Del discurso oficialista de la democracia a la oscuridad de las prácticas para retener el poder a costa de lo que sea, ese es el escenario en el que se producirán las elecciones en el Estado de México, el próximo 4 de junio.
Y he querido referirme a ese Estado en particular, porque es de donde proviene el hoy Presidente de la República Enrique Peña Nieto, con todo y sus políticas que no han convencido a nadie. Los vientos del cambio se encuentran en un horizonte cercano y todos estaremos pendientes de ello.
No hay un solo aspecto o tema de la administración federal, en donde no se puedan observar los terribles resultados de las acciones gubernamentales: políticas sociales, seguridad, educación, salud, energía, áreas rurales, forestales y pesqueras, etcétera, que tienen hundidas a una gran parte de la población de México en situaciones de pobreza creciente y en niveles de vida social, política y económica, cada vez más deterioradas.
Es del dominio público lo que está sucediendo, porque la gente lo vive y lo sufre cotidianamente en su hogar, en la calle, en las escuelas, en las oficinas, en el trabajo; haciendo un señalamiento singular sobre la inseguridad propiciada por el crimen organizado y la ineficiencia del gobierno para combatirlo, que ha penetrado de tal forma a la sociedad que ya ningún lugar se encuentra a salvo de ella.
En el Edomex, se sintetiza la problemática nacional, pero sobresalen los temas de pobreza, inseguridad y feminicidios, donde ocupan los nada dignos primeros lugares.
Ante esta deplorable realidad, la respuesta del gobierno ante la población no lo constituye el trabajo eficiente y honesto, no; la respuesta es el uso de la dádiva a través de supuestas tarjetas de apoyos sociales, la despensa, los vales para adquirir bienes de la canasta básica a menor precio, el uso de programas y recursos federales, la manipulación de los medios informativos, la amenaza, el chantaje, la presión laboral de los empleados del propio gobierno, como moneda de cambio, para conservar a todo costa los “privilegios” del poder.
No importa pervertir a otros institutos políticos, hay una gran simulación y complicidad en algunos de los contrincantes con el poder con los cuales ya demostraron que son capaces de alinearse, no solo para ganar elecciones, también para aprobar leyes y para hacerse de un pedacito del pastel que les comparten.
No el poder para servir a la gente, sino el poder para beneficio personal y grupal de quienes se sirven del mismo. Ayer mismo escuchaba a una de las principales contendientes a la gubernatura del Estado de México, su queja de que el árbitro electoral, en complicidad con la administración estatal, ha evitado difundir de manera generalizada en todo el territorio mexiquense algo que debería hacerse básicamente en cualquier proceso, la fecha de la votación; pocos anuncios, poca difusión, letra chiquita, a lo que le están apostando obviamente es a la abstención y dejar que solo vaya a las urnas, su pomposo “voto duro”.
Pero estoy convencido de que sí existe un hartazgo en la población que es probable se vea reflejado en las urnas el próximo 4 de junio en el Estado de México. Los ciudadanos, así lo espero, saldrán a votar en contra de un sistema y un partido, que ha sembrado y ha permitido que se institucionalice una cultura de corrupción e impunidad, en donde el pueblo es el menos culpable.
Lo que suceda en las próximas elecciones del Estado de México, podría resultar muy sintomático con miras a las elecciones presidenciales del 2018, o se respeta la voluntad ciudadana o una vez más el fraude ante la quietud y la pasividad ciudadana.