El abuso indiscriminado de recursos públicos para inducir el voto ciudadano, ha alcanzado niveles muy altos de perversión; el uso del dinero es el medio para obtener objetivos electorales, es una adicción del poder en dónde lo que menos importa es el trabajo por beneficiar a los más desprotegidos, a los millones de pobres que habitan el territorio nacional.
Miércoles, Julio 26, 2017
Y la autoridad electoral, el INE, durmiendo el sueño de los justos, nada altera su tranquilidad, duerme sin ningún cargo de conciencia, no hay elección que la perturbe; sueña que es una institución con una vida ética y moral que es incólume porque no hay denuncia en su contra o expresión que la altere, que la haga tambalear; es a prueba de declaraciones contrarias y de inconformidades de propios y extraños. Justos son consejeros, fiscalizador y presidente, como los Santos del antiguo testamento.
Para el INE, el Estado de México y Coahuila, han sido procesos electorales “normales” con el uso de tarjetas, dádivas, despensas, programas sociales, recursos económicos de procedencia que nadie conoce y si los conocen se hacen que no lo saben, en donde el partido oficial a cielo abierto viola la ley, la usa a conveniencia, informó de sus gastos como y cuando quiso. La palabra “fraude”, solo existe en la mente de los eternamente inconformes.
El Señor Presidente del INE, declara con gran atrevimiento, que en el siguiente proceso del 18, ahora sí van a diseñar los controles para no más abusos que cometen los partidos políticos con tal de ganar, que le van a hacer la tarea al legislativo que dejó mucho que desear con las leyes que redactó; no más tarjetas, no más uso de programas sociales; el titular de la institución piensa que es dueño de la verdad absoluta y de ninguna manera serán irresponsables; no dejarán sus puestos, se los pida quién se los pida.
No va a renunciar el Señor Córdova ni sus consejeras y consejeros, ni nadie del INE, porque pondrían en riesgo el proceso ya iniciado donde elegiremos Presidente de la República el próximo año; por su cabeza no pasa la intolerancia, son rectos, honestos, aceptan que la credibilidad del instituto está minada, pero si dimitieran serían causantes de la inestabilidad del país, porque “de ello depende la paz pública y estamos conscientes de esa enorme responsabilidad del mandato constitucional que nos tiene en nuestros cargos”, declaró este lunes Don Córdova Vianello.
Soberbio el papel que se atribuyen los integrantes del INE, piensan que son el principio y final de la democracia; desde la comodidad de sus oficinas y con el depósito quincenal de sus “modestos” salarios, prestaciones y estímulos, ignoran salomónicamente lo más importante, la voluntad ciudadana para elegir a sus gobernantes. Lo que siempre se les ha exigido es que sean imparciales y honestos en sus resoluciones y que organicen elecciones sin sesgos. Y si les señalan que lo son todo menos independientes y alejados de la mano que mece la cuna del poder, entonces se autoproclaman defensores de la libertad de expresión y paladines de la estabilidad nacional.
Ven una Nación diferente a la que vemos la mayoría, podría haber mil explicaciones a lo que realmente está sucediendo, pero el voto libre del ciudadano es lo que no se está respetando, hay una marcada ambición por el poder y perversidad en los procesos electorales para manipular el sufragio en beneficio de un solo grupo. Lo repito, algo tenemos que hacer como sociedad para cambiar esta penosa realidad, y no es un asunto de creer o rezar para que ésta cambie, porque sencillamente no es una cuestión de fe.
Porque si fuera de esa manera, todos los días habría que tener fe en que el grupo gobernante ahora sí se pondrá a trabajar, en que dejarán de corromperse y no habrá impunidad, en que no utilizarán el poder para el beneficio de unos cuántos, que dejarán de legislar para luego repartirse por cuotas lo que debería ser ciudadano, que no mentirán; tengamos fe en que combatirán a la delincuencia con eficiencia; que ya no habrá tantos mexicanos muertos ni desaparecidos, que no utilizarán los programas sociales con fines electorales; que ya no espiarán; que dejaremos atrás pobreza y marginación, porque en la mente de nuestros gobernantes y sus acciones, está primero el pueblo.
No, no es cuestión de fe.