La industria turística, inerme ante el embate de los cárteles criminales que asuelan el territorio nacional
No obstante que dispuso de todos los recursos del gobierno federal, Osorio Chong no pudo con el cargo
Las manifestaciones contra Trump ignoraron dónde está el real epicentro del malestar de los mexicanos
Con su habitual clarividencia, Álvarez Lima nos avisa que está en riesgo la salud de la última gallina ponedora de “huevos de oro” de México que parecía estar libre de enfermedad. De los trabajos periodísticos del ex gobernador tlaxcalteca se desprende que el turismo es el único ejemplar de nuestra menguada población aviar que todavía observa una prosperidad ascendente. Esa afortunada circunstancia hace que la llamada industria sin chimeneas sea, hoy por hoy, el único puntal capaz de impedir que se venga abajo la frágil economía nacional, quebrantada al punto del colapso por la oleada de ataques contra México desatada por Donald Trump. Y sólo podrá seguir produciendo riqueza y trabajo si las agencias de seguridad del gobierno federal aciertan a proteger las condiciones que el turismo precisa para su florecimiento.
De capa caída
Para seguir con la metáfora del presidente Peña Nieto, hay que admitir que a las mejores aves de nuestra granja -las remesas y el petróleo- se las mira tristes y arrinconadas. De un lado, las remesas en dólares de los trabajadores migrantes están amenazadas por una peligrosa bacteria de la hasta hace poco desconocida cepa Trump, virulenta variante aparecida en Estados Unidos para la que aún no hay un antibiótico eficaz. Y de otro, la alguna vez próspera industria petrolera -dejada por décadas de la mano de Dios- tuvo que ser internada en una sala de terapia intensiva para intentar aliviarla de una crisis que tiene todos los visos de ser terminal.
Violencia en enclaves turísticos
El llamado de atención de Álvarez Lima se basa en la irracional violencia que hace frecuente acto de presencia en los lugares más emblemáticos, bellos y turísticamente mejor desarrollados que tiene México para ofrecer a sus visitantes nacionales e internacionales. Las más recientes incursiones de las bandas criminales han ocurrido en Cancún y en Playa del Carmen, así como en Puerto Escondido, Mazatlán y San José del Cabo, y no menciono a Acapulco y Zihuatanejo porque esos dos paradisíacos puertos guerrerenses son, desde hace tiempo, espacios por los que campea a sus anchas la delincuencia. No entro en detalle de los homicidios cometidos porque la intención de este artículo no es hacer su recuento -la nota roja cumple esa función- sino poner de relieve el estrepitoso fracaso de las operaciones de seguridad desplegadas por el gobierno de Peña Nieto para que México pudiera volver a ser el país pacífico y tranquilo que en campaña nos prometió el mexiquense.
Osorio Chong, el gran derrotado
No hay duda que quien debe rendir cuentas por el estado desastroso de la seguridad en la Nación que gobierna es el presidente de la República. Su culpa principal radica en haber sostenido al político al que encomendó la responsabilidad operativa de la lucha contra el crimen. Me refiero obviamente a Miguel Ángel Osorio Chong, titular de Gobernación, una secretaría de Estado que concentró bajo su mando a todos los órganos de inteligencia, vigilancia, prevención y seguridad del gobierno federal. No obstante los pésimos resultados ofrecidos por el hidalguense, Peña Nieto aceptó sus cifras engañosas y no se decidió a despedirlo, ni siquiera en ocasión del ridículo que le hizo vivir ante el mundo con motivo de la fuga de Joaquín Guzmán Loera. Pero los datos duros están ahí y prueban que, en materia de inseguridad, estamos igual o peor que en el fatídico sexenio de Felipe Calderón.
Nada detiene al crimen
Luego de cuatro fatigosos años en los que se nos endilgaron cientos de admoniciones y discursos en inútiles ceremonias, prevalece una única verdad: Osorio Chong, el encargado de la seguridad nacional, no ha sabido o no ha podido articular una corporación policíaca eficaz para enfrentar de manera inteligente y coordinada los embates del crimen. Soldados, marinos y policías federales van de un lado a otro sin más plan que intentar enfriar las cambiantes zonas que a su arbitrio y conveniencia van calentando las mafias criminales en distintas zonas del país. Y hallá van las fuerzas del orden, saltando de mata en mata tras una víbora de mil cabezas para cuyo veneno no hay más antídoto eficaz que la legalización de las drogas. Y aquí me detengo para reconocer que, pese a la evidente perversidad de sus palabras, a Trump no le falta razón al culpar al gobierno de Peña Nieto de no haber resuelto la problemática de la delincuencia en México.
