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Martes, Noviembre 19, 2013
La prisa que ahora muestran el gobierno de Enrique Peña Nieto y los legisladores del PRI por sacar este año la Reforma Energética y la Reforma Electoral, sin duda se debe a que ya calculan que sus dos principales aliados del PAN y PRD en el Pacto por México difícilmente se mantendrán al frente de sus respectivos partidos en el 2014.
Aunque las posibilidades de reelección de Gustavo Madero Muñoz en la presidencia del CEN de Acción Nacional no son pocas, tampoco son seguras, sobre todo mientras sigan develándose actos de corrupción o de tráfico de influencias de algunos de sus principales colaboradores y adeptos, como el coordinador de la fracción panista en la Cámara de Diputados, Luis Alberto Villareal García.
Madero ya declaró hace unos días que si se decide a participar por un nuevo periodo como dirigente nacional, pedirá licencia una vez que se emita la convocatoria respectiva, con el propósito de ofrecer piso parejo a los demás aspirantes y condiciones de equidad durante el proceso.
La gestión de Gustavo Madero concluye el 4 de diciembre, y entre sus probables contendientes figuran la excandidata presidencial Josefina Vázquez Mota, el senador Ernesto Cordero Arroyo, el exgobernador de Guanajuato Juan Manuel Oliva, y el senador Juan Carlos Romero Hicks.
Esta lista —¿o será tonta?— puede crecer, pero también reducirse a tres candidatos si los yunquistas —como parece— terminan sumándose a Vázquez Mota, extitular de Desarrollo Social y de Educación Pública durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.
En las filas perredistas, el reemplazo de Jesús Zambrano se da como un hecho, así como la modificación de los estatutos de este partido —que se realizaría durante el XV Congreso Nacional que este jueves arrancará en Oaxtepec, Morelos— para permitir la reelección de su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Frente al desgaste que han sufrido “Los Chuchos” en la dirigencia nacional del PRD —que obtuvieron en 2008—, la falta de un líder que aglutine o sume a las diferentes tribus perredistas, y el inminente registro del partido de Andrés Manuel López Obrador, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), la figura de Cuauhtémoc Cárdenas surge como el asidero de las fuerzas izquierdas.
Cuauhtémoc no sólo es percibido dentro del PRD como un dirigente tolerante y de consenso, sino como la única figura que garantizaría que este partido no se desfonde, política ni electoralmente, con la incursión de Morena en la arena comicial.
Si el Pacto por México subsistirá el próximo año, después de que el Congreso de la Unión vote la Reforma Energética y la Reforma Electoral, es algo todavía incierto. De lo que sí estoy seguro es de que el gobierno de Peña Nieto tendrá más complicaciones para sacar adelante sus acuerdos si, en lugar de Gustavo Madero, ahora tiene que negociar con Josefina Vázquez Mota o Ernesto Cordero, o con Cuauhtémoc Cárdenas en vez de Jesús Zambrano.
Los tres mantienen posiciones más duras y críticas. Los panistas quieren pintar su raya, desmarcarse del PRI y aprovechar los agravios del Pacto para reposicionarse con miras a las elecciones intermedias de 2015.
Con Cuauhtémoc Cárdenas el gobierno peñista mantiene mejores relaciones, pero podrían tensarse y hasta fracturarse si el fundador del PRD insiste en impulsar una consulta pública para que sean los ciudadanos, y no sólo los congresistas, quienes aprueben o rechacen la Reforma Energética planteada por el presidente de la República.
De ahí la prisa que hoy muestran los coordinadores del PRI en la Cámara de Diputados y el Senado, así como del gobierno federal, por dictaminar las iniciativas de Reforma Electoral y Reforma Energética, para que queden aprobadas antes de que concluya el año y antes de que los dirigentes del PAN y el PRD sean reemplazados por otros menos sumisos que los actuales.
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