Viernes, Septiembre 6, 2013
Pocas veces recordamos que el Senado como parte del Poder Legislativo de nuestro país es donde se encuentran representadas las entidades federativas, es decir el pacto federal. En contraparte de que en la Cámara de diputados federal estamos representadas las personas.
Y todos deberíamos de saber que ambas asambleas son las que mediante un proceso legislativo crean leyes o incluso modifican la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Reformas constitucionales se le llama comúnmente.
En ese orden primigenio de ideas es que nos preguntamos, ahora que la llamada reforma constitucional en materia de transparencia ha regresado a la cámara de origen, luego de pasar por la cámara de diputados; cuánto más de transparencia estarán decidiendo los senadores que haya en México los próximos años.
Aunque probablemente alguien pudiera considerar irrelevante o hasta ociosa nuestra pregunta pensamos que no es así, principalmente si tomamos en cuenta que en la cámara de diputados hubo verdaderos intentos por promover incluso retrocesos. Afortunadamente no fue así y dichas intentonas que habrían sido aprobadas en Comisiones finalmente fueron derrotadas en el Pleno. Claro, no hay que olvidar, pese a los argumentos de quienes no lo consideran grave, que el hecho de que la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República podría eventualmente interponer inconformidades ante las resoluciones del IFAI, es indudablemente un resquicio a la opacidad que se podría convertir en boquete.
Y aún ahora no hay que confiar en que las fuerzas políticas pro-opacidad se hayan dado por vencidas. Todos sabemos que en el Senado también tienen presencia e indudablemente que insistirán en sus pretensiones de no permitir más transparencia, acostumbrados como estaban en el Priato de hacer las cosas en lo oscurito.
No dudamos que los optimistas con los resultados en la cámara de diputados puedan llamarnos a la cordura y hasta tildarnos de esquizofrénicos, pero hay que recordar el viejo refrán (claro acomodándolo a nuestra necesidad) de que más vale reforma en mano que promesas volando.
Esperemos que la aprobación definitiva de dicha reforma, se dé pronto en la cámara de senadores. Que no haya dilaciones. Que no le den chance a las voces retardatarias de lanzar sus diatribas apocalípticas de que la transparencia no conviene.
Es más yo diría, aunque se me acuse de radical (calificativo que acepto si es que están diciendo que me gusta ir a la raíz de las cosas) desde todos los ángulos del espectro político, que recuperen la minuta original que aprobaron en diciembre de 2012. La profundidad alcanzada en ella es la que le conviene al país. Y para afirmar eso no necesito considerarme experto en la materia, me basta la cercanía con el tema desde mi rol de Comisionado del órgano garante en Tlaxcala.
He visto, aprendido y hasta discutido los significados que de la transparencia podemos tener en nuestro proceso tortuoso de democratización.
Porque es la incipiente democracia mexicana la que se fortalece cuando se mejora el Derecho de Acceso a la Información Pública (DAIP), la Protección de los Datos Personales y los archivos, como se pretende en la reforma. Porque con la creación de leyes generales en la materia el derecho a saber y el derecho a la privacidad podrán aplicarse sin distingos y en los mismos términos en todo el territorio nacional. Porque estamos hablando de derechos humanos fundamentales tal como los define la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Artículo 19, por cierto les recomiendo esta edición de fácil lectura: http://www.facillectura.es/documentos/Declaracion_Universal_Derechos_Humanos_FL.pdf)
Pero desde luego que la cuestión no es mágica. Se necesita que las personas ejerzan sus derechos, no sólo estos sino todos sus derechos, principalmente los llamados políticos, económicos y sociales. Habría, aunque suene a blasfemia, preguntarse si siquiera los conocemos, ya no tanto si sabemos cómo ejercerlos.
Por lo mientras lo que necesitamos es exigirle, respetuosamente desde luego, a nuestros senadores (de Tlaxcala a Lorena Cuellar, a Martha Palafox y a Adriana Dávila) que por favor piensen un poco en la siguiente generación y no en la siguiente elección y aprueben ya la reforma mencionada al principio.
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