OPINIÓN

Les Dolió La Fuerza De Antorcha

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Martes, Abril 28, 2026

Hay presencias que pesan más por lo que provocan que por lo que significan, y la de Alfonso Sánchez García en el 35 aniversario del Movimiento Antorchista no solo llenó un espacio en la Plaza de Toros, llenó de ruido a quienes, curiosamente, hoy se rasgan las vestiduras.

Lo que realmente quedó al descubierto no fue una supuesta traición ideológica como lo gritan en las redes sociales, sino una incomodidad política, esa que surge cuando un actor comienza a tejer respaldos donde otros ya no pueden, cuando una estructura empieza a moverse mientras otras se quedan ancladas en el mismo discurso de siempre. La presencia de Alfonso Sánchez García en la “Ranchero Aguilar” incomodó y mucho a sus adversarios, pero no por un tema de principios, sino por algo más concreto, saben que el Movimiento Antorchista es una estructura grande, organizada y con capacidad real de movilización.

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Se acusa que acercarse a una organización como el Movimiento Antorchista es cruzar líneas, pero se omite convenientemente que se trata de una organización política de izquierda, con presencia territorial y capacidad de movilización, no hay herejía en dialogar con sectores organizados.

Lo que sí resulta llamativo es la selectividad de la memoria, ¿de verdad sorprende la cercanía con actores distintos o lo que molesta es quién lo está haciendo? Porque en la política tlaxcalteca abundan los ejemplos de quienes hoy critican y ayer construyeron sus propias rutas de ascenso de la mano de figuras provenientes de otras corrientes, aliados que, por cierto, no eran precisamente recién llegados ni desconocidos en el mapa partidista, ahí el ejemplo de Ana Lilia Rivera y José Antonio Álvarez Lima.

A veces la crítica no es más que resentimiento, ahí aparecen contradicciones que muchos preferirían mantener fuera del debate, cercanías con ex priistas, amistades políticas que migraron del PAN (pregúntenle a Minerva Hernández Ramos), pero ahora, bajo otra circunstancia, parecen imperdonables.

No se trata de defender a ultranza ni de idealizar decisiones políticas, se trata de poner las cosas en su justa dimensión, porque lo ocurrido no evidencia una crisis de principios como alardean, sino un reacomodo de fuerzas, eso, inevitablemente, genera nerviosismo. Al final, la política no se mide solo por el discurso más cercano al pueblo, sino por capacidad de articulación, cuando esa capacidad empieza a notarse, las reacciones suelen ser proporcionales, críticas más estridentes, señalamientos más duros y una necesidad urgente de descalificar lo que no se puede contener.

El problema no es la foto de una plaza de toros a reventar y un invitado especial con chamarra guinda, el problema es lo que esa imagen representa, porque mientras unos siguen intentando justificar por qué no avanza su propia estructura, otros ya están varios pasos adelante.

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