Blindar su gobierno de indeseables intromisiones caciquiles, tarea prioritaria de Marco Antonio Mena
Honor inmerecido, conceder la presea Miguel Guridi y Alcocer al ex gobernador Tulio Hernández Gómez
Imposible aceptar la coartada de Agustín Carstens para justificar su deserción en momentos críticos
Tres son, a mi parecer, las etapas por las que habrá de atravesar la labor de Marco Antonio Mena Rodríguez al frente del Ejecutivo Estatal de Tlaxcala. La primera de ellas, que por fortuna está a punto de concluir, se prolongó por casi siete meses, lapso inacabable e incómodo durante el cual hubo de compartir el larguísimo impasse con un gobernador en funciones dedicado intensivamente al autoelogio, y a difundir una narrativa de la entidad tlaxcalteca bastante apartada de la realidad. Pero aunque no se diga, la pobreza sigue ahí, intacta, inamovible. Y la precariedad salarial. Y el trabajo informal, rubro en el que somos vice campeones nacionales. Y la criminalidad, que continua creciendo y asustando a la población. Y la trata de personas, vergüenza que nos denigra y que no ha cedido un ápice de los espacios en los que medra. Con prudencia y discreción, Marco Antonio ha evitado externar opiniones que pudieran generar divergencias prematuras, eludiendo inteligentemente las insinuaciones que le invitan a seguir por el camino que le marca su antecesor. Sin embargo, y no obstante que durante este periodo ha reducido al máximo su activismo político, los medios de comunicación ya han tenido ocasión de constatar que su estilo personal es atento y educado, opuesto a crear climas de rijosidad con quienes le habrán de acompañar informativamente a lo largo de su mandato. Y ahora, para acabar de llevar la fiesta en paz, a Marco Antonio sólo le resta guardar las formas protocolarias en la ceremonia de transición del poder para, acto seguido, dejar atrás el pasado y posar de inmediato toda su atención en el futuro de la entidad.
Emancipación indispensable
El 1º de enero arrancará la fase a la que identifico como segunda de su mandato, que se extenderá hasta la terminación de la LVII Legislatura, cuyos miembros jurarán sus cargos el día previo. Los diputados que la integran, como sabemos, estarán en funciones escasos veinte meses; en ese tiempo, que juzgo de importancia crucial, el nuevo gobernador se verá limitado -y ojalá que no obstruido- por los alfiles que, no sólo en el Congreso sino también en las delegaciones federales, colocó estratégicamente el mandatario saliente. La opinión de Marco Antonio apenas si se tomó en cuenta, tanto siendo ya gobernador electo para la elaboración del presupuesto del 2017 que a él le tocará ejercer, como cuando candidato para las nominaciones de su partido a las diputaciones y a las alcaldías. En rigor, iniciará su gestión sin gente de su confianza en prácticamente ninguno de los niveles de gobierno, excepto, claro, en su grupo más cercano de colaboradores, en cuya designación sí podrá hacer valer plenamente su autonomía. La opinión pública sabe que será en ese momento, al comienzo formal de su administración, cuando se pondrá a prueba la capacidad y carácter del nuevo gobernador para irse desembarazando de los elementos que no sigan puntual y fielmente sus disposiciones ejecutivas.
Esperanza renovada
Del resultado que se obtenga en esa compleja tarea de limpiar de indeseables el panorama político de la entidad va a depender que Marco Antonio, liberado por completo de inhibitorias tutorías de inspiración caciquil, despliegue a plenitud el conocimiento y la preparación que su curriculum académico y profesional acredita en los tres años que durará la tercera y última parte de su gestión al frente del gobierno de Tlaxcala. Me refiero en concreto a la implementación exitosa de las políticas públicas que seguramente están ya plasmadas en su Plan Estatal de Desarrollo, y que las podrá convertir en realidad a poco que las circunstancias externas e internas del país y del estado lo permitan. El desprestigio que pesa sobre la clase política estatal y nacional requiere, no sólo de una necesaria renovación generacional, sino sobre todo de una revaloración profunda de los valores éticos en la conducta de las personas elegidas para hacerse cargo de las responsabilidades del Estado. No se trata sólo de un cambio de caras, nombres y estilos, sino de mentalidades, metas y propósitos, orientados sin desvíos hacia un único fin: el bien común. Sólo así volveremos a creer.
