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Viernes, Septiembre 27, 2013
El campesino, aquel que tiene menos de 4 hectáreas ya sea ejidatario o pequeño propietario, que en Tlaxcala según las estadísticas del INEGI son el 13% de la Población Económicamente Activa, pero que con su trabajo mantiene a la quinta parte de la población, es hoy uno de los trabajadores más abandonados por el modelo económico que ha adoptado la clase gobernante; con esta política no sólo se pone en riesgo la situación de la economía de miles de tlaxcaltecas, sino que está en verdadero peligro la soberanía alimentaria del país entero, pues cada vez aparecen más tierras abandonadas, o sembradas sin insumos y dejadas a su suerte cuando ya es antieconómico seguir esperando cosecha alguna.
Y es que el campesino siembra en condiciones desventajosas que le impide competir con su producto en el mercado, por lo que siempre pierde, sobre todo si compite en el mercado mundial, que es la consecuencia de aplicar a tabla rasa el famoso TLC (Tratado de Libre Comercio) que le han impuesto a nuestro país los panegíricos de la globalización; de tal forma que, por ejemplo, los niveles de importación de maíz rebasa ya desde algún tiempo el 50% del grano que consumimos los mexicanos, siendo que nuestra nación, como dijimos en una entrega anterior, es la descubridora y domesticadora del Maíz.
Aquí en Tlaxcala, que su nombre lo indica “tierra de la tortilla o pan de maíz”, tiene un déficit cada día más grave de este grano, que nos obliga a importar cada día mayores cantidades. Hay entre los auténticos “técnicos del campo” la idea de que podríamos ser autosuficientes si cambiara la política que se aplica al campo, si se combatiera la corrupción burocrática que ha enriquecido a los tecnócratas que se encuentran en las oficinas de las dependencias que trabajan con los campesinos, si se evitara tanto papeleo que entorpece una política más efectiva, y si se conociese con mayor profundidad las leyes objetivas de la economía que se aplican a la producción agropecuaria, pero sobre todo si se entendiese la necesidad de aplicar subsidios efectivos y reales a los pequeños productores.
En México han bajado los subsidios del 12.8 a 12.3% respecto a sus ingresos agrícolas según la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) en un estudio que aplicó a 47 países asociados, estando muy por debajo del promedio que es del 17%; pero además, estos subsidios no están equitativamente distribuidos, muy por el contrario, los grandes agricultores se quedan con casi el 80% de estos, siendo que este estrato representa el 37% de los productores, en cambio el 63% solo se queda con el 20%; pero lo más grave es que los subsidios que se destinan al cultivo del maíz han descendido del 43 al 7% del 0,7% del PIB nacional.
Por eso podemos observar aquí en Tlaxcala, como a pesar de haber sido un buen año, a pesar de que hay tierras suficientes, la mayoría están mal sembradas, no fertilizadas y abandonadas. El fertilizante que ofreció la SAGARPA en sus distintos programas entre ellos el PROMAF, fue una verdadera vacilada; la SEFOA hasta donde llegó, fue dar el fertilizante un poco más barato, bajo la creencia de que ya hacían mucho apoyando al campesinado, cuando lo que realmente se necesita es un subsidio total como lo hacen muchos países en el mundo. Lo peor es que hasta esta el apoyo del fertilizante se politizó, muchos partidos y candidatos se hicieron promoción con el fertilizante así varios recibieron mucho y otros nada. Todos los que de alguna manera conocemos desde distintos puntos de vista el problema de los campesinos, vemos como se desperdicia el poco subsidio, que es muy poco, y como están echando a perder la dignidad del campesino corrompiéndolo, sin saber realmente que este barco se hunde, si no hay una fuerza capaz de enderezar el rumbo.
Hoy en el campo han aumentado los niveles de pobreza, basta saber que en la mayoría de los pueblos, cada vez más familias caen en las redes de la usura que se ha desatado ante la falta de recursos de los campesinos; las llamadas financieras rurales hacen su agosto con su economía, pero esta tampoco es la salida; ahí está el ejemplo de varias naciones como España o como Grecia cuya crisis es definitiva.
Y si le agregamos los gasolinazos, el IVA, el aumento del pasaje, el encarecimiento de las cuotas de las escuelas, el aumento del desempleo, etc., ingredientes cada vez más peligrosos que pueden desembocar, como ya se está viendo en todo el País, en movimientos y explosiones de descontento popular ante un gobierno cuyos burócratas, en su mayoría, sólo cumplen “reglas de operación” sin querer entender que esa política no resuelve los problemas más profundos.