Mafias y corrupción contra el turismo
Agotada pues la esperanza de que en lo que queda de sexenio pueda mejorar la situación del país, sería cuando menos exigible que se proteja con eficacia a la última gallina ponedora de huevos de oro que queda en nuestro diezmado corral. Ojalá que se comprenda que la inversión en una industria tan productiva como la turística, especialmente dependiente de la paz y la tranquilidad de su entorno, se paralizaría sin remedio sino se la blinda contra la violencia y el crimen. Cabe añadir que algo también habría que hacer para erradicar la corrupción que por razón natural se acentúa hasta extremos inverosímiles en las zonas que son propicias para el desarrollo de las multimillonarias instalaciones que requiere el turismo.
ANTENA NACIONAL
Irritación mal encauzada
La sociedad atraviesa por momentos de justificada indignación a causa de la persecución de que están siendo víctimas los trabajadores indocumentados en territorio estadounidense. Se pensó que era tanta la irritación que alcanzó que hasta se planeó llevar al cabo dos manifestaciones multitudinarias en repudio a Donald Trump, en las que se conminaría a los asistentes a cantar el himno nacional al pie del simbólico Monumento a la Independencia. Está por verse, empero, si esas expresiones de protesta -que por cierto congregaron mucha menos gente de la esperada-, además de servirnos de desahogo y de darnos la oportunidad de identificarnos como mexicanos y estrecharnos fraternalmente las manos, está por verse, repito, si en efecto tales gestos de unidad servirán para que el mandatario del poderoso país vecino modifique su hostil actitud contra México y los mexicanos.
Exigencias cuya solución está en México
Lo ocurrido ayer me mueve a preguntar si las muy protagónicas convocantes de las marchas, María Amparo Casar e Isabel Miranda de Wallace, exhibirían el mismo solidario entusiasmo para llamarnos a participar en manifestaciones de reclamo a las autoridades de este país -no las del vecino- por, por ejemplo, no tratar de forma digna a los migrantes centroamericanos que pasan por México hacia Estados Unidos, trayecto durante el cual son víctimas bárbaras vejaciones. O por no brindar protección a las familias que habitan en regiones en que el crimen organizado hace las veces de gobierno, cobra impuestos y ajusticia a quienes no se someten a sus dictados. O por no prestar apoyo a las miles de personas que emigran a otras tierras, dejando atrás hogares, recuerdos y tradiciones. O por no saber siquiera cual era el nombre que llevaron en vida los cien mil muertos que se han contado en la fallida guerra contra el narco. Esas demandas, y otras como la inseguridad, la corrupción, la impunidad y la desigualdad, dichas en voz muy alta por millones de mexicanos, no tendrían que viajar miles de kilómetros para llegar a la Casa Blanca; el receptor de esas exigencias está mucho más cerca. Vive y despacha en Los Pinos.
ANTENA ESTATAL
Don Héctor
Ahora le tocó a Héctor Ortiz pisar la misma cáscara en la que resbaló la pasada semana Mariano González Aguirre. El ex gobernador tlaxcalteca y hoy diputado local ignoró la petición del presidente de la Comisión de Finanzas y Fiscalización de la que como vocal forma parte, instándolo a excusarse de participar en la discusión y análisis de la cuenta pública que atañe a la Universidad Autónoma de Tlaxcala de la que fue rector. Su argumento fue que, en la actualidad, no mantiene relación laboral con la dicha casa de estudios. Debo decir que no tengo motivo ninguno para no dar crédito a su dicho, pero sí lo tengo en cambio para seguir creyendo que, en esa institución educativa, no se mueve la hoja de un árbol si don Héctor -como lo llaman sus adeptos- no lo autoriza. Difícil de entender que con tanto camino recorrido, un político al que le sobra experiencia pretenda hacernos comulgar con ruedas de molino. Cosas veredes, Sancho amigo.
Para la Primera Plana
Luego de cuatro fatigosos años en los que nos endilgaron cientos de admoniciones y discursos en inútiles ceremonias, prevalece una única verdad: Miguel Ángel Osorio Chong, el encargado de la seguridad nacional, no ha sabido o no ha podido articular una corporación policíaca eficaz para enfrentar de manera inteligente y coordinada los embates del crimen.