilidad perdida tras cuarenta años de guerra civil. Bien por el presidente Santos que supo resistir la presión política que ejercieron sus adversarios a lo largo de los cuatro años que duraron las conversaciones en Cuba. ¡En hora buena, amigos colombianos!
Para la Primera Plana:
Si Peña Nieto recompone su equipo de trabajo, de momento no contará con Manlio Fabio Beltrones. El experimentado político avisó en su discurso de renuncia que le “…toca hacer una pausa necesaria…”, pausa que -pienso yo- la hará tan larga como tiempo le lleve al presidente convencerse que ni Osorio Chong ni Nuño podrán salvar a su gobierno del hoyo negro que amenaza con engullirlo.