ANTENA ESTATAL
Tulio Hernández
El mandatario aún en funciones Mariano González Zarur galardonó el miércoles pasado al ex gobernador Tulio Hernández Gómez con la presea instituida en memoria de Miguel Guridi y Alcocer. Cabe señalar que la referida medalla se otorga en reconocimiento a todos aquellos artistas, intelectuales y científicos sociales que han dedicado sus investigaciones a recuperar la vida y obra del político, filósofo, teólogo y poeta tlaxcalteca. Alguna vez mi buen amigo Willebaldo Herrera -destacado literato y actual director del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura- recordó que “…Guridi y Alcocer representa para Tlaxcala y para su historia la belleza del pensamiento y, sobre todo, un reclamo de justicia social e igualdad para los desheredados…”, y precisó que la que lleva el nombre del lustre jurista es la máxima presea de carácter político, cultural y jurídico que se concede en la entidad.
Honor inmerecido
En atención a lo anterior, y en uso de mi derecho a opinar con libertad, digo y afirmo que no hallo en la persona premiada -así se trate de un ex gobernador- los méritos necesarios para hacerla objeto de semejante honor. Y es que, aparte de la muy opinable calidad de su gestión al frente del más alto cargo del estado, Tulio se atrevió a aseverar a una periodista -muy leída en aquel tiempo- que “…a los tlaxcaltecas se les gobierna con pulque y saliva…”. La frase -jamás desmentida por su autor- cobró notoriedad y, para nuestra vergüenza se difundió ampliamente en los medios de la época. La despectiva expresión contradijo los esfuerzos que su antecesor don Emilio Sánchez Piedras había metódicamente hecho para librarnos del estigma de la leyenda negra, y vino a sumarse a aquella otra insultante definición que de Tlaxcala hiciera Jesús Reyes Heroles, al describirla como una “…tierra de toros bravos y de hombres mansos…”.
¿Orgullo para Tlaxcala?
Decidor habitual de sentencias salpimentadas con palabras altisonantes, Tulio es también responsable de la frase “…tanta democracia nos rompió la madre…”, ingeniosa y descriptiva si se quiere, pero que pone al descubierto un fondo retrógrado innegable, y ubica a su creador como opositor al derecho a decidir que tanto esfuerzo costó conquistar. Tulio es, en fin, un personaje que tuvo alguna nombradía en México, aunque la alcanzó más por el festival de frivolidades en que convirtió su mandato que a su labor al frente de los destinos políticos de su estado. Para el gobernador González Zarur, sin embargo, su folklórico amigo es “…un referente de dedicación, imaginación, gestión, esfuerzo y orgullo para Tlaxcala…” y, en esa virtud, tuvo a bien condecorarlo con la medalla que honra la memoria de Guridi y Alcocer… y hasta lo parangonó con aquel prócer tlaxcalteca.
ANTENA NACIONAL
La renuncia de Carstens
Ante la gravedad de la situación por la que atravesaba el país, el pasado lunes 8 de agosto me aventuré a conjeturar en este espacio que el presidente del Banco de México guardaba “…un silencio que podría estar presagiando su futura renuncia, a fin -supuse en aquel entonces- de marcar distancias entre él y la política económica del régimen…”. Ese pronóstico de hace cuatro meses finalmente lo hizo bueno Agustín Carstens, aunque su dimisión ocurrirá hasta el 30 de junio de 2017, a efecto de permitir “…una transición ordenada...”. Y en cuanto al efecto negativo que su anuncio tuvo de inmediato sobre la moneda y la bolsa de valores, se limitó a decir que “…es exagerado pensar que el movimiento cambiario sea por su decisión, pues el mercado sabe que si bien es él quien da la cara, las decisiones no dependen solamente de él…”.
¿Aviso de desalojo?
La coartada de Carstens para justificar su deserción en estos circunstancias críticas que vive la economía del país no hace sino confirmar la razón de mi vaticinio. El reconocido economista explicó que se irá, no porque existan diferencias con la política hacendaria del gobierno de Peña Nieto, sino porque convino a su interés particular aceptar la Gerencia General del Banco de Pagos Internacional (BIS, por sus siglas en inglés), una institución con sede en Basilea cuya función es promover la estabilidad monetaria y financiera global. Aparte de que son precisamente esos los problemas que hoy acosan a México, aún se recuerda que, apenas en el 2011, Carstens compitió por el cargo de director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), una institución que, hasta donde me da el entendimiento, es de mayor entidad que el BIS. En aquella ocasión, el hoy renunciante al Banco de México se quedó en la orilla al obtener menos adhesiones que su adversaria, la abogada y política francesa Christine Lagarde, mandamás actual del FMI.
Para la Primera Plana
No obstante que Marco Mena redujo prudentemente al máximo su activismo político durante el prolongado periodo que medió entre la declaratoria de gobernador electo y su inminente toma de posesión, los representantes de los medios de comunicación ya han podido constatar que el estilo personal del futuro gobernador es sereno, atento y educado, opuesto totalmente a generar climas de rijosidad con quienes le habrán de acompañar informativamente a lo largo de su mandato.