Con afecto para Coral Ávila.
Con esta reflexión cierro esta semana un tríptico en el que he puesto a la Comisión de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de Tlaxcala (CAIPTlax) en el centro del mismo.
El título me lo ha motivado la lectura del libro de Alejandro Encinas Nájera, que se presentó ayer jueves 1 de agosto en el Patio Vitral del Congreso del Estado. Lo he leído de un jalón buscando en él ayuda para explicar y explicarme lo que muchos, desafortunadamente la mayoría con ligereza, han llamado “crisis” del órgano garante del Derecho de Acceso a la Información Pública (DAIP) y el de la Protección de los Datos Personales (PDP) en Tlaxcala, que presido este año.
Hasta donde percibo la principal imputación al respecto de la supuesta crisis de la CAIPTlax, es que las diferencias entre los Comisionados que integramos el Consejo General, han deteriorado su “imagen”. Amén de considerar, me ha dicho un amigo vía twiter, que si no ilegal sí es antiético un bono de compensación que percibimos tanto los actuales como los anteriores comisionados.
Pero lo que realmente me interesa es, no tanto rebatir o debatir las apreciaciones anteriores, sino contextualizar con la ayuda del texto de Encinas, este desafecto o desafección como se conceptualiza teóricamente ahí, de ciudadanos críticos destacados en la academia y los medios de comunicación, que por lo menos en el papel se entiende tienen la ventaja de estar informados del acontecer político es decir de lo público.
En una muy ilustrativa y puntual revisión de lo último que en la ciencia política se debate sobre los Desafíos de las democracias contemporáneas: desfases y nuevas realidades (como se titula el libro), el autor alerta en la tercera y última parte del texto sobre, que lo que se está produciendo es una desafección democrática que puede dramáticamente desbordarse en una actitud antipolítica.
Y es aquí donde me parece que podemos vincular el planteamiento teórico con lo que de la CAIPTlax se dice.
Tal desafección o descontento se manifiesta según lo recopilado por Encinas en una “insatisfacción ciudadana con las instituciones públicas y con los actores a cargo de estas”. Identificando que “Dicho malestar es sin duda uno de los rasgos de las democracias contemporáneas…” Y que podemos percibir como una caída en la confianza en las instituciones políticas en general.
Desafección que, recupera Encinas de autores como Dalton, Inglehart y Welzel, se puede explicar a partir de un “aumento en los recursos cognitivos de los individuos (que) ha implicado que se enarbolen posturas críticas y desafiantes hacia las instituciones públicas.”
Como tal, es decir como institución pública, como organismo autónomo la CAIPTlax indudablemente no escapa a esta dinámica actual en nuestra incipiente democracia. Pero ello más que ser visto como algo negativo, puede verse como lo contrario si en un momento dado estos individuos críticos y hasta escépticos, como parte del fenómeno de la desafección democrática puedan convertirse en “motor de la democratización”.
Pero, enfatiza Encinas sin actitudes alarmantes, apoyado en Pippa Norris que “puede llegar la hora en que la desilusión no sea hacia las instituciones democráticas existentes, sino hacia la democracia como ideal.” Y aquí si se me permite quiero destacar que Sartori define a la democracia como ideal, en cuanto que “la democracia como es (en la realidad) no es la democracia como debería ser...” Se cuestionaría entonces con tal desafección democrática el “ideal generalizado de progresiva mayor igualdad.” (Elementos de teoría política, 1999. pp.30 y 31).
Por eso es que independientemente de la razón o no que tienen aquellos que cuestionan el trabajo de la CAIPTlax en general y sus actuales comisionados en particular (cosa que particularmente acepto debatir con seriedad intelectual cuando hay esta) el contexto es más importante. Disculparan ustedes el lugar común pero hay que atender un poco más el bosque que uno o unos árboles.
Hay que hacerlo así porque si no seríamos atraídos lamentablemente por el “magnetismo” del discurso de la antipolítica. Nos convertiríamos como dice Encinas en “ciudadanos irritados y activistas radicales” propensos a la “retórica esencialmente hostil” y la “naturaleza simplificadora” de fenómenos arto complejos. Principalmente la política (entendida en el sentido Savateriano de que es el conjunto de razones para obedecer y el conjunto de razones para rebelarse) que dice el autor “aparece ahora fragmentada, deconstruida y opaca”.
Dejo pues esta reflexión aquí invitándolos a leer el libro completo de Alejandro Encinas Nájera que pueden bajar desde su blog: http://lanetafisica.blogspot.mx/ o directamente en este link: https://docs.google.com/file/d/0B5KLUJnNvY4UTlZ3WFlXaU40Znc/edit?pli=1
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